Hospital Universitario “Manuel Ascunce Doménech

Ciudad de Camagüey

CUBA

 

EL  ABUSO  TECNOLÓGICO  EN  LAS  UNIDADES  DE  ATENCIÓN  AL PACIENTE  GRAVE  Y  LA  PRÁCTICA  DE  LA  LIMITACIÓN  DEL ESFUERZO  TERAPÉUTICO

 

Autores: Dr. Gilberto Betancourt Betancourt. *

                Dra. Maria Julia Ceballos Alonso. **

                Dra. Anais Lizandra Pons Rivero. ***

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Fecha de publicación 04/04/08

 

* Especialista de I Grado en Medicina Interna; Especialista de I Grado en Medicina General Integral; Especialista de Segundo Grado en Medicina Intensiva y Emergencias del Adulto. Profesor Instructor.

 

** Especialista de I Grado en Medicina General Integral; Especialista de I Grado en Geriatría. Profesor Instructor.

 

** Especialista de I Grado en Medicina General Integral; Residente de  Medicina Intensiva y Emergencias del Adulto

 

 

Resumen

 

La medicina moderna está estrechamente relacionada con tecnologías nuevas y muy poderosas, que ofrecen posibilidades sin precedentes. En consecuencia, abundan los nuevos problemas morales. La limitación del esfuerzo terapéutico es un tema central de reflexión médica vigente, pues tener las ideas claras al respecto implica tenerlas también con los objetivos de su vocación y con su manera de pensar como hombre de ciencia. Se realiza un estudio del desarrollo alcanzado por la ciencia y la tecnología, a partir de la Revolución Científico Técnica y de su influencia en el campo de la Medicina, como condicionantes que favorecen la aplicación práctica de la limitación del esfuerzo terapéutico en los pacientes críticos y en estadio terminal de su enfermedad, con pronóstico inminente de muerte, ingresados en las Unidades de Cuidados Intensivos y de Emergencia, para la Atención del Paciente Grave.

 

Introducción

 

La práctica de la limitación del esfuerzo terapéutico es un tema novedoso, que está siendo  ampliamente abordado por vez primera a la luz del día, en el momento actual y a nivel mundial. Es solo recientemente que se comienzan a publicar algunos estudios realizados en diferentes países como Alemania, Argentina, Australia, Austria, Bélgica, Canadá, Dinamarca, España, Estados Unidos, Finlandia,  Francia, Grecia,  Holanda,  Inglaterra, Irlanda, Israel, Italia, Portugal,  Suiza, Turquía y Cuba, entre otros, que abordan este polémico y controvertido tema sobre la vida y la muerte, en el cual están involucrados aspectos religiosos, filosóficos, morales, culturales y éticos,  lo cual pone de manifiesto una evidente mayor preocupación y necesidad de reflexión sobre tan importante tema.

 

Es un tema de permanente actualidad, por tratar aspectos muy sensibles,                       muchas veces de difícil solución para el personal involucrado en el proceso de la toma de decisión en relación a la limitación del soporte vital para la vida de los pacientes graves; es uno de los temas que ofrece por tanto más dilemas éticos en los tiempos actuales. Mucho se está discutiendo  a nivel mundial sobre este importantísimo tema; Cuba no ha escapado a ese debate, incluso algunos de los artículos que aparecen en la bibliografía son nacionales.

 

“La Limitación del Esfuerzo Terapéutico (LET) es la decisión mediata sobre la no implementación o la retirada de terapéuticas médicas al anticipar que no conllevarán un beneficio significativo al paciente. No caben dudas de que estamos ante un concepto esencial en la práctica del profesional de la salud” ( 1 ).

