Hospital Pediátrico Universitario
William Soler
Servicio de Anestesiología Cardiovascular
Cardiocentro
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Anestesia no
cardiovascular en el paciente con cardiopatía
congénita
Autor:
Dr.Lincoln de la Parte Pérez
Médico Especialista de Segundo Grado en Anestesiología
y Reanimación
del Hospital Pediátrico
Universitario William Soler.
Alta Habana, Boyeros. Ciudad de la Habana.
Cuba.
Profesor Auxiliar del Dpto. de
Cirugía de la Facultad de
Medicina
Enrique Cabrera.
Correo: lincoln.delaparte@infomed.sld.cu
Anestesia no
cardiovascular en el paciente con
cardiopatía congénita
cianótica.
§
Cardiopatías
congénitas cianóticas.
§
Inducción
y mantenimiento de la anestesia.
Introducción:
Con el desarrollo
de la red cardiopediatrica Nacional y los resultados
obtenidos en el Cardiocentro Pediátrico del hospital
William Soler, la población con
cardiopatías congénitas crece cada año. Este hecho constituye un problema para
los Anestesiólogos de nuestros hospitales pediátricos, quienes deben enfrentar a estos
pacientes cuando son sometidos a procedimientos quirúrgicos no
cardiovasculares.
Con el objetivo de
organizar la valoración de los pacientes
que padecen de cardiopatías, los dividimos en grupos que incluyen: cardiopatías
congénitas cianóticas, cardiopatías
congénitas no cianóticas y cardiopatías adquiridas. Entre las cardiopatías
cianóticas tenemos las que se caracterizan por la disminución del flujo
sanguíneo pulmonar, algunas además con cortocircuito de derecha a izquierda
como la Tetralogía de Fallot y un grupo
variado como el corazón uní
ventricular y la Transposición de los
grandes Vasos (1,2).
Muchos de estos
pacientes han sido ya operados mediante las técnicas de
reconstrucción anatómica (Fallot), o las derivaciones
de Glenn o Fontan y pueden asistir a otro centro asistencial,
donde no se realiza cirugía cardiovascular.
Entre las no
cianóticas tenemos los defectos septales
(Comunicación interventricular, Comunicación Ínter auricular, canal auriculoventricular común)
y todas aquellas en que el flujo pulmonar está aumentado.
Además de lo
anterior existe una clasificación práctica adicional que incluye pacientes no
operados, pacientes con procedimientos paliativos y pacientes reconstruidos anatómicamente en
mayor o menor medida, mediante procedimientos de reconstrucción definitiva (1).
Dentro de la
población anterior, existe un pequeño grupo de pacientes que están operados y
se mantienen asintomaticos sin tratamiento medico (operados de Ductus, Comunicación
ínter auricular), un grupo importante con reserva cardiovascular disminuida y
tratamiento continuo
(digitálicos,
etc) y un
pequeño grupo con procedimientos paliativos (Blalock-Taussig) o sin operar.
Las operaciones no
cardiovasculares en los pacientes que padecen o han sido operados por padecer
cardiopatías congénitas, deben realizarse si es posible, en hospitales de
primer nivel y el Anestesiólogo responsable debe tener
experiencia previa en anestesia cardiovascular pediátrica o por lo menos acceso directo a consulta con
un Anestesiólogo cardiovascular pediátrico. Debido a que cada día crece el
número de estos pacientes, nosotros como
Anestesiólogos, tendremos que enfrentarnos con mayor frecuencia al dilema de
anestesiar a estos pacientes de alto riesgo.
Los factores más
importantes que deciden en la selección
de la técnica anestésica son la magnitud
del procedimiento quirúrgico actual y el grado de limitación cardiovascular
provocado por la cardiopatía congénita (1,2,3).
Los pacientes con
cardiopatías congénitas poseen una reserva cardiovascular disminuida ante el
“stress” y el ejercicio. Estudios
postoperatorios en pacientes operados de coartación de la aorta y tetralogía de
Fallot
demuestran disfunción
cardiovascular significativa (3,4). Estas observaciones deben recordarse cuando
pacientes con cardiopatías congénitas, se evalúan durante el preoperatorio, antes de la realización de operaciones no
cardiovasculares. A todo lo anterior se
suma el riesgo incrementado por la urgencia del procedimiento quirúrgico. Mangano reporto que el riesgo aumenta de 2 a 5 veces en las
operaciones urgentes comparadas con las electivas (3).
