Un
soneto de amor
“....tienes un rostro de mujer, pintado de la propia mano de la
naturaleza, tú: señor y señora de mi pasión;
un tierno corazón de mujer...unos ojos brillantes que visten
de oro los objetos sobre que se posan; un color de hombre batiendo
a todos los colores, que arranca los ojos de los hombres y cautiva
las almas de las mujeres....Veo en ti imágenes que amaba
y tú -que todas las contienes- me posees todo entero, los
días se me hacen noches mientras no te veo y las noches
días resplandecientes cuando el sueño me muestra
tu imagen, mas cuando asedien tu frente cuarenta inviernos y caven
profundas trincheras, el aliño orgulloso de tu juventud,
no será sino un vestido hecho de jirones, tenido en poca
estima. Así, hermoso y amado adolescente, cuando vuestros
encantos se marchiten vivirás en estos versos, morando
en los ojos de los amantes. La muerte no ha de lograr llevarse
de aquí tu memoria, tu nombre gozará en este mundo
de una vida inmortal, irás contra la muerte y el olvido,
tu monumento serán mis dulces versos, que leerán
ojos aún no engendrados y las lenguas futuras sostendrán
tu ser cuando todos los que respiran en este mundo se hallen muertos.
Perdurarás siempre -tal es el poder de mi pluma- donde
más alienta el aliento, es decir, en los labios de los
hombres.”
William
Shakespeare, 1564-1616
|