Salud, una visión ecopsicológica Psicólogo Social. Asociación de Psicólogos Sociales de la República Argentina: Nº:1453. E-mail: wamani@ecopsycologiasocial.com.ar |
Isis
descubre el velo
Encantado de amor
augurando fulminantes estados
se combinan tinturas,
dibujando un puente con luces multicolor,
sendero entre Asgar y Gaia
Tierra
de fuego
Tierra de mar
para seguir soñando
y
poblar los jardines de la inocencia
Salud, una visión ecopsicológica
Introducción
Para comenzar esta exposición referida a Salud y esta particular visión
ecopsicológica, se me hace necesario poder determinar a modo de meseta<1>
el alcance de este término que llamo ecopsicología.
En torno a esto dedicaré esta parte del escrito a entrar en la dimensión
cuerpo.
El
siglo que hemos comenzado a transitar trae consigo los efectos de la modernidad,
poder reflexionar acerca de esto dará pautas de comprensión de
manera de ir abriendo puertas a nuevas dimensiones de percepción y así
tomar posición en torno al tema. Abocado entonces, a desandar –un
tramo- de esta compleja y multifacética madeja de conceptos, metáforas
que han organizado la concepción moderna del mundo, desde diversas disciplinas
entre ellas la filosofía, la psicología, la teoría literaria
y crítica del arte, entre otras, han puesto la mirada sobre el discurso
moderno referente al sujeto.
Señalando de manera epistemológica el cuestionamiento de la distinción
clásica sujeto-objeto, su relación cuerpo-mente. Cuestionando
en el pensamiento moderno la supuesta independencia de cada uno de los términos
planteados de manera polar, segmentado y necesitado de certezas en que han sido
pensados como separados y desconectados entre sí.
Planteando esto, nos adentramos hacia la experiencia de transitar un nuevo espacio
cognitivo donde la polaridad binaria planteada en un momento entre cuerpo-mente;
sujeto-objeto; materia-energía como dicotomías, es aborda desde
la paridad independiente y multicorrelacionadora. Sujeto en un devenir heterogéneo
de otro, no capturado por la sobrecodificación.
Se hace necesario, imprescindible –dado el momento- redescubrir
el significado fundamental de la relación sujeto-mundo, y en este sentido
comunicar la experiencia humana.
Las relaciones entre las personas y las de los individuos con el universo, pueden
alcanzar una conciencia depurada de datos muertos en compartimientos estancos,
a fin de abordar un mundo cada vez más complejo y más necesitados
de seres que en actitud multidimensional se desenvuelvan confluyentemente.
Para
comenzar este desarrollo, tomaré, al “todo”, de manera de
aportar a un contexto donde en el cual las partes a medida que se van relacionando,
pueden ser comprendidas desde una perspectiva diferente, es decir, en relación
unas con otras y con el todo. Ir arrimando, sumando, deviniendo que la suma
de estas partes es más que el todo.
Para eso –a modo de planteo de camino- pautemos un recorrido que además
de denunciar y anunciar nuestros pasos, permita en un juego infinito abrir líneas
de fuga. Pues, en este sentido considero el no caer en el enfoque lineal o secuencial
para favorecer otro que permita cuantas veces sea necesario el volver atrás,
aunque a diferentes niveles, sobre lo plasmado como material de trabajo y que
por otro lado de una u otra manera ha sido asimilado, comprendido.
De tal modo que la geografía se tornará e irá cubriendo
con material permeable, con accesos en aproximaciones sucesivas siguiendo un
camino en espiral-laberíntico multiaccesible.
La
sociedad –tal como la conocemos- no es un cuerpo aislado que pueda o deba
ser mirado en forma unidimensional, en tal sentido lo dicho líneas arriba
lleva al encuentro de tomar a la misma como una totalidad donde tienen cabida
y se integran diferentes disciplinas con múltiples niveles de complejidad.
Poniéndose de relieve la multiplicidad de los valores culturales e individuales,
lo relativo a lo que concierne a la concepción del mundo y de la manera
en que cada situación social se expresa en cada individuo. Esto pone
de relieve conceptos de límite, causalidad recíproca, interdependencia
y equilibrio dinámico en el estudio de los sistemas complejos, integrando
noción de tiempo, biología, economía, ecología.
Para ello, lo natural y sus reinos pueden propiciar un momento para preguntarse
¿Qué animales viven en relación simbiótica? ¿Qué
se puede decir del ciclo del agua en la tierra? ¿Tiene alguna relación
con otros sistemas? ¿Cuál es la impronta humana?
