HOSPITAL
DOCENTE CLÍNICO QUIRÚRGICO“10 DE OCTUBRE
FACULTAD DE CIENCIAS
MÉDICASCIUDAD DE LA HABANA
|
“BIOÉTICA V/S IATROGENIA EN LOS ADULTOS MAYORES” |
Autora: Dra. Caridad Maritza González Díaz
Especialista de Primer Grado en Geriatría y Gerontología.
Profesora Asistente.
Ciudad de la Habana
Enero del 2007
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ÍNDICE
GLOSARIO
INTRODUCCION
OBJETIVOS
MATERIAL Y METODO
DESARROLLO
CONCLUSIONES
RECOMENDACIONES
BIBLIOGRAFIA
GLOSARIO
INTRODUCCIÓN
El tema del
envejecimiento poblacional es un tema obligado hoy día. Este proceso
secuencial, acumulativo e irreversible tiene diferentes enfoques, desde las
diferentes disciplinas médicas, psicológicas y sociales; pero también desde el
prisma de la filosofía y la ética.
La vejez es una
construcción socio-antropológica. Los distintos grupos etáreos en que se
distribuyen los periodos del ciclo vital no han permanecido inmóviles a lo
largo de la historia, en las diversas civilizaciones y culturas. Por el
contrario, han sido objeto de una gran elasticidad, rodeándose de atribuciones
y segmentos conforme a las circunstancias e intereses de cada tipo de
organización social y en cada momento dado. Cada periodo histórico ha tenido
para cada periodo de edad (niñez, adolescencia, juventud, madurez, ancianidad)
una significación y unas exigencias determinadas.
Hasta muy recientemente,
la mayoría de las personas adultas mayores percibían la vejez solo como
sinónimo de pérdidas (auditiva, visual, locomoción, memoria, respeto,
autoridad, etc). Por su parte, la proyección de la mayoría de los jóvenes, aun
hoy, también caracteriza a este período de la vida como sinónimo de pérdidas,
que entrañan necesidades de atención individual, familiar, social y médica.
Muchos de ellos la ven entonces como una carga familiar y social.
Otras personas, jóvenes
y no tan jóvenes, tienen una visión utilitaria de la vejez. Califican de
“buenos” a aquellos adultos mayores que aun aportan (dinero, casa, auto,
experiencia, saberes, ayuda con los hijos, ayuda en las tareas domésticas) y de
“dependientes” a los que cuestan (ancianos que han tenido que asumir en la vivienda,
limitando el espacio de otros miembros de la familia, personas que los cuiden
en casa, alimentos especiales, medicinas, cuidados, etc).
Esto marca las
diferencias entre el sentido de la vejez (percepción individual dada por la
cultura, las tradiciones, creencias e ideas) y el significado de la vejez (lo
que la sociedad y el entorno valoran). La vejez cobra sentido cuando aparece
alentada por un propósito, ideales y esperanza. El significado de la vejez
cobra vida en el imaginario social, que construye, deconstruye y reconstruye
las expectativas, los deberes y los derechos.
Algunas personas, tanto
cuando se trata de evaluar el sentido como el significado de la vejez, la
asocian a enfermedad y muerte social, como precursora de la muerte biológica y
esto engendra una mayor preocupación por el tratamiento médico que por los
cuidados de su salud y, sin percatarse de ello se van sometiendo al
autoritarismo de la familia y del personal de salud. Todas esas condiciones se
harán para contrarrestar el miedo a la muerte. Y, contradictoriamente, esas
mismas personas que solo ven el lado negativo de la vejez, se aferran a ella
para no morir.
Otras, en cambio, su
pesimismo las lleva a la interrupción voluntaria de la vejez, caracterizada por
la desnutrición, la deshidratación, la infección, la inmovilidad hasta llegar a
la postración, las úlceras por presión, la confusión, la neumonía hipostática
y, al fin, la muerte temida; pero ya deseada.
Lamentablemente, no son
pocos los casos de profesionales de salud que al verse frente a este tipo de
pacientes al cual no están acostumbrados ni saben realmente cómo tratar,
deterioran los cuidados que deben prodigar. Otros, simplemente reaccionan con
indiferencia y silencio frente a ese deterioro. Y, no pocos, se preguntan
¿hasta dónde y cuándo deben tratar a esas personas ancianas, ya tan
deterioradas y que ellas mismas no quieren continuar viviendo?, lo que muchas
veces lleva, de manera confesa o no, al abandono terapéutico, por lo que
incurren en la iatrogenia aún sin ser a veces conscientes de su error.
Como la otra cara de la
moneda de ese comportamiento, está el encarnizamiento terapéutico. Una vida que
ha llegado a una avanzada edad y que ya, debido al gran deterioro físico,
mental y social, tiene una precaria calidad de vida. La vida ha dejado de ser
un valor para constituirse en un antivalor.
Sin embargo, los
profesionales sanitarios o los familiares prodigan o reclaman tratamiento que
solo produce una prolongación del sufrimiento y la agonía de esa persona
moribunda y esto también es una iatrogenia y falta a la ética profesional.
La población cubana
tiene hoy otra característica diferente a la de los años 50. La esperanza de
vida al nacer se ha incrementado a cifras ni siquiera soñadas en otra época.
Eso ha permitido que muchos de los actuales adultos mayores, que aun mantienen
una vida social activa, no solo se preocupen sino se ocupen de mejorar la
calidad de vida de las personas de la tercera edad, y, al propio tiempo
contribuyan a modificar sustancialmente el imaginario social de vejez.
La vida y la vejez no
solo tienen que tener sentido, sino también significado, o lo que es lo mismo,
no solo tienen que ser valiosas para quienes las disfrutan, sino también la
sociedad tiene que expresar de forma objetiva, en medidas económicas,
sociales y políticas concretas, el significado que tiene para ella la vida de
los seres humanos que la conforman, y, con respecto a la tercera edad tiene que
reconocer que es un valor inapreciable que se quiere preservar.
Por todo ello es
imprescindible que las personas de la tercera edad enarbolen la bandera de la
dignidad humana pero junto al personal de la salud que los atiende. Dignidad
es, a fin de cuentas, la exigencia del respeto debido.
OBJETIVOS
GENERAL
Ø
Demostrar la relación que existe entre Iatrogenia y
Bioética en el Adulto Mayor.
ESPECIFICOS
Ø
Reflexionar acerca de las formas más frecuentes de
Iatrogenia en el Adulto Mayor y su relación con la violación de la Ética Médica
por parte del personal que los asiste.
Ø
Proporcionar algunas recomendaciones para evitar la
Iatrogenia y la violación de la Ética Médica en los pacientes geriátricos según
nuestra experiencia en el Hospital de Día de Geriatría.