El presente trabajo
esta dedicado al manejo peri operatorio del paciente
con cardiopatía congénita cianótica.
Cardiopatías congénitas cianóticas:
Dentro de este
grupo de cardiopatías cianóticas se encuentran: Tetralogía de Fallot, Atresia Pulmonar,
Estenosis pulmonar, Atresia Tricúspidea,
Anomalía de Ebstein, Transposición de los Grandes
Vasos y el Ventrículo Único (1,2).
La habilidad de
aumentar el gasto cardiaco en respuesta al ejercicio o a la administración de
medicamentos esta disminuida en el paciente
con hipoxemia crónica. Para explicar lo
anterior se han postulado diferentes mecanismos que incluyen la disminución de la presión de perfusión coronaria debido al
cortocircuito sistémico-pulmonar y al aumento de la viscosidad sanguínea que
adicionalmente produce micro trombosis y oclusión en diferentes órganos de la
economía como los riñones y el hígado. Estos mecanismos producen isquemia miocárdica
y fibrosis, que constituyen hallazgos postmortem frecuentes en el niño (5,6).
Los niños que se
operan en tiempo (antes de los 3 años) de cardiopatías congénitas cianóticas
como la Tetralogía de Fallot pueden tener una función ventricular postoperatoria
normal. Sin embargo aquellos que se operan tardíamente (después de los tres
años) solo tienen función cardiovascular “normal” en reposo, debido al daño
miocárdico irreversible que la hipoxemia produce (7).
Otros factores incluyen defectos residuales
creados por el tipo de operación realizada, como por ejemplo, si hubo necesidad de colocar un parche de
ampliación transanular para ampliar la válvula
pulmonar, lo cual habitualmente deja al paciente con un grado variable de
insuficiencia pulmonar, que con el tiempo, puede provocar un ventrículo derecho
sobrecargado de volumen, muy propenso a
la disfunción y a las arritmias y una cardiomiopatia dilatada (3). Otros defectos postoperatorios
incluyen hipertensión pulmonar ( Blalock-Taussig
previo), comunicación interventricular ( CIV), insuficiencia tricuspídea (64% de
los pacientes), Insuficiencia
aórtica, disfunción ventricular
izquierda, obstrucción variable en el tractus de
salida del ventrículo derecho (11-15 % de los pacientes), bloqueo auriculoventricular y arritmias ventriculares (20-50 % de
los pacientes). La presencia de insuficiencia tricuspidea
o pulmonar aumentan el trabajo del ventrículo derecho, producen sobrecarga de
volumen y de presión y producen disfunción ventricular derecha (1, 2, 8).
El tamaño de las
arterias pulmonares y la relación entre las presiones del ventrículo derecho y
el izquierdo ( PVD / P VI )
después de la cirugía, se relacionan con la supervivencia y las complicaciones
postoperatorias en la tetralogía de Fallot. El riesgo
de muerte aumenta cuando existe una relación PVD / PVI mayor de 0,85 (1).
Otros factores que
aumentan la mortalidad después de las
operaciones cardiovasculares son
la presencia de otras anomalías
asociadas, hematocrito elevado, procedimientos paliativos previos a la
reconstrucción anatómica y la colocación de conductos protésicos. Lo anterior
es causa de muerte súbita en más del 5%
de los pacientes operados (1, 9).
Se conoce desde
hace más una década que la hipoxemia crónica produce
diversas anomalías en el corazón. Se ha reportado una disminución del 45% de la
densidad de receptores Beta en el ventrículo izquierdo, 36% de disminución de
la actividad de la adenilciclasa y niveles altos de
epinefrina circulante. Lo anterior
sugiere que el tono simpático está aumentado y que además existe alteración de
la regulación de los Beta receptores. Este mecanismo explica la
disminución de la función ventricular existente en la hipoxemia
crónica (1,2).
La Hipoxemia crónica produce Policitemia
compensadora y trastornos de la coagulación. Cuando aumenta el hematocrito se
produce un incremento de la viscosidad sanguínea que produce micro trombosis
cerebral y de órganos vitales como el Riñón y el hígado (7). El aumento del
hematocrito disminuye adicionalmente el flujo sanguíneo pulmonar y sistémico,
que produce fatiga, decaimiento, cefalea, trastornos de la visión, disminución
de la atención , dolores musculares y parestesias en
los dedos. En los niños pequeños se presentan las llamadas crisis de hipoxia.