 

Daniel Callahan define la limitación del esfuerzo terapéutico de la siguiente forma: “Aceptar el hecho de que una enfermedad no puede controlarse a pesar de haber hecho un esfuerzo para ello y suspender un tratamiento es moralmente tan aceptable como decidir previamente que la enfermedad no puede ser controlada eficazmente y no iniciar medidas de soporte vital…. En el caso de la retirada del respirador, es razonable decir que dado que la vida se mantiene artificialmente y que esta medida es necesaria debido a la existencia de una enfermedad incapacitante, dicha enfermedad es la responsable directa de la muerte del paciente” ( 2 ).

 

Con el desarrollo de la Revolución Científico-Técnica, los hospitales del siglo XX han dejado de ser una institución mal dotada. Su impacto en la medicina se manifestaría en la creación de las Unidades de Terapia Intensiva a fines de la década de los 50, convirtiéndose así en el escenario de los más avanzados desarrollos tecnológicos y como consecuencia en los centros de la atención médica más calificada, dotada de los recursos disponibles más  modernos y sofisticados de la época ( 3 ).

 

El complejo equipamiento técnico de las Unidades de Cuidados Intensivos, dado por la  introducción de los más modernos equipos de monitorización continua de los parámetros vitales, que permiten la vigilancia hemodinámica de los pacientes graves, así como de la vigilancia respiratoria son ejemplos del  gran desarrollo tecnológico y científico  alcanzado en la medicina; constituyendo el sistema básico de vigilancia estrecha y mantenida de las funciones indispensables de los enfermos críticos. Surge de este modo la vigilancia por monitores, favorecida por el notable desarrollo de la electrónica.

 

Por otra parte, la introducción de los equipos de ventilación mecánica artificial, destinados al soporte de la función respiratoria, el surgimiento de los desfibriladores, marcapasos cardíacos y el empleo de nuevas bombas de infusión para la administración de fluidos intravenosos y de potentes medicamentos vasoactivos e inotrópicos que permiten apoyar las funciones indispensables para la vida, logran todos en su conjunto prolongar la vida de los enfermos en estado crítico y terminal.

 

El descubrimiento y aplicación de nuevos conocimientos científicos y técnicos en el terreno de la medicina , especialmente en los temas de resucitación cardiopulmonar, los nuevos avances logrados en los métodos de asistencia respiratoria y el progreso  alcanzado en el conocimiento de la fisiología cardiaca y respiratoria, así como su aplicación para el monitoreo y el tratamiento de situaciones como el infarto agudo del miocardio, cirugía cardiovascular, el estado de choque y los traumatismos y los primeros pasos de la transplantología, fueron peldaños que condujeron a la generalización de una nueva modalidad de atención médica, donde el sostén de las funciones vitales permite intervenir en los procesos de la vida y la muerte ( 4 ).

 

El surgimiento de nuevos y complejos equipos para su empleo en la asistencia médica hospitalaria, establece el dilema de quienes deben beneficiarse principalmente de ellos, para su uso más eficaz. Estas técnicas se emplean muy a menudo en las Unidades de Cuidados Intensivos de una forma excesiva e indiscriminada, violando los principios bioéticos, como el de la autonomía y el derecho a tener una muerte digna cuando este final sea el resultado esperado de la enfermedad subyacente.

 

Las escuelas de medicina desde las primeras décadas del siglo XX, habían comenzado a reformar sus planes de estudios, con el fin de responder a las nuevas exigencias planteadas al profesional de la salud. La complejidad de la moderna medicina hace que sea imposible para una sola persona adquirir competencia en todos sus aspectos. La figura del especialista y las especializaciones son un producto de la modernidad. El médico dejaría paulatinamente de estar a la cabecera del enfermo, en casa de éste, o de trabajar como médico general en la suya propia, para ejercer la función de especialista en la cada vez más tecnificada institución de salud.

 

 

Surge la Medicina Intensiva como especialidad, destinada a la formación de médicos especialistas en la atención al paciente gravemente enfermo, con una preparación académica y práctica muy amplia y sólida. El profesional de la salud convertido en especialista, materializa en su actividad el valor social de la salud, cuando su accionar promueve y fortalece condiciones saludables de vida. Es la persona que posee conocimientos científicos y habilidades que le permiten desempeñar un destacado papel en el mantenimiento de la salud.