MATERIAL Y MÉTODO
En
la realización de este trabajo nos hemos apoyado en toda la bibliografía
revisada y en los más de veinte años de experiencia como médico y especialista
en la rama de Geriatría y Gerontología en los que hemos intercambiado con
pacientes, acompañantes y con nuestros compañeros de labor en el Servicio
de Geriatría con relación a los temas tratados que son polémicos pero muy
importantes para lograr que no que se repitan o se cometan errores iatrogénicos
y éticos que tanto daño pueden ocasionar en los adultos mayores sin que en
ocasiones nos percatemos de ello.
DESARROLLO
La mayoría de las
personas, adultas mayores o no, que sólo así piensan, olvidan que el
envejecimiento es un fenómeno universal, que se caracteriza por todas las
modificaciones morfológicas, fisiológicas, bioquímicas y psicológicas que
aparecen, como consecuencia de la acción del tiempo, sobre los seres vivos. En
los seres humanos, a este proceso de cambios celulares, tisulares, orgánicos y
funcionales, se añaden las modificaciones sociales.
Todas las personas
envejecen en forma distinta, en dependencia de los factores genéticos,
nutricionales, ambientales y sociales que rodean el proceso. Por otra parte, en
la propia persona no envejecen todos sus órganos a la misma velocidad y ello
está relacionado con la interacción del hombre y su medio, además de la
repercusión que sobre la persona ejercen factores tales como el trabajo, las
emociones, la nutrición y otros, que provocan aceleramiento del proceso en
algunos órganos, mientras otros involucionan muy lentamente. (2)
Los cambios biológicos
producen a su vez cambios psíquicos, como consecuencia de la propia declinación
que se produce en las capacidades de actividad y recreatividad. Ello da lugar
al carácter tan especial que desarrolla una cantidad, nada despreciable, de
personas que arriban a la tercera edad, y que se hace evidente en una tendencia
franca a la depresión y a las actitudes negativas que, a su vez, se convierten
en factores que contribuyen al envejecimiento acelerado. A todo esto pueden
sumársele los efectos negativos de los balances sentimentales o ajustes de
cuentas consigo mismos que hacen muchas personas cuando arriban a la vejez,
dejando aflorar toda la sumatoria de frustraciones, olvidando así sus mejores
recuerdos. En muchos casos ese estado de frustración les hace más susceptibles
al maltrato en todas sus manifestaciones incluyendo la iatrogénica.
Pero la vejez no es solo
eso, tiene muchas cosas positivas vinculadas al presente que se vive y que no
se han explotado aun suficientemente. (3)
Hasta la década de los
70s, los cambios demográficos en Cuba no habían afectado sustancialmente a este
grupo poblacional, de manera que no se había identificado la necesidad de una
atención diferenciada para el mismo. No fue hasta mediados de la década de los
80s, en que la cantidad de personas adultas mayores comenzó a ser significativa
y, por tanto, a llamar la atención de salubristas, legisladores, sociólogos,
psicólogos, políticos y economistas. (4)
La estructura
socioeconómica cubana y la voluntad política del gobierno constituyen un
potencial de ayuda para el alcance de los objetivos de este programa, asegurando
además la posibilidad de la participación activa de la familia, la comunidad y
el propio adulto mayor como protagonista.
Muchos científicos
afirman que para tener una buena salud mental en la vejez, son indispensables
la seguridad económica, el amor y respeto, evitar la soledad y el aislamiento y
una buena salud física. Al colocar en primer lugar el aspecto económico, aun
los no marxistas reconocen, sin proponérselo, su determinismo, pero
evidentemente, no basta la seguridad económica. Es imprescindible que ésta vaya
acompañada de la expresión de los valores morales que marcan el progreso de la
humanidad. (5 y 6)
Cuba, aun cuando es un
país del Tercer Mundo, dadas las características del sistema socioeconómico
socialista, ha alcanzado el rango de uno de los países latinoamericanos más
envejecidos. La magnitud alcanzada en este orden y la rapidez con que se ha
transformado la pirámide poblacional cubana constituyen ya una preocupación
para los años venideros.
De manera que en estos momentos no se trata
solamente de aumentar la esperanza de vida al nacer y mejorar el estado de
salud de la población adulta mayor, sino de aumentar su calidad de vida sin
dañar y con una valoración ética en el momento de actuar ante un anciano con
problemas en nuestro campo de la salud. (7)
Si bien es cierto que
los adultos mayores en Cuba no confrontan los problemas de sus iguales en el
mundo capitalista, en tanto ellos están mas necesitados que ninguna otra
persona de los cuidados de salud y estos en Cuba son absolutamente gratuitos
para todos, con independencia de la zona geográfica donde vivan, su status
social, el color de su piel, su sexo, sus creencias religiosas o ideología
política, también es cierto que el cubrir esas necesidades tan solo no
bastan para garantizar una calidad de vida aceptable. (8)
Ya en 1999, se había
arribado a la consideración de que lograr un envejecimiento saludable y una
vejez satisfactoria sólo podría alcanzarse mediante acciones de promoción,
prevención, asistencia y rehabilitación ejecutadas por el Sistema Nacional de
Salud, en coordinación con otros organismos y organizaciones del Estado
involucradas en esta atención, teniendo en cuenta como protagonistas a la
familia, la comunidad y el propio adulto mayor en la búsqueda de soluciones locales
a sus problemas. (9)
Se requiere integrar
equipos interdisciplinarios que ayuden a gestionar una estrategia compleja que
posibilite el “envejecimiento activo”. Para este fin es necesario apoyar la
investigación en las condiciones de salud de las personas adultas mayores e
investigaciones de impacto de los programas y servicios como lo es el Hospital
de Día de Geriatría. (10)
De ahí que sea preciso
reforzar el cumplimiento de las principales actividades propuestas por el
Programa del Adulto Mayor, para lograr los objetivos trazados, aunque,
lamentablemente, solo tres de ellas están vistas desde el prisma de la salud y
no de la enfermedad:
La Declaración
Internacional de los Derechos Humanos, no incluye ninguna disposición
específica con respecto a las personas mayores. De hecho, cuando los artículos
de la Declaración de los Derechos Humanos, del pacto Internacional sobre
derechos Económicos, Sociales y Culturales, y del Pacto sobre Derechos Civiles
y Políticos, señalan ejemplos de causa de discriminación, no mencionan la edad.
Sin embargo, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó los
principios en favor de las personas de edad por medio de la resolución 46/91
del 16 de diciembre de 1991, que exhortaba a los gobiernos a que incorporasen
estos principios en sus programas nacionales. (12)
Los aspectos
relacionados con la tercera edad, especialmente los morales, adquieren
cada día mayor importancia, puesto que el mundo actual enfrenta el reto de
producir un crecimiento económico que tenga como principal objetivo el alcanzar
el desarrollo humano, y uno de los principales indicadores para medir el mismo
es la longevidad.
