IMPLICACIONES DEL DESARROLLO DE RESISTENCIAS EN LA TERAPIA ANTIRRETROVIRAL

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Fecha de publicación 10/05/05

 

Dra. María Teresa Pérez Gracia.
Profesora Titular Microbiología. Departamento Atención Sanitaria, Salud Pública y Sanidad Animal.
Facultad de Ciencias Experimentales y de la Salud.
Universidad Cardenal Herrera-CEU. 46110 Moncada. Valencia (España)
teresa@uch.ceu.es

 

 

 

La introducción de la terapia combinada en el tratamiento de la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (VIH) ha conducido a una disminución sostenida de la carga vírica plasmática por debajo de los límites de detección, reduciendo la progresión de la enfermedad y la mortalidad en los países desarrollados. La imposibilidad de suprimir de modo completo la replicación vírica da lugar a la selección de variantes resistentes a las drogas. Aunque muchos factores pueden contribuir al fracaso del tratamiento, la aparición de resistencias juega un papel fundamental (1-7). Las variantes resistentes a drogas surgen favorecidas por una serie de factores tales como la escasa potencia del régimen terapéutico, la falta de seguimiento por parte del paciente, los factores farmacológicos y el deterioro inmunológico (Figura 1) (8).

La rápida cinética de replicación del VIH, junto a la elevada tasa de error en la actividad de la transcriptas inversa (RT) (9-11) por cada ciclo replicativo de un genoma vírico (aproximadamente 1:105 nucleótidos procesados), da como resultado una elevada diversidad genética dentro de la población vírica, a las que se denominan “cuasiespecies”. Dado que la longitud del genoma vírico es de aproximadamente 10.000 pares de bases (pb), y si se producen 109 partículas víricas/día, 102 partículas por célula infectada y 107 ciclos replicativos diarios, alrededor de 3.300 virus producidos cada día van a llevar una determinada mutación y un número mucho menor (<1) llevará una doble mutación. Entre estas cuasiespecies existen las mutantes resistentes, que pueden ser seleccionadas por una terapia inadecuada para suprimir la replicación vírica. En un modelo determinista la resistencia emerge en una proporción relacionada con la frecuencia de variantes ya existentes y su capacidad relativa de crecimiento en presencia del fármaco (9). Este modelo se sustenta en las observaciones realizadas en estudios con monoterapia de diferentes antirretrovirales. Así por ejemplo, la resistencia a la nevirapina y a la lamivudina emerge a las pocas semanas de iniciar la monoterapia debido a mutaciones puntuales que dan lugar a una reducción de 1.000 veces en la actividad de estos fármacos (1, 3). A diferencia de esto, la resistencia a los dideoxinucleótidos emerge lentamente como resultado de mutaciones que dan lugar a bajos niveles de resistencia y en el caso de la zidovudina (ZDV) y los inhibidores de la proteasa el elevado nivel de resistencia tiene lugar como consecuencia de una acumulación de múltiples mutaciones a lo largo del tiempo (12, 13).Sin embargo, más acorde con los sistemas biológicos, una visión alternativa contempla la posibilidad de eventos estocásticos que podrían jugar un papel importante, como serían la destrucción de la célula que alberga el virión resistente o la incapacidad de la progenie viral resistente para encontrar una célula receptiva (13). Este modelo estocástico puede ayudar a explicar las amplias variaciones interindividuales observadas en la velocidad a la cual la resistencia se desarrolla.


La resistencia a los fármacos antirretrovirales es determinada por mutaciones en los genes que codifican la proteasa (PR) y la RT. Las mutaciones primarias son aquellas que alteran la unión del fármaco a su diana y provocan un incremento en la cantidad de fármaco necesario para inhibir a la enzima. En general, son relativamente específicas de cada antivírico y aparecen rápidamente tras la presión selectiva ejercida por el mismo, en un intento por evadir su acción. Sin embargo, a menudo condicionan una desventaja cinética a la enzima. Las mutaciones secundarias incrementan el nivel de resistencia mejorando la capacidad replicativa (“fitness”) del virus que presenta mutaciones primarias, por lo que también se conocen como mutaciones compensatorias. Habitualmente las mutaciones secundarias tiene poco o ningún efecto sobre el nivel de resistencia en ausencia de mutaciones primarias. Aunque hay poca superposición en las mutaciones primarias, muchas de las mutaciones secundarias son comunes para fármacos de la misma familia, , es decir, para los análogos de nucleósidos, los no nucleósidos y los inhibidores de la proteasa. Esto explica que las resistencias cruzadas de grupo sean más frecuentes cuanto más tiempo ha estado un paciente con fracaso virológico, es decir con persistencia de replicación vírica, bajo el mismo tratamiento antirretroviral. En las figuras 2, 3 y 4 aparecen las mutaciones primarias y secundarias asociadas a resistencia a los análogos de nucleósidos, no nucleósidos e inhibidores de la proteasa, respectivamente (13-18). Los cambios que aparecen en otros genes distintos a PR y RT pueden modular el fenotipo al margen de las mutaciones primarias o secundarias, originando una aparente discordancia entre genotipo y fenotipo. Estos resultados contradictorios son consecuencia de que las interacciones entre ambos genes son aún pobremente comprendidas.