A escala individual este proceso debería examinarse desde una perspectiva
histórica trazando su desarrollo a través de las etapas de industrialización
y de los nuevos avances científicos, todo en relación con la época
actual en que el contexto global, especialmente el referido al medio ambiente
y recursos naturales ya que exigen nuevas definiciones y el diseño de
alternativas. Llevando al mundo de lo cotidiano la cuestión de calidad
de vida y qué se quiere decir con ello y la implicancia del sujeto en
todo esto, a modo de aprendizaje se tornará una real actividad perenne
de toda acción siendo un medio para disfrutar, sentir, producir, objetivar
y contribuir, como así también una oportunidad para alcanzar una
conciencia más profunda de las relaciones del ser humano con su mundo.
Jugándose en lo social lo multidimensional tendiendo a plantear en las
más amplias implicancias de las acciones personales, la manera de enfrentar
y concretar un mundo cada vez más complejo en el que cada dimensión
con sus diferentes áreas está inextricablemente conectada a otras.
Para abordar este entramado social gestado en fin de siglo, es importante agenciar
un nuevo espacio cognitivo donde se tenga en cuenta el cuerpo emocional y la
mente corporalizada, me atrevo a incluir también al espíritu imprimiendo
sentido.
En este aspecto, el cuerpo entra en escena desde una experiencia social e histórica-comunitaria
atravesando dialécticamente multiplicidades del imaginario colectivo.
Es decir, cuando hablo de cuerpo doy cuenta de lo encarnado en rol y función.
Cuerpo de padre, madre, desde lo epistemológico, como cibernauta, como
psiconauta, amantes etc. Y es así que se podrá producir sentido
con relación al cuerpo desde lenguajes como la pintura, escultura, fotografía,
computación animada, la danza, los rituales ancestrales ya algunos de
ellos olvidados. Cuerpo que al roce de epidermis conjuga suma de deseo... línea
de fuga.
Si
salimos del mundo positivista, que ha sostenido la distinción entre un
cuerpo material e independiente, las cosas dejan de ser objetos puros del mundo
físico y pasan a ser objetos de experiencia. De una experiencia humana
de interacción en contexto, constantemente atravesada por la peculiar
corporalidad, la peculiar cultura, emociones y hasta el propio lenguaje: lo
heterogéneo produciendo subjetividad.
Al respecto, quisiera destacar la importancia de la construcción de paradigmas
que abran puertas a un importante campo donde no sea separada la experiencia,
la cultura, la biología y el lenguaje. Dando paso e inaugurando un camino
donde tenga lugar el pensamiento complejo, permitiendo producir herramientas
para lo diverso estableciendo diferencia desde el pensamiento contextual.
Comprendiendo la inteligencia en dimensión a reconocer la transmultidimensionalidad
y su misma dimensión compleja de este modo de interacción en el
ambiente humano y su mundo, generando herramientas que permitan poner en relieve
la importancia de lo diverso.
Sujeto
encarnado... el verbo habita entre nosotros
El hombre en lo referente a su cuerpo y sus funciones fisiológicas pertenece
al reino animal y se mueve en un medio que le es propio de acuerdo a una historia
que tendrá que ver con lo hereditario.
Este animal se mueve y forma parte de la naturaleza, obedece a leyes biológicas
que le son naturales y vive en completa interdependencia con el medio que le
es natural.
Cuando el animal trasciende la naturaleza y se posesiona en la misma se emancipa,
la vida adquiere conciencia de sí misma y con su razón e imaginación
rompe una armonía, característica, por otro lado, de la existencia
animal.
Y aunque forma parte de la naturaleza es extraño a ella, aún compartiendo
el medio en el que otras criaturas se desarrollan. Al tener conciencia de sí
mismo se da cuenta de la importancia de acceder a su lugar y descubrir como
éste cargado de limitaciones lo obliga a no detenerse en resolver la
eterna dicotomía de su existencia, entrando y saliendo de situaciones,
permaneciendo por añadidura en un estado de desequilibrio constante;
inevitable y signo de movimiento constante en un medio que -también-
cambia constantemente. En ese sentido la especie humana no puede repetir un
patrón predeterminado que marque cómo tiene que ser vivida la
vida..., ésta se va encontrando en su mismo caminar.
El nacimiento del hombre ontológica y filogénicamente hablando
lo carga en su intimidad más profunda de negatividad. Pierde su unidad
con una naturaleza que lo acosa como cuerpo extraño a sí misma,
sintiendo la “ira de Dios” en palabras de Rodolfo Kusch. Tiene que
construir nuevos instrumentos que sustituyan al instinto, naciendo y dando nacimiento
de esta manera al sí mismo; acontecimiento fundante de la humanidad.