Esto obliga a los
gobiernos a adoptar medidas que permitan que el crecimiento económico se
traduzca en un bienestar mejorado de las personas. La actitud que adopte cada
gobierno en este sentido estará impregnada por el sistema de valores que rija
en esa sociedad concreta, valores que, en definitiva, habrán sido formados a
partir de la base estructural del sistema socioeconómico imperante, bien como
reflejo de ella o modificados por la acción de los luchadores sociales. Los
principios en favor de las personas de edad se refieren a la independencia, la
participación, los cuidados, la autorrealización y la dignidad a que estas
personas tienen derecho. Esas decisiones de política están enmarcadas dentro de
la macroética.
Pero en el campo de la
microética queda mucho por hacer, especialmente en lo concerniente a la
educación de las familias, para el correcto tratamiento a sus miembros
que arriban a la tercera edad. En primer lugar está el respeto a su autonomía,
a su independencia, tanto en el pensar como en el actuar. En segundo
lugar, el apoyo y protección necesarios para la plena utilización de sus
capacidades físicas e intelectuales, estimulándolos a mantener su incorporación
social a través de la participación en las actividades de las organizaciones
sociales o políticas a las que pertenecían al momento de la jubilación,
manteniendo el vínculo activo, bien como miembros o cooperantes;
compartir con los mayores, en tanto que miembros de la familia, las decisiones
que afecten a todo el colectivo familiar, pero, sobre todo, dedicarles un
tiempo para escuchar sus opiniones, sus preocupaciones y sus proyectos. (13)
Lamentablemente, en
ocasiones el discurso teórico no se traduce en las acciones prácticas. Se dice
respetar a los ancianos; pero no se les ama. Se defienden sus derechos; pero NO
el derecho a expresar cuáles son sus derechos.
Especialmente los
Adultos Mayores Dependientes sufren frecuentemente la falta de respeto de sus
familiares y hasta de los profesionales de salud:
Ø
Despersonalización
(se les llama “abuelos”. Hasta los Círculos se llaman así)
Ø
Infantilización
(Se les designa con el apelativo de “viejito”)
Ø
Tuteo.
Ø
Irrespeto a
la autonomía (no se les reconoce el derecho a estar informado y elegir la
alternativa que prefiera)
Ø
Negligencia
en los cuidados que se le deben prodigar (aseo personal, alimentación,
escucharles sus preocupaciones)
Ø
Destrucción
del espacio íntimo y privado (Aun siendo los dueños reales de la vivienda,
muchas veces los hijos los marginan al “último cuarto”, o al mas
pequeño, o le introducen la cama de uno de los niños, sin consultarles)
Ø
Incomunicación
(No se les dedica un tiempo para escucharles, discutir con ellos decisiones
familiares, solicitarles opinión o consejo)
Ø
Violencia
(de palabra, gestual y a veces hasta física)
Ø
Abandono
(indiferencia ante sus necesidades básicas.
Con el llamado Juramento
Hipocrático se abre una nueva era en la ciencia:
“Y no daré ninguna droga
letal a nadie, aunque me la pidan, ni sugeriré un tal uso, y del mismo modo,
tampoco a ninguna mujer daré pesario abortivo, sino que, a lo largo de mi vida,
ejerceré mi arte pura y santamente.
“JURO POR APOLO médico y
por Asclepio y por Higía y por Panacea y todos los dioses y diosas, poniéndoles
por testigos, que cumpliré, según mi capacidad y mi criterio, este juramento y
declaración escrita...”
Con estas palabras da
Hipócrates comienzo al llamado juramento Hipocrático; el cual ha trascendido
hasta nuestros días. El juramento fue confeccionado por entre los años 460 y
377 a.C. Su autor ha sido considerado el médico más importante de la
antigüedad, y bautizado como el padre de la medicina. (14)
Si hoy es bien conocido
el aporte que Hipócrates hiciera al conocimiento de las enfermedades, e incluso
a la filosofía y a la ética de la relación médico-paciente, alguno de sus
planteamientos han sido cuestionados en el contexto
histórico de nuestros días.
“Se debe examinar al
enfermo con calma, con un fin, observándolo con disimulo, mientras se discuten
con él la mayor parte de las cosas; brindándole con alegría la valentía y
seguridad necesarias; aislando y diferenciando los aspectos relativos a su
enfermedad; reprimiéndolo con vigor y seguridad o consolándolo con atención y
buena voluntad; no dejándolo darse cuenta de lo que le sucederá ni de lo que le
amenaza; pues más de un enfermo ha estado a punto de morir por esta causa, es
decir por un pronóstico donde se le anunciaba acerca de lo que podría sucederle
o amenazarle”. (14)
Probablemente, acaso sin
proponérselo, con Hipócrates también tiene sus orígenes la práctica de una
medicina paternalista, la cual amenaza con quedar atrás en la medida en que el
desarrollo científico y cultural de la humanidad sitúan al paciente y al médico
en condiciones de diálogo, en el marco de un respeto mutuo donde se subrayan
los derechos y deberes de médico y paciente, la libertad individual y la
necesidad de una decisión compartida basada en el principio de un conocimiento
científico actualizado y responsable probablemente , acaso sin proponérselo,
con Hipócrates también tiene sus orígenes la práctica de una medicina
paternalista, la cual amenaza con quedar atrás en la medida en que el
desarrollo científico y cultural de la humanidad sitúan al paciente y al médico
en condiciones de diálogo, en el marco de un respeto mutuo donde se subrayan
los derechos y deberes de médico y paciente, la libertad individual y la
necesidad de una decisión compartida basada en el principio de un conocimiento
científico actualizado y responsable.
En los albores del siglo
XXI, el diagnóstico y el pronóstico de un enfermo en general, y de uno con
cáncer en particular, no son propiedad del médico sino que constituyen una
información compartida, dentro del marco de respeto del hombre y de una
confianza recíproca, entre uno o varios médicos y un paciente, el cual está
inmerso en una delicada y elaborada red de relaciones familiares, profesionales
y culturales. Hipócrates no pensó siquiera en justificar el “secreto” médico
frente al enfermo. Esta actitud le parecía sin duda evidente, en razón del
estatus social del médico en su época y de la ignorancia del enfermo sobre la
medicina, ignorancia apenas mayor que la del honorable practicante.