La disminución del hematocrito es un factor desencadenante de las crisis de
hipoxia.
Por todo lo anterior
esta indicada la flebotomía preoperatoria en los
pacientes con hematocrito mayor de 65 Vol % y transfusión
de sangre en aquellos con valores inferiores a los 45 Vol % (1).
Valoración preoperatoria:
Debe conocerse la mayor cantidad
de detalles posible sobre la cardiopatía, el grado de repercusión
hemodinámica y sobre los posibles
procedimientos quirúrgicos realizados con anterioridad (1-3).
La presencia de hipoxemia nos alerta hacia
la ineficacia de la técnica paliativa previa. Estos pacientes presentan
acidosis metabólica asociada y un circulo vicioso de hipoxemia, acidosis y disminución de la contractilidad.
El estudio
preoperatorio incluye hematocrito, creatinina,
estudio de la coagulación, análisis de
los gases en sangre y ecocardiograma. El hematocrito se correlaciona
habitualmente con el grado de hipoxemia mantenida.
Los pacientes con hematocrito elevado y trastornos de la coagulación se benefician
con la extracción del 10 % de la volemia y la
administración de coloides y ringerlactato
o de plasma fresco congelado si la operación es inminente.
Un estudio ecocardiográfico preoperatorio reciente es esencial para
determinar la anatomía actual y el patrón de flujo sanguíneo (1,2,10).
El estudio de la
creatinina durante
el preoperatorio resulta de gran valor pronóstico. Se conoce que los niveles
de creatinina sérica mayores de 2 mg
/ dl (176.8
micromol / litro )
constituyen de por sí un riesgo independiente de presentar complicaciones
cardiovasculares en las operaciones no cardiovasculares ( 3,11).
Premedicación:
La premedicación resulta de gran importancia sobre todo
en los niños con antecedentes de empeoramiento de la hipoxemia
después de crisis de excitación o ansiedad. Debemos recordar que los factores
desencadenantes de las llamadas crisis de hipoxia son entre otros: el llanto,
la ansiedad, el incremento del consumo de oxígeno, la anemia, el ejercicio, etc (1).
Pueden emplearse las vías oral
, intramuscular o intravenosa. La
vía oral tiene la ventaja adicional de eliminar la ansiedad asociada con el
pinchazo. Frecuentemente la utilizamos
una o dos horas antes del traslado para
la sala de premedicación. Una dosis oral de midazolam
a razón de 0,2-0,5 mg/kg de
peso corporal es de gran utilidad.
El empleo de ketalar
asociado a la atropina en dosis de 3 a 5 mg/kg y 0,02 mg/kg por vía intramuscular nos aporta una
analgesia intensa después de 3-5 minutos
de la administración y nos permite el inicio del monitoraje
invasivo en los niños (1,2).
Los pacientes con policitemia
marcada deben hidratarse para disminuir la posibilidad de accidentes trombóticos y
mejorar la saturación de la hemoglobina. Una dosis de ringerlactato
de 10 cc/kg resulta de gran
utilidad al inicio de la anestesia.
Desde la llegada a la sala de preoperatorio
deben vigilarse el electrocardiograma (ECG), la saturometría
y la presión arterial no invasiva.
Las vías venosas son de extrema importancia.
Es necesario canalizar dos venas periféricas con cánulas plásticas de grueso
calibre y un catéter central de dos o tres vías para la monitorización de
la presión venosa central, administración de inotrópicos,
volumen y fármacos de reanimación. En estos pacientes se necesitan habitualmente
dos o tres bombas de infusión continua.
Inducción y mantenimiento de la anestesia:
El objetivo
fundamental de la anestesia es mantener y si es posible mejorar el estado hemodinámico
previo y la oxigenación a los tejidos.
La estrategia para
lograr lo anterior consiste en a)
garantizar una adecuada hidratación
b) mantener la
presión arterial y el gasto cardiaco c) disminuir la resistencia al flujo
sanguíneo pulmonar d) evitar el aumento
del consumo de oxígeno ( llanto, nivel inadecuado de
anestesia)
e) tratar la acidosis metabólica y f) evitar la disminución de la resistencia
vascular sistémica (1,2).