 

El cuidado del paciente moribundo conlleva aspectos éticos que los médicos especialistas en Medicina Intensiva y Emergencias, así como el personal de enfermería debe conocer y practicar para que hasta el último momento de su vida, el enfermo reciba la atención que merece por su condición humana y pueda morir con dignidad.

 

Las biotecnologías ejercen una influencia revolucionaria en la solución de los problemas prácticos en la medicina, invaden rápidamente todas las esferas de la salud, ellas sabiamente empleadas en manos de los especialistas,  puestas al servicio de la sociedad y del bienestar del hombre, serán uno de los sólidos pilares para la satisfacción de las crecientes necesidades  humanas en el presente siglo. Gran parte de los problemas  que aquejan al mundo actual, en materia de salud, podrían resolverse fácilmente con la ciencia y la técnica actuales si se pusieran al alcance de todos en sociedades justas.

 

 

DESARROLLO

 

Es innegable que el progreso conocido  hoy en día por la humanidad es resultado de la aplicación de las tecnologías más avanzadas, de base científica que han venido transformando de manera incesante los modos de producir bienes y servicios, en particular desde los tiempos de la Revolución Industrial.

 

 Aún hace pocos años, cuando el corazón dejaba de latir se decía simplemente “el paciente ha muerto”; hoy en día, el paro cardiaco, es solo una situación médica grave que requiere de un tratamiento rápido y específico por un personal entrenado en maniobras de reanimación cardiopulmonar. De la misma manera, el cese de la respiración, era también equivalente a “muerte”; actualmente el fracaso respiratorio puede suplirse mecánicamente, de una manera casi perfecta, mediante el uso de modernos y sofisticados equipos de ventilación mecánica artificial. En sentido similar podemos lograr el soporte artificial de otras funciones orgánicas (renal, equilibrio hidroelectrolítico, etc.), bien mediante aparataje o valiéndose de medicación específica.

 

A lo largo de los años la interacción ciencia - tecnología se ha venido haciendo cada vez más fuerte y cada vez se debe más una a otra. Pero también es cierto que a veces la tecnología va demasiado lejos, el desarrollo tecnológico constituye un hacer que trae consigo siempre significados de corte ético en sus aplicaciones sociales, donde no todo lo técnicamente posible puede ser siempre éticamente justificable, por tanto no todo lo que podemos hacer se debe hacer.

 

De todo esto surgió el axioma de que la medicina es capaz de prolongar la vida hasta límites incompatibles con la propia vida y de hecho es indiscutible, que debido al gran desarrollo científico – tecnológico en el campo de la medicina, se traspasen límites, prolongando en ocasiones, estados irreversibles más allá de la propia razón del ser, violándose los más elementales principios de la Bioética.

La instauración y el mantenimiento de medidas “extraordinarias o desproporcionadas” de soporte vital en sujetos con enfermedades crónicas gravemente discapacitantes o en situaciones con escasa esperanza de vida, es una realidad cada vez más cotidiana en las Unidades de Cuidados Intensivos. Aunque nadie puede poner en duda el balance positivo que ha representado la aplicación de los modernos recursos terapéuticos disponibles, gracias a los importantes avances tecnológicos logrados en el campo de la medicina, no es menos cierto que a veces se transforman en un cruel procedimiento de retrasar la muerte en lugar de prolongar una vida aceptable.

 

Esta situación ha recibido el expresivo nombre de encarnizamiento o ensañamiento terapéutico, el cual es sinónimo de indignidad humana,   logrando solamente prolongar la agonía y el sufrimiento del paciente y de sus familiares, y así es reconocido por múltiples autores en sus trabajos ( 5, 6 ).