Hipócrates no podía
concebir que la clave de la relación médico-paciente fuera la información. Una
bien larga evolución del conocimiento y las mentalidades han sido necesarias
para que el saber médico sea progresivamente compartido y para que finalmente,
el deber de brindar una información –leal, clara y apropiada– tenga carácter
ético y legal, con la sola reserva de un “diagnóstico o de un pronóstico
grave”. Una información pertinente y de calidad no es solamente recomendada,
sino también indispensable. Los médicos están obligados a suministrar “una
información leal, clara y apropiada sobre los riesgos graves referentes a las
investigaciones y al tratamiento, excepto los casos de urgencia, de
imposibilidad o de rechazo del paciente de ser informado.”(15 y 16)
El diálogo remplaza
entonces al monólogo y la información compartida provoca una actitud
interactiva de los protagonistas. Hipócrates tenía por otra parte bien claro
que la participación del enfermo era deseable: “la vida es corta, la ciencia es
larga, la ocasión fugitiva, la experiencia engañosa y el juicio difícil. Es
necesario no sólo hacer lo que más conviene, sino también hacer que el enfermo,
los asistentes y el medio que lo rodea concuerden. (17)
Más recientemente, el
saber médico ha encontrado una demanda creciente de información por parte de
los pacientes. Pero la información del paciente no sólo se limita al
diagnóstico y al pronóstico, ni los problemas éticos a la vieja y confusa
cuestión del derecho a saber la verdad. “El médico debe a la persona que trata,
cura y aconseja, una información leal y apropiada, sobre su estado, las
investigaciones, los cuidados y el tratamiento que le propone.”(18)
Desde entonces, a pesar
de la tenaz resistencia y las difíciles relaciones (19), se vislumbra una
evolución según la cual el papel del médico es suministrar una información de
calidad, para que el paciente pueda participar activamente en su protocolo
terapéutico y asumir su responsabilidad y derecho en la elección de su
tratamiento. El desarrollo de la relación médico-paciente se perfila
ineluctablemente hacia una decisión compartida, reflexiva, teniendo en cuenta
las preferencias del paciente. (20) Los temores experimentados por Hipócrates
parecen infundados, la mayoría de los pacientes parecen sentirse satisfechos de
esta decisión compartida.
La información médica no
se limita al paciente. En el círculo más estrecho de sus relaciones se sitúa la
familia, quien también, de mutuo acuerdo con el enfermo, debe beneficiarse de
una información adaptada, condición principal de una alianza “terapéutica”
entre el personal de salud y su entorno. (21)
Una vez recibida, la
información provoca en las personas una serie de reacciones íntimas, frente a
una patología real o posible, presente o futura y las inducen a compartir con
otros interlocutores y dentro de otras redes relacionales los mensajes
descodificados de dicha información.
La información debe ser
juzgada en cada momento de su emisión, su recepción y su ulterior difusión, de
acuerdo con las reglas de la ética, incluso si éstas son
a veces poco claras. (22)
La ética médica tiene
por lo tanto su punto de partida antes de nuestra era, simbolizada por el más
ilustre médico de la antigüedad, Hipócrates, cuya doctrina ha tenido una gran
influencia en el ejercicio de la profesión médica en los siglos posteriores.
Así, durante siglos se
va produciendo una transformación evolutiva de la ética médica en forma lenta,
de acuerdo con el propio desarrollo de la medicina y la ciencia y,
especialmente, de los cambios socioeconómicos ocurridos. La influencia de las
corrientes filosóficas burguesas traza pautas desde el siglo pasado para
consolidar una ética médica burguesa, que encuentra con el desarrollo del
marxismo-leninismo y la experiencia de la revolución social que instaura el
socialismo, una nueva visión de la ética médica. Los conflictos y dilemas
éticos que surgen después de la Segunda Guerra Mundial con la defensa de los
derechos humanos y el avance impetuoso de la tecnología y las nuevas políticas
de salud le dan nuevas visiones y dimensiones.(23)
Actualmente, la ética
médica aborda múltiples temas relacionados con la práctica médica, con el
ejercicio profesional, con la gestión de salud, con los avances de la ciencia y
la tecnología médica, y con la regulación de la vida. El juicio ético, como
componente obligado de la práctica médica, está inmerso en cada tema de la
ética médica tiene que ver con el comportamiento profesional del médico en su
ejercicio frente al paciente para juzgar la aplicación de investigaciones
complementarias y terapéuticas con énfasis en la relación médico-paciente. (24)
El uso de las nuevas
tecnologías en los servicios de salud está avanzando rápidamente, sobre todo en
los países que cuentan con mayores recursos. El desarrollo de equipos basados
en nuevos principios, como la microelectrónica, está teniendo un fuerte impacto
en el desenvolvimiento de los servicios de salud. También en el campo de la
biotecnología se está produciendo un desarrollo vertiginoso con la electrónica
biomolecular, la producción de materiales biosintéticos, la inmunología
molecular y, muy especialmente, la ingeniería genética. (25)
La incorporación de la
medicina al torrente general del progreso científico-técnico ha creado una
serie de problemas de carácter ético, por ejemplo, los aspectos sociomorales
que surgen en los trasplantes, en los problemas genéticos, en la
psicofarmacología, en el experimento clínico y en muchos más que se derivan de
los adelantos más modernos.
Emplear la nueva
tecnología médica entraña también otras preocupaciones como su elevado costo,
el acceso de los pacientes por igual a los servicios de salud, el
consentimiento voluntario a someterse a una nueva tecnología, la relación
médico-paciente, así como el perfil profesional del médico del futuro. En
efecto, el alto costo de estas tecnologías de punta obligará sin dudas a
controlar más e investigar la relación costo/beneficio, particularmente de
aquellos procedimientos de alto costo y alto riesgo. La atención médica, a
tenor de la introducción de estos adelantos, se ha venido encareciendo
sostenidamente en los últimos años, lo cual establece el dilema de quiénes
deben beneficiarse principalmente de ellos, los que los pueden pagar, o los que
los necesitan realmente. (25)
Para algunos autores
relacionados con la bioética, el «abuso tecnológico» se refiere más bien al uso
indiscriminado de las indicaciones de los procedimientos tecnológicos más
avanzados, consideran, además, los riesgos que muchos de ellos pueden producir
en el paciente.
La necesidad urgente de
reconstruir cuidadosamente la ética médica con la finalidad de abordar los
nuevos dilemas y conflictos que la tecnología médica y las políticas de salud
en evolución introducen en la función del médico y en la gestión de salud, se
hace impostergable en este momento histórico con nuevos enfoques y estructuras,
pero dentro del marco teórico del marxismo-leninismo, para enfrentar estos
acuciantes problemas, que no son dependientes exclusivamente de las teorías
burguesas y la llamada cultura posmoderna, sino también, y con mayores razones,
en la sociedad socialista donde se pone fin a las contradicciones antagónicas
entre los valores científicos y morales, sin perder los principios
humanísticos. El carácter socialista de nuestra medicina constituye la base
material sobre la que se sustenta la moral y la ética de los trabajadores de la
medicina cubana que engendra principios éticos clasistas y partidistas opuestos
radicalmente a la ética médica burguesa. (25)
Se trata de una
profesión realmente rigurosa, que requiere de largos años de estudio
para titularse, y luego exige una actualización constante. Se trabaja con
la salud y la vida de personas por lo que implica un alto grado de
responsabilidad y por lo tanto de presión psicológica. El trabajo es intenso y
a veces prolongado; y algo sumamente importante, el profesional de la
salud trabaja en medio del sufrimiento humano con el objetivo de aliviarlo o
eliminarlo, y esto trae como consecuencia sufrimiento y desgaste emocional, ya
que el buen médico, enfermera, psicólogo, etc. nunca llegan a
desensibilizarse completamente.