La selección de la combinación antirretroviral en pacientes tratados que presentan un fallo terapéutico exige técnicas de laboratorio que permitan decisiones clínicas racionales. La capacidad de detectar la resistencia a fármacos antirretrovirales puede ser de gran valor en tales circunstancias, pero el coste, la complejidad y la ausencia de validación dificultan trasladar esta tecnología del laboratorio a la clínica. Los métodos actualmente disponibles para el diagnóstico de resistencias a los antirretrovirales son de dos tipos: genotípicos y fenotípicos. Los ensayos genotípicos para detección de resistencias determinan la secuencia de nucleótidos de los genes PR y RT. Estos ensayos pueden realizarse mediante RT-PCR, a partir de ARN plasmático, o PCR del ADN proviral. Las mutaciones en el producto amplificado son reconocidas mediante: a) secuenciación automática cíclica (por ejemplo con un secuenciador Perkin-Elmer, Pharmacia o Visible-Genetics); b) hibridación con sondas específicas que discriminan los virus mutantes del tipo salvaje en posiciones específicas (la técnica de LIPA) (19); y c) ensayos de mutaciones puntuales mediante la utilización de chips de hibridación múltiple (prueba de Affimetrix) (20). La secuenciación aporta una gran cantidad de datos sobre los genes RT y PCR, probablemente más de los que se precisan para adoptar decisiones clínicas. Las otras técnicas aportan datos de los codones específicos implicados en la resistencia. Los ensayos fenotípicos aplicados a resistencias consisten en determinar en un aislamiento viral (fenotipo) la capacidad de inhibición por un fármaco. La susceptibilidad a un fármaco viene definida por la cantidad requerida de éste para inhibir “in vitro” al 50%, 90% o 95% la producción vírica (es lo que se denomina IC50, IC90 o IC95, respectivamente). En general, cambios de 4 veces o más en la IC50 son considerados significativos y sugieren resistencia al fármaco estudiado (21-24).  El análisis de resistencias fenotípicas puede hacerse a partir del aislamiento de virus del paciente en un cocultivo con linfocitos de donante o en una línea linfoide de laboratorio. Los resultados varían dependiendo de la línea celular utilizada. Para obviar este problema, se ha desarrollado una prueba que utiliza virus recombinantes (RVA, recombinant virus assay), obtenidos tras extraer del plama y amplificar por RT-PCR, los genes de la TI y de la proteasa, e insertarlos en un genoma defectivo en estas regiones de pol. El resultado son virus recombinantes que tienen en común los genes de envuelta, accesorios y reguladores (eg, tat, vif, nef) pero que llevan la región pol del paciente a estudiar (Figura 5) (21-23). Este proceso permite obtener resultados más comparables y eliminar los problemas de los estudios fenotípicos con cultivo celular de aislados de virus completos del paciente. Actualmente, se dispone de dos pruebas comerciales (Virco y ViroLogics) que utilizan el principio de RVA para examinar resistencias fenotípicas a los antirretrovirales.


Ambos  tipos de ensayos, tanto el genotípico como el fenotípico, aun siendo complementarios comparten inconvenientes, como la falta de sensibilidad para detectar la presencia de cuasiespecies minoritarias (<20%), así  como la dificultad de obtener resultados a partir de muestras con carga vírica de menos de 1.000 copias de ARN-VIH/ml de plasma. Esto explica que en los individuos con una viremia baja o indetectable sea difícil la realización de estudios de genotipos. Los ensayos genotípicos tienen la ventaja sobre los fenotípicos de ser menos costosos y más rápidos y fáciles de realizar. La secuenciación tiene un gran valor para identificar nuevas mutaciones que confieren resistencias, pero esta información es útil clínicamente cuando la base genética de la resistencia ha sido determinada. Una limitación importante de las pruebas genotípicas es la dificultad para calcular las consecuencias de las interacciones mutacionales en el fenotipo. Los ensayos de resistencias de fármacos pueden ser útiles en varias circunstancias. Estas incluyen la elección del tratamiento inicial, la prevención de la transmisión vertical y la profilaxis ante un contacto de riesgo. En pacientes naive la elección de un tratamiento inicial exitoso puede ser trascendental para el paciente y el riesgo de adquisición de virus resistentes y que se replican en ese momento puede ser importante. En varios estudios en Estados Unidos y Europa, la transmisión de virus resistentes parece ocurrir en alrededor de un 10% de los sujetos con infección aguda por el VIH (8,25,26) pero existe una creciente preocupación debido a la posibilidad de transmisión de virus multirresistentes (26,27,28). En el caso de las mujeres seropositivas embarazadas, la terapia antirretroviral reduce considerablemente el riesgo de transmisión vertical, de modo que la exclusión de resistencias puede permitir la elección de un mejor tratamiento para la madre. En el caso de un contacto de riesgo, bien sea por accidente laboral con sangre de pacientes infectados o tras un contacto sexual con una persona seropositiva, el tratamiento antirretroviral puede reducir el riesgo de infección y no debe demorarse su administración en espera del conocimiento del patrón de resistencias que tienen los virus infectantes. Sin embargo, esta información puede aconsejar modificar la combinación administrada desde un principio cuando el resultado esté disponible.

Los avances en las pruebas genotípicas y fenotípicas para la detección de resistencias de VIH a los fármacos antirretrovirales permitirán su utilización en el manejo terapéutico de los individuos infectados. Aunque existen algunas cuestiones por resolver, los resultados preliminares sugieren que podrían ser beneficiosas en la elección del tratamiento en pacientes que presentan un fracaso terapéutico, bien para la selección de una pauta alternativa, o para la elección de terapias de rescate idóneas. Es preciso unificar criterios de interpretación, así como establecer controles de calidad con el fin de estandarizar los resultados al margen del método utilizado. Cada vez parece más próximo el momento en que la determinación de resistencias llegue a ser una prueba  rutinaria en el manejo clínico de la infección por VIH.

 

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