El filósofo Hans Jonas acuñó el término “imperativo tecnológico” para acusar la tendencia histórica, y contemporáneamente muy prevalerte entre los científicos, de aplicar toda la capacidad técnica adquirida. Esta compulsión de hacer efectivo todo poder de realización  es ciego a las implicaciones éticas que aparecen ( 7 ).

 

En Medicina Intensiva, no todo lo técnicamente posible resulta beneficioso para el enfermo, y en ocasiones someterlo a determinados procedimientos puede ser  perjudicial, con lo que se están infringiendo los principios de la Bioética. Luego, entonces, no resulta nada raro el hecho de  que hoy, ante la posibilidad de mantener artificialmente la vida se pregunte: ¿Hasta cuándo está moralmente permitido?, ¿Puede considerarse un éxito terapéutico el prolongar durante años la vida de un paciente conectado a un ventilador, sin posibilidades de recuperación?, ¿Es justo que se utilicen los recursos materiales más caros, los recursos humanos más calificados, en la atención de pacientes con estados comatosos irreversibles, mientras otros pacientes, totalmente recuperables, mueren por la falta de trasplante de un órgano vital?

 

Son tales  los avances  científicos tecnológicos de las ciencias de la salud en este siglo, que se puede decir que están contribuyendo a prolongar el proceso de la muerte. Se ha llegado a decir, genéricamente, que con los importantes avances científicos acontecidos en los últimos tiempos en la medicina, es difícil morirse ( 8 ).   

 

Los médicos especialistas en Cuidados Intensivos y en general, todo el personal de salud están orientados de tal manera hacia el paciente que se dedican muchas veces a aplicarle todo tipo de avances, teniendo como criterio supremo la prolongación de la vida, así sea la meramente biológica.

 

“El hospital y en alguna forma, los familiares se hacen cargo de la muerte del paciente. Este ya no muere su muerte. La sufre pero no es dueño de ella. Se la quitaron. Es posible que esto se haga con su complicidad. Sus ansias de vivir lo fuerzan a entregarse en manos de los profesionales de la salud, quienes desde el cirujano hasta el camillero disponen, en lo grande y en lo pequeño, del paciente y de todo su entorno físico y personal” ( 9 ).

 

En la práctica cotidiana de salud se presta muchas veces, más atención al ´´hacer´´  que al ´´ser´´ profesional ( 10 ). “Este último solo ocupa primeros planos en situaciones conflictivas de tipo moral, legal u otras” ( 11 ). Entre las causas de abuso tecnológico están las motivaciones de los médicos, que van desde un noble deseo de ayudar al paciente, hasta la reafirmación del prestigio del facultativo en su entorno académico y hospitalario, también en ocasiones la fascinación o placer de realizar un nuevo procedimiento terapéutico, reconocen varios autores en sus trabajos ( 12, 13 ).

 

El médico se cree todopoderoso dado el conocimiento que tiene y esto refuerza la autoridad ante el paciente, el cual debe subordinarse a él, al igual que asume un papel hegemónico respecto al resto de los trabajadores de la salud ( enfermeras, laboratoristas, estomatólogos ). “Se muere científicamente, vale decir, en hospitales y clínicas, rodeados de hombres y mujeres extraños, de indumentaria blanca, provistos de toda clase de aparatos. Sacan al paciente de su núcleo vital (familia) y religioso (parroquia) y lo internan en una selva blanca, donde mandan los médicos y predominan la ciencia y la tecnología. Y todo esto lo hacen con miras a alejar la muerte y prolongar la vida todo lo que esté al alcance de su ciencia y de las posibilidades tecnológicas de la institución”, describe el Dr. Alfonso Llano Escobar, en su artículo titulado “El morir humano ha cambiado” ( 14 ).

Los procesos de deshumanización presentes en la medicina contemporánea constituyen una amenaza latente contra la cual aún no estamos suficientemente protegidos. Todo ello repercute en la eficiencia de los servicios, limita su incidencia real en la solución de los problemas de salud y genera en ocasiones determinado grado de insatisfacción de los usuarios.