Si durante la
inducción o inmediatamente después de esta,
se observa inestabilidad hemodinámica o empeoramiento de la cianosis, debemos
administrar bicarbonato de sodio, incrementar la concentración de oxigeno
inspirado, apagar los agentes por inhalación y apoyar con dopamina para
aumentar el gasto cardiaco y la resistencia vascular sistémica (1).
Todos los agentes
y técnicas anestésicas poseen
complicaciones y efectos
secundarios que deben tenerse en cuenta
en el momento de seleccionar uno u otro agente. La anestesia con narcóticos
goza de gran popularidad debido a la estabilidad hemodinámica que se
observa durante la misma (3). Sin
embargo el uso de narcóticos en grandes dosis (100 mg/Kg), sin otros fármacos, tiene un efecto variable sobre la
supresión de la respuesta al “stress”. Por lo tanto, se recomienda el uso de
una técnica balanceada con narcóticos ( 20-50 mcg/kg), benzodiacepinas
y Halogenados en pequeñas
concentraciones (12,13).
Todos los agentes inhalatorios poseen efectos cardiovasculares que incluyen
depresión de la contractilidad
miocárdica y disminución de la poscarga (3).
En los pacientes
con inestabilidad hemodinámica y reserva cardiovascular disminuida, la
inducción puede llevarse a cabo con diferentes agentes anestésicos como el ketalar o el fentanyl (10-15 mcg/kg) asociados a relajantes
musculares no despolarizantes. Antes de seleccionar los anestésico y los
relajantes musculares debemos siempre tener presente los efectos hemodinámicos de los mismos.
El mantenimiento
se lleva a cabo con fentanyl (50-100 mcg/kg) o asociado a benzodiacepinas
(midazolam).
Puede utilizarse una dosis menor de fentanyl asociada
a un liquido volátil (Isoflurano) si el paciente esta
estable hemodinámicamente (1,2).
El monitoraje transoperatorio debe
incluir: ECG, saturometría, capnografía,
Temperatura (central y distal) , Presión arterial no invasiva (Presión
arterial invasiva y
PVC en los pacientes inestables hemodinámicamente
o sometidos a operaciones de envergadura) y diuresis.
La anestesia, al
igual que la manipulación quirúrgica, afecta
el estado hemodinámico de los pacientes con
cardiopatías congénitas. Los efectos depresores de los agentes anestésicos
afectan la contractilidad de ambos
ventrículos y la posibilidad de incrementar el gasto cardiaco.
En los pacientes
con cardiopatías cianóticas el manejo anestésico esta encaminado a evitar: el
incremento del cortocircuito de derecha a izquierda, la disminución del flujo pulmonar, la
disminución de la presión arterial
y la disminución del gasto
cardiaco (1,2).
Los factores que
aumentan la oxigenación y el flujo sanguíneo pulmonar incluyen:
§
Administración
de volumen.
§
Apoyo
farmacológico con inotrópicos.
§
Vasodilatadores
pulmonares (nitroglicerina).
§
Crono
tropos (isuprel)
§
Beta-bloqueadores
(en la Tetralogía de Fallot con espasmo infundibular)
§
Fentanyl.
§
Tratamiento
de la acidosis metabólica.
La mayoría de estos
pacientes necesitan apoyo farmacológico,
frecuentemente con dopamina en dosis de 3 a 10 mcg / kg / min , para mantener un gasto cardíaco y presión arterial
aceptables.
La mayoría de los anestesiólogos asocian nitroglicerina en infusión continua en dosis
promedio de 1 a 2 mcg / kg
/ min para mantener las coronarias dilatadas, disminuir la precarga y la
presión en la arteria pulmonar.
Conclusión:
En conclusión es necesario enfatizar que los pacientes con
cardiopatías congénitas, especialmente aquellos con cardiopatías congénitas
cianóticas, presentan habitualmente
múltiples alteraciones anatómicas y de la fisiología cardiovascular con
repercusión en diferentes órganos y sistemas,
de modo que, la evaluación preoperatoria, incluidos las investigaciones no invasivos, deben
ser realizados por cardiólogos experimentados y
cuando se programan para
procedimientos quirúrgicos deben ser remitidos para un centro con experiencia
en el manejo de los pacientes con cardiopatías congénitas.
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