Lógicamente, este es el
lado sombrío de la profesión médica, y no la profesión entera. Pero
ese lado oscuro representa sufrimiento no sólo
para el paciente, sino también para el profesional que lo atiende. Y si estos
no están lo suficientemente motivados, si la actividad laboral no forma
parte del sentido de sus vidas, el sufrimiento será aun mayor, y lo que es
peor, generará sufrimiento humano, ya que atenderá sin deseo al
paciente o con hostilidad, cuando el paciente necesita mucho apoyo y
comprensión de su dolor y salud quebrantada por lo que inevitablemente
incurrirá en iatrogenia y/o en violación de la ética profesional. (26
La iatrogenia, de iatros
(médico) y genia (engendrar), abarca todos los efectos nocivos que pueden
derivarse de la gestión médica, e incidir sobre los pacientes y sus familiares.
(26)
Las iatrogenias más
frecuentes son aquellas relacionadas con el uso inadecuado de recursos
terapéuticos que utilizan la vía psíquica como intermediario principal y que
expresan en la clínica la realidad de nuestra observación autocrítica de que en
la relación médico-paciente, solo existe una alternativa: la psicoterapia o la
iatrogenia.
El desarrollo exitoso de
la relación médico-paciente requiere, además de la intuición, algunos
conocimientos sobre sus características básicas pues es una situación
interpersonal que cabría en la categoría de relación de prestación de servicio.
En esta categoría, por lo general, intervienen dos personas con diferentes
grados culturales y estados afectivos. Una se halla en la posición de reclamar
ayuda y la otra, en la de ofrecerla, y su interacción se produce por vías
verbales, extraverbales, táctiles e instrumentales. El éxito de la misma
depende de la capacidad del médico para manejar la situación de inferioridad
del paciente mediante el respeto, la atención y el trato afectuoso, y de su
preocupación y su capacidad para satisfacer los objetivos básicos del enfermo:
saber qué tiene, aliviarse y curarse. (27)
Si la relación
médico-paciente fuera mala, las mismas conexiones determinarían efectos
opuestos. (28)
La iatrogenia producida
por relación deficiente médico-paciente puede deberse a la subvaloración de
este aspecto por parte del facultativo, a su desconocimiento de los factores
psicológicos básicos de la relación o a la inseguridad y la angustia que surge
ante la enfermedad del paciente o ante situaciones humanas del interrogatorio
extraprofesionales que el médico involuntariamente desplaza sobre sus enfermos.
(29)
En Medicina decimos que ”interrogar es un arte” pero cuando se trata de
pacientes ancianos se trata de un “arte mayor,” Al realizar el interrogatorio,
de forma intuitiva, el anciano valora, de acuerdo con las preguntas que se le
formulan, el grado de interés mostrado por el médico sobre su problemática.
El interrogatorio puede
ser deficiente: por su brevedad, ya que se percibe como manifestación de apuro;
por indiscreto, apreciación del paciente cuando las preguntas no tienen una
relación clara con su problemática; por inducir síntomas, sobre todo en
pacientes muy sugestionables como lo son de hecho la mayoría de nuestros
senescentes; por utilización de términos que el paciente no conoce, deficiencia
productora de grandes dificultades de comunicación; y por mala sistematización,
error que causa serias dudas sobre la capacidad del médico, en pacientes con
alto desarrollo cultural. (30)
El interrogatorio mal
encausado expresa que el médico no se ha preocupado por escrutar qué espera de
él su paciente y a qué nivel lo espera. Debemos tener presente que los ancianos
buscan en el personal médico el apoyo y comprensión que les es negado con
frecuencia por las personas que los rodean, demandan más atención y paciencia
de nuestra parte, en ocasiones nos refieren muchos aspectos que no tienen
relación con lo que queremos investigar o por el contrario pueden mostrarse
“impenetrables” o con miedo a referir sus quejas y preocupaciones. (31)
El examen físico puede
ser deficiente por iguales causas que las señaladas en el interrogatorio, pero
sus fallas son más significativas para el paciente geriátrico, ya que valora
este aspecto del trabajo médico como el más importante. Se siente atendido solo
si el médico” le pone la mano encima” o refiere que “ni lo tocó.”
Se debe recordar además,
que acude al médico a dialogar con la ciencia y que para él ésta habla mediante
los instrumentos, cuyo efecto "mágico" positivo no debe ser olvidado
por el facultativo, quien debe evitar la insatisfacción del deseo de ser
explorado técnicamente cualquiera que sea la especialidad médica.
Por lo general, además
de su motivo de consulta, el paciente anciano sufre temores hipocondríacos que
muchas veces no expresa y que pueden ser la expresión de una depresión solapada,
por lo que el examen confirmador de su buena salud tiene un gran poder
ansiolítico y hasta antidepresivo.
Por ejemplo ¿Él no me va
a tomar la presión?, expresión frecuente en especialidades no clínicas, pone de
manifiesto esta aspiración del enfermo. (32)
Por otra parte, un
examen físico demasiado minucioso o repetido por el mismo médico o por
compañeros de trabajo o alumnos, crea grandes angustias en el paciente. Esta
situación es muy difícil de controlar en hospitales docentes donde se establece
muchas veces el conflicto iatrogenia-docencia.
La causa más frecuente
de iatrogenia por deficiencias en el examen físico es la subvaloración que
hacen muchos médicos del notable efecto reforzador de la terapéutica de un
examen físico que satisfaga al paciente. El médico debe programar la
exploración de su paciente, valorando no sólo sus necesidades para el
diagnóstico, sino también las preocupaciones de la persona que asiste.
Queremos señalar
además la importancia de enseñar a nuestros educandos el respeto al pudor de
los pacientes en general pero sobretodo si se trata de adultos mayores. (33)
La información al paciente es la causa más
frecuente de iatrogenia y también la productora de los efectos más nocivos
entre todos los producidos por vía psicológica. (34)
Las deficiencias en la
información pueden consistir en:
Información omitida o
insuficiente. La prescripción puede ocurrir sin información alguna o estar
simplemente precedida por frases como ésta: "El estudio realizado arroja
que usted tiene una pequeña úlcera en el duodeno" (hubiese sido muy
oportuno agregar) "que con un tratamiento bien llevado curará en 4 o 5
semanas". La información omitida o insuficiente expresa muchas veces el
olvido por parte del médico de que uno de los objetivos del paciente es saber
qué tiene y cuál es su pronóstico.
Información excesiva.