 

Salvar, curar, aliviar y sanar al paciente enfermo han sido las funciones que tradicionalmente, se le han asignado a los médicos; pero hay casos en que todo lo que se haga para cumplir con estos objetivos, solo  ocasiona la prolongación de sus dolores y sufrimientos psicofísicos y existenciales; en tal compleja situación, ¿no será más conveniente limitar el esfuerzo terapéutico en aquellos pacientes críticos, cuya muerte es inminente?. Existen sobradas razones para replantearnos el problema de la legitimidad moral del uso de tratamientos futiles o del enzañamiento o encarnizamiento terapéutico, en las Unidades de Atención al Paciente Grave en las instituciones hospitalarias.

 

Hoy contamos con medios tecnológicos biomédicos más sofisticados tanto para  diagnosticar y  pronosticar  el momento del advenimiento de la muerte, como para  prolongar la vida, más allá de lo que pudiéramos llamar “curso natural de la vida”.

 

“La acelerada y masiva formación de técnicos y profesionales descuidó la educación humanística, en la óptima preparación científico – técnica y con posterioridad, estos mismos profesionales se convirtieron, a su vez, en educadores de nuevas generaciones de estudiantes, a quienes trasmitieron sus conocimientos y habilidades, pero también sus insuficiencias. Este proceso fue analizado de manera magistral por el Dr. Carlos Rafael Rodríguez en un antológico discurso, cuando le fue otorgado el título de Profesor de Mérito de la Universidad de La Habana”

( 15 ).

 

La ciencia y los nuevos avances tecnológicos tienen cada vez más poder y han sido capaces de hacer cosas, que de alguna manera, pueden llegar a condicionar la vida y la muerte de las personas. El médico y la enfermera (como parte integrante del equipo) pueden controlar el momento de la muerte de sus pacientes ya que son los que manejan las técnicas de soporte vital. Ante los problemas bioéticos que ocasiona esta revolución tecnológica, especialmente en medicina intensiva y el poder y el control de los sanitarios sobre la vida y la muerte, creo que uno de los problemas más importantes que se nos plantea como profesionales de la salud, es asegurarnos de que la decisión sobre quién debe vivir y quien debe morir en un Servicio de Cuidados Intensivos, se tome con criterios racionales y éticamente respetuosos a los valores de los enfermos y de los sanitarios.

 

“La investigación, el avance científico y tecnológico, con sus ambivalencias, puede y debe tener un rostro humano. Por grandes que sean las expectativas científicas, mayores lo son las del pensamiento y el corazón del hombre”, afirma la Dra. Gloria María Tomás Garrido, coordinadora del libro titulado  Manual de Bioética ( 16 ).

 

La acción de dejar que la muerte siga su curso natural cuando hay certeza de muerte inminente y el tratamiento es ineficaz y penoso, entraría plenamente dentro de las prácticas reconocidas como éticas, como ha sido señalado por diversos autores conscientes de ello ( 17, 18 ).

 

Recomendaciones

 

Fomentar las discusiones en temas de Bioética, en todas y cada una de las Unidades de Cuidados Intensivos de Atención al Paciente Grave; estimulando a los miembros de la sociedad científica de Medicina Intensiva y también de otras sociedades científicas a desarrollar trabajos de investigación y estudios multicéntricos sobre determinados problemas bioéticos, relacionados con la práctica de la limitación del esfuerzo terapéutico en cada contexto sociocultural.

 

 

 

 

 

 

REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS

 

1-Fernández Fernández R; Baigorri González F; Artigas Raventos A.”Limitación               del Esfuerzo Terapéutico en Cuidados Intensivos. ¿Ha cambiado en el siglo XXI?”.

Revista Electrónica de Medicina Intensiva. Barcelona. España. 2005.

 

2-Callahan Daniel. “What kind of life”. New York: Simon and Shuster De, 1990.

