Gracias también significa “admitir” porque gracias es una admisión de que estamos en necesidad, de que somos vulnerables, de que no podemos hacerlo solos, algo que no nos gusta conceder.
Odiamos sentirnos obligados, especialmente si el favor otorgado fue significativo, por lo tanto, mientras mayor sea la bondad, mientras más cercana sea nuestra relación, mayor es la renuencia de revelar nuestra debilidad en cuanto a pronunciar un vocablo al parecer insignificante.
Las personas que no tienen ningún problema en decir gracias a un mesero en un restaurante, a una operadora de teléfonos o a un vendedor tienen dificultad para decirles esta misma palabra a los más cercanos y más queridos, porque decirles gracias sería una admisión de necesidad.
Esta incapacidad de expresar gratitud tiene muchas ramificaciones y es quizá una de las razones por las que tanta gente está amargada; las personas que no pueden reconocer la bondad siempre encuentran algo de que quejarse, algo que criticar, hacen que su pareja sea miserable, son padres tiránicos y amigos egoístas, están convencidos de que se merecen todo lo bueno que les está llegando, que tienen derecho a todo en la vida sólo porque están vivos y no importa que tan indulgentes sean, nunca están satisfechos y se la pasan tomando del mundo sin sentir que deben dar algo a cambio.
Por eso, no olvides que la palabra más importante que puedes pronunciar es GRACIAS.



Por: Elizabeth Ostrosky
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