Cuando el hombre trasciende el umbral de lo instintivo deja de ser animal y
comienza a escribir la historia de la especie Homo Sapiens. Esto coloca al humano
en la cuestión que el nacimiento no es cosa fácil, implicando
todo un proceso complejo e interdependiente en lo ecosocial.
Cada movimiento está implicado en un juego de renuncia que abre puertas
pero también imprime temor a lo desconocido. Karl Marx partió
de la idea de que el hombre es un ser reconocible y determinable pudiéndose
definir como tal biológica, anatómica y fisiológicamente
mas psicológicamente.
Y distingue dos tipos de impulsos los constantes, que obedecen a mantener a
la especie: la reproducción y el hambre. Los instintos que deben a su
origen a ciertas estructuras sociales y a ciertas condiciones de producción
y comunicación. Dando como ejemplo la necesidad de dinero como la necesidad
creada por la economía de mercado, como la necesidad que este tipo de
modelo crea.
El hombre, ya inserto en la historia conoce al mundo y varía su curso
en la historia, se automatiza a través del proceso de su trabajo y su
producción y para que esto tenga lugar, es decir: conocer al mundo, el
hombre tiene necesariamente que apropiárselo.
Cuando el hombre no puede captar al mundo y éste permanece ajeno a él, se experimenta al mundo y a sí mismo pasivamente, decir como sujeto separado y alienado del objeto. Muy especialmente en el proceso del trabajo en la sociedad capitalista el hombre se enajena de sus facultades creadoras, constituyéndose los objetos fruto de su trabajo, en ajenos e independientes del productor, descubriendo la condición del hombre como un engranaje mas que sirve solo al sistema de producción y no éste al hombre.
El cuerpo aparece como central situándose en medio del torbellino expresando el malestar y el desequilibrio, lo que no funciona poniendo en tela de juicio en su concepción más abarcativa a la Oikoumene.
De
esto depende la salud y ésta del concepto que se tenga de la naturaleza
humana. Las necesidades que el hombre comparte con el animal son por supuesto
importantes ya que de ellas depende que perdure y se proyecte como especie en
tiempo y espacio, estas necesidades adquieren cierta dificultad ya que el camino
a transitar para encontrar, al menos la punta del ovillo, la encontramos en
el modo en que esta sociedad está organizada y de cómo esa organización
determina las relaciones de los hombres que viven en ella.
Transitando la transmultidisciplinaridad el conocimiento implica interacción,
relación, transformación, interdependencia y co-evolución.
Implica una ética-estética del estar.
Es en este punto que desde lo contemporáneo se lleve a pensar en un cuerpo
multidimensional es decir: un cuerpo material y energético, racional
y emocional, sensible y mensurable, personal y vincular, real y virtual atravesado
por www, lo llamaría un “hiper-cuerpo-vincular”. Y en este
sentido abriendo posibilidades a “ver”, “escuchar”,
“sentir” con todos los sentidos y organos vinculantes a un espacio
propio donde se vive –espacio nave Gaia-, entorno cambiante y propiciatorio
a la experiencia mutatis mutandis en la relación de este sujeto encarnado
y su mundo, que a diferencia de los presupuestos de la modernidad (cuerpo máquina),
este cuerpo vivencial no es abstracto ni ajeno de la experiencia como sujeto
ético-estético-político.
Cuerpo vivencial que en tanto entramado, constitutivo de un territorio autónomo
y ligado al entorno con el que produce permanente intercambio de conocimiento,
miríadas de datos a procesar. Participando así el sujeto de cambios
y transformaciones.
Como sujeto encarnado en un estar (bien-estar) diferenciado profundamente del
sujeto fragmentado y polarizado, se desarrolla en una trama evolutiva y está
ligado a experiencias sociales y personales, a agenciamiento de nuevas tecnologías,
a complejas relaciones físico-químicas, biológicas y su
comunicación en sistemas abiertos. Relacionado con la riqueza de perspectivas
geográficas donde convivir y que otro mundo es posible, el sujeto encarnado
(reconocido como tal) disfruta del poder de la co-creatividad y de la elección.
Pero debe dar cuenta del mundo que ha co-creado y esto lo coloca en el estar
ético-estético-político... comprometido.
Salud
ancestral... salud
La psicología es social y como tal, incluida en una compleja trama de
relaciones transdisciplinarias. Es de este modo que tomo como tema la salud
en tanto que atañe a terapeutas que actúan a favor de la salud
y en calidad de elevar de manera solidaria la calidad de vida. Salud que se
determinará en tanto y en cuanto tengamos presente el dimensionamiento
de sujeto, éste tomado como una unidad Bio- Psico-Social-Espiritual,
interactuando en sistemas solidarios y de relaciones abiertas en permanente
intercambio con otros sistemas.