 

3-Pérez Cárdenas Marcelino E; Flores Rodríguez Jorge L; Singh Castillo Carlos; Paredes Rodríguez G. “Etica Médica y Bioética. Perspectiva Filosófica.” En: Lecturas de Filosofía, Salud y Sociedad. Editorial Ciencias Médicas. La Habana Cuba. 2005.

 

4- Domínguez Perera Mario A. “Algunas Consideraciones Bioéticas en el Paciente Crítico”. Revista Electrónica Cubana de Medicina Intensiva y Emergencias. La Habana. Cuba. 2006.

 

5- Cabré Pericas L, Solsona Duran JF. Y Grupo de Trabajo de Bioética de la  SEMICYUC. “Limitación del Esfuerzo Terapéutico en Medicina Intensiva”. Revista Electrónica de Medicina Intensiva. Barcelona. España. 2006.`

 

6- Tarquis Alfonso P. “La Ética del Final de la Vida”. Bioética y Religiones: El Final de la Vida. Dilemas Éticos de la Medicina Actual-13. Universidad Pontificia Comillas.  Editorial Sal Terrea. Madrid. España. 2000.

 

7- Kottow Miguel H. “Bioética frente a Ciencia y Técnica”. Introducción a la Bioética. Colección El Mundo de las Ciencias. Editorial Universitaria. Santiago de Chile. 1995.

 

  8- Martinón Sánchez JM; Martínez Soto I; Martinón Torres F; Rodríguez Núñez A. ”Reflexiones Sobre la Asistencia Clínica al Niño en Coma”. DiIemas Éticos en la Práctica Clínica. Cuadernos de Bioética. Vol IX. No 34, 2ª. 1998.

 

9- Llano Escobar A. “El Morir Humano Ha Cambiado”.Bioética. Boletín de la Oficina Sanitaria Panamericana. Vol. 108. Nos. 5 y 6. 1990.

 

10- Césarman E.” Ser Médico”. Edición de la lectura de ingreso a la Academia de Ciencias Médicas del Instituto Mexicano de Cultura. MA Porrúa. Librero-editor, México. 1991: 53.

 

11- Pérez Cárdenas Marcelino. “Los Paradigmas Médicos: factores de su conservación y cambio”. Lecturas de Filosofía, Salud y Sociedad. Editorial Ciencias Médicas. La Habana. Cuba, 2005.

 

12- Cruz Oñoz Emilia. “La Revolución Científico-Técnica: su impacto en la esfera de la salud”. En: Lecturas de Filosofía, Salud y Sociedad. Editorial Ciencias Médicas. La Habana. Cuba. 2005.

 

13- Prieto Ramírez Doris; Aguirre del Busto Rosa.”La Salud como Valor Social.” En: Lecturas de Filosofía, Salud y Sociedad. Editorial Ciencias Médicas. La Habana. Cuba. 2005.

 

14- Llano Escobar Alfonso. “El morir humano ha cambiado”. En: Bioética. Boletín de la Oficina Sanitaria Panamericana. Washington, DC, EUA. Año 69, Vol. 108, Nos. 5 y 6. Mayo y Junio de 1990. ISSN 0030-0632.

 

15- Ramón Acosta J; Cristina González M. “El Escenario Posmoderno de la Bioética”. Bioética desde una Perspectiva Cubana. Centro “Félix Varela”. La Habana. Cuba. 1997.

 

16- Tomás Garrido Gloria M. Manual de Bioética. Editorial Ariel Ciencia, S. A. Barcelona. España.

 

 

17- Torres Acosta R. “Aspectos Éticos en Pediatria. Una Aproximación”. Bioética desde una Perspectiva Cubana. Centro “Félix Varela”. La Habana. Cuba. 1997.

 

18- Pruñonosa, E y col. “Limitación del Esfuerzo Terapéutico. Influencia de la Toma de Decisiones”. Revista Electrónica de Medicina Intensiva. Barcelona. España. 2006.