"Su enfermedad respiratoria, en la actualidad, y gracias a los adelantos
de la ciencia, es muy benigna y las complicaciones que se describen son muy
raras, se considera que sólo aparecen en 2 % de los casos". En realidad el
paciente sólo necesitaba la primera parte de la información, que hubiese sido
terapéutica y no pensaría en que él pudiera ser ahora parte de ese 2% de los
que se complican. Muchas veces la información excesiva es un recurso
involuntario del médico para compensar su inseguridad, pues esta deficiencia es
más frecuente en médicos recién graduados y estudiantes pero de la que no
estamos exentos el resto del personal médico aunque tengamos más experiencia por
nuestro trabajo diario en Geriatría.(35)
Información angustiante. "Esos mareos son
producidos por un principio de osteoartrosis”. Le pondremos tratamiento para
aliviarlo, pero no espere que se elimine totalmente". El médico que actúe
así, con seguridad eliminaría ese error si estuviera consciente de que está
anteponiendo el cuidado de su prestigio a la curación de un enfermo.
"No me hago
responsable de su vida si usted se levanta de la cama". Aquí el médico
está manifestando en forma verbal su angustia ante el pronóstico desfavorable
del enfermo y posiblemente utilice la expresión inadecuada como recriminación a
una indisciplina que se debe al mismo sentimiento del paciente. Cuántos médicos
no han estado tentados a pronunciar la frase de "pon de tu parte".
Los que han usado este recurso deben saber que en momentos de tensión
dieron salida a su hostilidad hacia el enfermo que “no acababa de resolver y
que el único efecto conocido de esa frase es la inhibición por la angustia que
provoca en quien la escucha porque en realidad no puede hacer lo que le pide el
médico. Otro ejemplo es:" Yo a los viejos les hablo claro, lo que usted
tiene es un cáncer en el pulmón". Quien así se conduzca debe saber que con
muchas posibilidades el sadismo es un componente importante de su personalidad.
Debemos tener en cuenta que si bien el paciente tiene derecho a la verdad sobre
su enfermedad no todos están preparados para esta forma grotesca de expresión
que lejos de ayudarlo lo llevaría aún más a la depresión con la temible inmunodepresión
que se le asocia y hasta a “darle un empujoncito hacia el barranco” y aumentar
aún más la ya elevada tasa de suicidios consumados en estas edades de la vida.
(36)
Información a otro
nivel. La utilización de términos muy técnicos cuando hablamos a un paciente
puede crear notables angustias por una mala interpretación de los mismos. Una
"adenitis banal", puede por ese mecanismo convertirse en la más
terrible de las enfermedades. La utilización de estos términos evidencia el
olvido de que una comunicación sólo cumple su objetivo cuando llega al nivel
del interlocutor.
Utilización de términos
con significados populares de mal pronóstico. Las palabras trombosis, embolia,
parálisis, infarto, reforzamiento, artrosis, y cardíacas, cuando son escuchadas
o leídas en un documento médico pueden producir un notable efecto nocivo. El
facultativo debe reconocer la importancia que tienen los pronósticos populares
para los enfermos. (37)
Informaciones
contradictorias. Los mensajes contradictorios son fuente importante de angustia
cuando son transmitidos por el médico, pues conducen a la inseguridad, la
desconfianza y el temor. El estudio crítico de algunas de nuestras
comunicaciones a los pacientes, descubriría ambigüedades como éstas: "No
se preocupe, no es nada importante; pero es necesario que venga usted a
examinarse semanalmente para evitar complicaciones".
Sin duda alguna, son dos
mensajes contrarios transmitidos por la misma vía verbal. Otras veces, el
médico, luego de revisar una gráfica de ECG en presencia del paciente, y
manifestar todas las señales extraverbales de preocupación y disgusto, se
dirige al paciente con esta frase: "Como le decía, su corazón está
absolutamente sano". Así incurre, de forma involuntaria, en una
contradicción extraverbal-verbal.
La contradicción
hablada-escrita es también bastante frecuente y se nos escapa en
referidos y órdenes de exámenes complementarios.
Nuestra comunicación de
que un “dolor en el pecho” carece de importancia, no debe ser seguida de una
orden de ECG donde aparezca la palabra urgente.
Las comunicaciones
contradictorias hacen evidente el deseo consciente de atenuar la angustia del
paciente y la expresión involuntaria de la preocupación del médico. Quien
comete este tipo de contradicción, ha dado ya un paso de avance en la lucha
contra la iatrogenia y sólo necesita controlar sus expresiones involuntarias
para que el triunfo sea completo.
Informaciones
inconsecuentes. El médico debe cuidar que sus orientaciones sigan siempre la
misma dirección. Situaciones como las siguientes generan en el
paciente notable inseguridad y desconfianza en el facultativo:
"Doctor, en la
consulta pasada usted me autorizó a fumar con moderación y ahora me increpa por
fumarme un cigarro". Es muy posible que en la pasada consulta el médico
tuviera mejor estado de ánimo que en estos momentos.
Falta de discreción con
la información. Ejemplos clásicos son las palabras que se escapan en los pases
de visitas, los diagnósticos que se nos van en los certificados, los referidos
y las órdenes de exámenes complementarios, los elementos diagnósticos y
pronósticos transmitidos por el personal paramédico, y los datos recogidos por
el paciente de su propia historia clínica aprovechando un descuido o porque
nuestro propio personal se la entrega, error grave que hemos podido constatar
en más de una ocasión.
Énfasis en la iatrogenia
que se produce en los salones de operaciones cuando el paciente no ha perdido
aún la conciencia por el anestésico administrado. En ese momento se crean
condiciones similares a las que ocurren durante un narcoanálisis (inyección de
barbitúricos, con fines de aumentar la sugestionabilidad del paciente). Por
dicho mecanismo, quedan profundamente grabadas en la mente del enfermo las
comunicaciones verbales que escucha Además, en el anciano por el propio proceso
de envejecimiento ocurren cambios en la farmacodinamia y farmacocinética por lo
que debe valorarse el riesgo/beneficio del uso de dichos medicamentos en estas
edades. (38)
Descuidos en la
programación de informaciones masivas. El médico cada vez se proyecta más hacia
su medio, y éste condiciona la utilización de recursos masivos de
comunicaciones, la prensa escrita, la radio y la televisión son las vías más
usadas para comunicar conocimientos a la población. La característica notablemente
heterogénea de la masa humana que entra en contacto con dicha información, hace
que se modifiquen de forma extraordinaria las condiciones de comunicación
a las que el médico está habituado en su trabajo diario, y preparan el terreno
para la iatrogenia si no se valora con cuidado cada una de las ideas. Las
siguientes líneas son tomadas de una revista popular.
"¿Es hereditaria la
enfermedad de Alzheimer? Desde hace tiempo muchos psiquiatras y
gerontólogos lo estudian por ser incurable."
