EL PODER DE LAS PALABRAS

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Mediante las palabras se expresa el poder creativo, la intención se pone de manifiesto a través de las palabras, lo que sueñas, lo que sientes y lo que realmente eres, lo muestras por medio de las palabras.  No son sólo sonidos o símbolos escritos, son una fuerza y constituyen el poder que tienes para expresar y comunicar los acontecimientos de tu vida.

 

Las palabras son las herramientas más poderosas que tienes como ser humano, son el instrumento de la magia, pero son como una espada de doble filo; pueden crear el sueño más bello o destruir todo lo que te rodea.  Según las utilices, las palabras te liberarán o te esclavizarán aún más de lo que imaginas.  Toda la magia que posees se basa en tus palabras y si las utilizas mal se convierten en magia negra.  Esta magia es tan poderosa que una sola palabra puede construir o destruir una vida.

 

La mente humana es como un campo fértil en el que continuamente se están plantando semillas; las semillas son opiniones, ideas y conceptos, tú plantas una semilla, un pensamiento, y éste crece.  Las palabras son como semillas y la mente humana es muy fértil, el único problema es que con demasiada frecuencia es fértil para las semillas del miedo.  Todas las mentes humanas son fértiles, pero sólo para la clase de semilla para la que están preparadas, lo importante es descubrir para qué clase de semillas es fértil nuestra mente y prepararla para recibir las semillas del amor.

 

Durante nuestra educación, nuestros padres y hermanos expresaban sus opiniones sobre nosotros “sin pensar” y nosotros creíamos todo lo que nos decían, vivíamos con el miedo que nos provocaban sus opiniones, por ejemplo, nos decían que no sabíamos dibujar y nos quedamos con esa idea toda la vida.

 

Las palabras captan nuestra atención, entran en nuestra mente y cambian por completo, para bien o para mal, nuestras creencias, por ejemplo, había una vez una mujer inteligente y de gran corazón, esta mujer tenía una hija a la que adobaba, una noche llegó a su casa después de un duro día de trabajo, muy cansada, tensa y con un terrible dolor de cabeza, quería paz y tranquilidad, pero su hija saltaba y cantaba alegremente, no estaba consciente de cómo se sentía su madre; estaba en su propio mundo, en su propio sueño.  Cantaba tan fuerte que el dolor de cabeza de su madre empeoraba, hasta que en un momento determinado la madre perdió el control, miró muy enfadada a su hija y le dijo: “¡cállate!  Tienes una voz horrible ¿no puedes estar callada?”  Lo cierto es que en ese momento la tolerancia de la madre frente a cualquier ruido era inexistente; no era que la voz de su hija fuera horrible, pero la hija creyó al pie de la letra lo que le dijo su madre y decidió después de esto no cantar más porque creía que su voz era horrible y que le molestaría a cualquier persona que la oyera, en las escuelas se volvió tímida e incluso hablar con los demás se convirtió en algo muy difícil.  En un momento de desesperación la madre destruyó la autoestima de la hija a la que adoraba.

 

Por eso debemos tener mucho cuidado con lo que decimos y las bromas que hacemos porque las palabras son muy importantes y no se deben decir por decir pues dañan más que los golpes.

 

En conclusión hay que reconocer el valor y la fuerza de la palabra y pensar lo que decimos porque cuando uno cumple lo que dice se gana la confianza y el respeto de sus semejantes.  

 

Elizabeth Ostrosky
Eorlof@aol.com