"La utilización de
medicamentos como el Haloperidol y la Tioridazina puede ser eficaz en los
trastornos cognitivos pero a su vez puede convertirse en un arma mortal para el
anciano."
Tanto el que tenga un
progenitor con esta enfermedad como el propio paciente que aún pueda pensar por
sí mismo, al momento de leer estas líneas posiblemente serán víctimas de
iatrogenia.
Los métodos transmitidos
en forma verbal, los escritos con letras ilegibles o muy pequeñas y, sobre
todo, aquellos donde se utilizan muchos fármacos, determinan angustia en el
paciente y la polifarmacia es, entre todos, la que genera mayor grado de
iatrogenia, ya que el paciente considera que su afección debe ser grave al
necesitar tantos medicamentos. Aunque queremos hacer la salvedad de que hay
pacientes ancianos que si el médico no le prescribe ningún medicamento o solo
uno refieren que “no les gusta ese médico porque no sabe nada” ya que algunos tienen ”adicción” a múltiples medicamentos y es ahí donde el
arte de informar del galeno tiene que ponerse a prueba porque nunca es tarde
para educar y mucho menos para aprender.
La violación de la ética
médica es la forma de iatrogenia que puede producirse indistintamente si
la trasgresión ética se produce con el paciente, con su familia o con otros
miembros del equipo de salud, o con otros médicos.
La indiferencia de un
equipo en lo relativo a respetar el pudor del paciente, la comunicación al
esposo con trastornos sexual de las confidencias recogidas en una entrevista
con su cónyuge y las críticas destructivas sobre la conducta médica del
compañero que remite un enfermo, serían ejemplos respectivos de las tres
categorías de violaciones éticas arriba enunciadas. (39)
Quien critica a un
compañero en presencia del enfermo, seguramente ignora que la pérdida de la
autoridad científica de dicho colega en la apreciación del paciente que nos
escucha, determinará una gran inseguridad en ocasiones futuras, cuando necesite
nuevamente su atención.
El problema ético es una
necesidad actual por lo que tenemos que tener en cuenta:
Ø
Decir la
verdad: “el deber de decir la verdad constituye un requisito para toda la
comunidad moral. Adquiere una especial importancia en la relación médico
paciente en la que la confianza es esencial debido al desigual poder y las
graves decisiones médicas.”
Ø
Autonomía:
“Su propósito es permitir a los pacientes competentes que tomen sus propias
decisiones en cuestiones de salud basándose en sus propios valores.”
Ø
Competencia:
“La capacidad legal del paciente de comprender las posibles consecuencias de su
decisión y las alternativas de que dispone.”
Ø
Confidencialidad:
Este principio se basa en que el médico no divulgará la información privada del
paciente. (40)
En el Servicio de
Hospital de Día de Geriatría del HCQD ”10 de Octubre”
se trabaja con un equipo multidisciplinario dirigido por el médico Geriatra, lo
que nos ha permitido trabajar unidos pero con la supervisión del
especialista al hacer una evaluación conjunta, donde todos aportan información
que puede resultar relevante a la hora de tomar la decisión de si informa o no,
cuándo y cómo.
Después de realizados
los exámenes clínicos y de laboratorio correspondientes, y de llegar a un
diagnóstico positivo, se reúne el equipo con la familia, a la cual se le
comunica el diagnóstico de su paciente, se respetan de igual manera los
preceptos básicos tanto éticos como humanos y se le ofrece la oportunidad de
reunirse con sus integrantes, tantas veces como sea necesario, cosa que
generalmente ocurre más de una vez, antes de que se tenga el primer encuentro
con el paciente. (40)
Una vez ya conocido el
diagnóstico por los especialistas, comienza el proceso de evaluación del
paciente teniendo en cuenta:
Ø
El
equilibrio psicológico: ser capaz de prever las posibles reacciones emotivas
afectivas. Conocer cuáles han sido las reacciones de éste ante situaciones
difíciles de su vida, lo que va a permitir conocer en principio, y de manera
muy somera, su estructura psicológica de base.
Ø
La edad:
nunca será igual informar a un adulto mayor entre 60 y 70 años que a un
octogenario o a un longevo, pues ni su historia, ni la manifestación clínica y
reacción psicológica ante sus patologías serán las mismas.
Ø
Rol social:
es importante valorar el rol social y el proyecto de vida del paciente anciano,
sus aspiraciones, las expectativas y la posibilidad de ayudarlo a reorganizar
ese proyecto ya que muchas veces se produce la pérdida del mismo sobretodo
después de la jubilación o por invalidación por una enfermedad.
Ø
Tipo de
tratamiento e impacto emocional sobre el paciente: el tipo de tratamiento
también influye en la posible respuesta del paciente porque debemos tener
en cuenta que “existen pacientes y no enfermedades”, principio que en los
adultos mayores es aún más importante ya que las manifestaciones clínicas en
ellos son muchas veces atípicas y por eso algunos galenos pueden confundirse y
cometer errores en el diagnóstico y por supuesto en el manejo terapéutico de
los mismos cometiendo iatrogenias graves dadas por el desconocimiento de estas
particularidades en los ancianos. ¿Qué conocimiento actual tiene acerca de lo
que le está ocurriendo, qué quisiera conocer, qué piensa de lo que le ocurre,
hasta dónde le gustaría saber? (40)
Estos aspectos servirán
de guía para modular en cualquier sentido el nivel de información y decidir
unido a la familia, respetando siempre su opinión, el tipo de información a
brindar.
Una vez tomada esta
decisión, la reunión se efectuará en un lugar tranquilo, que tenga privacidad y
un mínimo de comodidades, previa coordinación para que el tiempo a emplear sea
todo el necesario, no debe haber apuro, ya que la manera de comunicárselo
tendrá tanta o más importancia que el contenido de ésta. (41)
La comunicación debe
brindarla el médico de asistencia, es en la experiencia práctica la persona
ideal, quien mejor dotado está de los conocimientos del proceso evolutivo de su
historia individual y si el paciente lleva algún tiempo ingresado, es también
en quien éste ha depositado su confianza, y quien más dominio tiene del
tratamiento actual y futuro, del pronóstico y de la posible evolución de la
patología.
En ocasiones ocurre que
la familia prefiere ser quien informa, entonces se les brinda toda la ayuda
psicológica necesaria y se les dan las recomendaciones, por lo general cuando
la familia decide informarlo lo hace sola, sin la presencia del personal
especializado, sólo en muy pocas oportunidades piden la asistencia de alguien
del equipo en este acto.
Se ha podido constatar
en la práctica, que la presencia del médico de asistencia y el psicólogo, unido
a la familia, forman la tríada con mejores resultados en el proceso de brindar
la información en nuestro servicio.
Ya con el paciente, en
el acto de brindar la información, hay elementos muy importantes a tener en
cuenta; mostrarse seguro de poder ayudarlo, ser empático, hablar despacio, no
usar tecnicismos, pues es un error relativamente frecuente, escuchar al
paciente, permitirle preguntar y estar dispuesto a tener próximas entrevistas,
éste no debe ser un acto único. (41)
Algo que se considera
esencial es que después de haber brindado la información, el paciente sepa que
lo verán con la misma frecuencia que antes, siempre habrá alguien del equipo
médico con el cual él podrá contar para esclarecer sus dudas, que lo
acompañará, que compartirá con él sus miedos, sus esperanzas y que además,
ayudará a su familia. Se cita al médico de familia de su área para transmitirle
todas las orientaciones acerca de su paciente para un mejor seguimiento en la
Comunidad.
Decir la verdad supone
el compromiso previo de ayudar a integrarla, de compartir las preocupaciones,
de acompañarle en su soledad interior, de caminar juntos y de prepararlo en
algunas ocasiones para recibirla.
Se le informa a la
mayoría de los pacientes acerca de sus problemas de acuerdo al tipo de
enfermedad que presenten y teniendo en cuenta su nivel intelectual,
capacidad mental y estado psicológico lo que se hace de manera diferenciada de
acuerdo a cada caso.
Sólo unos pocos no son
informados y esto va a estar dado fundamentalmente por la oposición de la
familia a que se le comunique sobre su patología como por ejemplo los que
presentan procesos oncoproliferativos, ancianos con deterioro mental importante
o estados psicoafectivos que no permiten conocer toda la información acerca
del problema que presentan, decisión que siempre es respetada por el
equipo.
Nunca se usan palabras
como cáncer, neoplasia, tumor, demencia, incurable, letal, invalidante, pero si
se es honesto, se debe explicar, por ejemplo: “Lo que tienes es un tipo de
enfermedad que no es buena como no lo es ninguna enfermedad pero puedes mejorar
porque has llegado a tiempo y el tratamiento que hay que ponerte es..., para
que puedas seguir llevando la vida junto con tu familia en el hogar y vas a
venir a nuestro departamento los días…….”
La información se dará
siempre en términos de “verdad soportable”: la que pueda asimilar y aceptar el
paciente, la “soportabilidad” es cambiante en función del tiempo de evolución y
de la información recibida. (41)
Finalmente se puede
concluir que:
Cuando el paciente
conoce su patología, coopera mucho más con el tratamiento, no piensa que es un
castigo, y así se evita que el “pensamiento mágico” de éstos los lleve a
sentirse culpables por algo, lo que va a permitir reestructurar su vida en el
presente y futuro de manera cooperada.
Se acaba la conspiración
del silencio alrededor del anciano, que tanto daño le hace de no ser necesario.
La familia puede de
manera honesta y objetiva organizar y planificar mejor todo lo relacionado con
la vida de ambos. (41)
Ni en las escuelas ni en
el hogar se nos enseña a dar malas noticias, ni aún dentro de la formación
académica profesional de nuestras universidades. Esto se aprende a lo largo del
camino que se recorrerá en el enfrentamiento con el paciente, por lo que es
importante que los especialistas que tendrán que tratar con los adultos mayores
que ya van camino hacia la etapa final de la vida y donde es muy frecuente la
pluripatología, la pérdida de roles, de la autoestima, de la autonomía y otros
factores de riesgo social, se preparen y reciban un entrenamiento acerca de
cómo manejar la información en los servicios que los atienden, reconocer que no
existen fórmulas, pero sí regularidades que permitirán guiarlos a través del
proceso de la información y lo más importante será la grandeza y la calidad
humana de quien lo hace, saber que se tiene un compromiso moral y humano con el
paciente y sus familiares para no cometer la temible iatrogenia que tanto daño
nos hace a todos pero que es incalculable en estas personas que han llegado a
la recta final, por lo que debemos esforzarnos para hacer que este camino sea
para ellos digno, ético y sobretodo feliz.
CONCLUSIONES
Es muy importante en la realización del trabajo médico y aún más en
aquellos que dedicamos nuestra vida profesional a los pacientes adultos
mayores, la conservación de la ética médica mediante una comunicación cordial
en la que se respeten todos sus principios, brindándoles el apoyo necesario en
cada una de las situaciones en que acudan a nosotros para tratar de ser lo más
comunicativos, leales y fieles a nuestra profesión pero también a los
principios de la moral establecida y de esta forma no incurrir en la temible
Iatrogenia que a veces cometemos sin percatarnos de ello.
De esta forma se facilita el trabajo con los pacientes y sus
acompañantes a la vez que mejora la calidad de las relaciones interpersonales
con los compañeros de trabajo en la rama de la Salud Pública que en ocasiones
se ve deteriorado por mal entendidos o expresiones
inadecuadas que podemos evitar.
Respetar la decisión de los ancianos forma parte de nuestra ética
profesional pero sobretodo lo haremos por ese inmenso respeto que les debemos
al ser ellos nuestras raíces y nuestro pasado.
RECOMENDACIONES
Recomendaciones para
evitar la iatrogenia y mantener vigente los principios bioéticos en la
atención al Adulto Mayor:
Ø
Pensar
siempre en no hacer daño al anciano.
Ø
Mantener
una consistente actitud psicoterapéutica ante nuestros enfermos.
Ø
Planificar
cada una de nuestras acciones en la Relación Médico Paciente.
Ø
Darle el
valor que merece al establecimiento de una buena relación médico-paciente.
Ø
Aprender a
situarnos psicológicamente en el lugar del enfermo.
Ø
Saber
encontrar las angustias del paciente más allá de las que comunica.
Ø
Valorar
cuáles son sus objetivos al acudir a nosotros
Ø
Medir con
cuidado nuestras informaciones, pero no dejar de hacerlas.
Ø
Nunca
debemos terminar una entrevista sin contestarnos la pregunta: ¿He dado a este
paciente lo que esperaba de mí?
Ø
Nuestros
conflictos humanos debemos dejarlos fuera del centro de trabajo, para
impedir que se desplacen sobre aquellos adultos mayores que buscan ayuda en
nosotros.
Ø
Expresar en
todo momento nuestro humanismo mediante el profundo respeto al paciente y la
constante preocupación por su bienestar y desarrollo.
Ø
Cumplir
siempre los principios de autonomía, beneficencia, no maleficencia y justicia,
pero sobre todo comportarnos ante los pacientes y familiares como quisiéramos
ser tratados de estar en su situación.
Tenemos que hacer que la
sensibilidad humana, la capacidad de compasión, la disposición de ayudar y de
involucrarnos en las situaciones de nuestros pacientes fluyan constantemente
del inagotable manantial de nuestra profunda vocación médica y tener por seguro
que cada vez tendremos más habilidades psicoterapéuticas y menos
potencialidades iatrogénicas gracias al empleo en nuestra práctica médica
diaria de la Bioética.
BIBLIOGRAFIA