¿Por qué se hace –desde esta ponencia- dimensionar al sujeto
y su relación con la salud? Pues estamos viviendo en un mundo que cambia
de manera avasalladora, tal es como suceden estos cambios que por momentos no
se llega a tener parámetros para redimensionar lo que es. Y esto está
íntimamente ligado a la salud. Como forma de estar como manera de posicionarse
en una determinada dimensión, por lo tanto como una manera de ser que
deviene ética.
Entonces de esto se trata la visión ecopsicológica de la salud.
De la manera en que reconocidos ya como sujetos tomamos relación y posición
en un sistema determinado. Oikos que en griego determina el lugar de hábitat,
casa y en su acepción ecológica de ecología profunda, social
donde el sujeto se cuestiona acerca del derecho a existir dentro del entramado
de los miles de miríadas de posibles estéticas que a diario se
presentan.
Esto requiere de un ejercicio que a diario se presenta y que no siempre se está
a la altura de la circunstancia y es el de abrirse de certezas estableciendo
diferencia y descubrir o redescubrir nuevos y múltiples decires en nuevas
expresiones de subjetividades.
El sujeto cartesiano se enfrenta a un mundo donde las certezas lo llevan a perderse
para, en ese ejercicio, la posibilidad de encontrar-se en su ser y estar, mas
junto a otros en lo comunitario poder dar forma al deseo y co-crear junto a
Gaia. Concepto que relaciona al sujeto con el lugar donde vive y se recrea de
manera infinita, para los griegos la tierra –Gaia- es un órgano
viviente y todo lo viviente en todos los reinos de la naturaleza, somos el canal,
los nervios y órganos de ésta
Pacha-órgano, de ahí la importancia de poder establecer elementos
que permitan un abordaje transdiscipliario en torno a la manera de poder restañar
la unidad en la biodiversidad, unidad perdida en cada certeza que estratifique
el conocimiento del sí mismo y su medio ambiente. Unidad que dista de
la uniformidad.
Así las relaciones sociales, el ambiente y la suma de subjetividades
tienen clara influencia sobre la salud y si tomamos el término salud
como la posibilidad de adaptarse creativamente al cambio
–llamemos crisis a modo de peligro y oportunidad- éste amplía
su dimensión cartográfica permitiendo un abordaje abierto, estableciendo
y diferenciando sistemas para poder así desde la diferencia relacionarlos
en torno al proceso de salud. Tema íntimamente ligado al respeto por
la Pachamama y todas las manifestaciones de vida. En este estado de cosas se
establece que la relación con el medio ambiente –Pachamama, Gaia-
está estrechamente ligado a una sutil, profunda e íntima relación
con la propia naturaleza humana.
Lo
ancestral de la salud
Los pueblos originarios han establecido códigos relacionales con los
elementos de la naturaleza, los ríos, las plantas, los animales, los
astros, etc.
En esta cosmovisión el ser humano, el habitante de Gaia, está
inmerso en un mundo poblado de seres vivos, donde él como ser vivo y
humano forma parte de una cadena vital con la que tiene intercambios benéficos
o maléficos. Y es con estas fuerzas que se intenta establecer relaciones
que favorezcan la salud, individual que se manifiesta de manera comunitaria
en sus variadas formas de desarrollo... en suma un bien-estar en contraposición
al malestar caótico de las fuerzas de la naturaleza.
Así la salud no es solamente un buen estado físico sino armonía
con el entorno visible e invisible. Somos naturaleza, cuando se habla de peligro
llamando la atención a que la tierra va a desaparecer debemos preguntarnos
si es así y si quienes están en peligro no son estructuras que
sostienen formas dicotómicas de relaciones, fragmentando la bio-unidad
natural capturando deseo.
La tierra, a cada momento y en todo lugar está recreando o creando y
ampliando su forma de relacionarse entre los múltiples sistemas que la
componen. Cuando el hombre confundido creyéndose ajeno a la tierra, algo
diferente a ella establece una distancia no favorable a su comprensión
establece relaciones desde el mal-estar. Un estado no saludable complicando
su manera de estar y por lo tanto de ser en la Pachamama.
El legado de los pueblos originarios nos presenta el término salud emparentada
con un “estar” integral y comprometido con el momento histórico
y de ésta manera una postura existencial, comprometidamente política
(ver anexo)
Planteado
esto, la manera de agenciarse del conocimiento compromete desligar representaciones
preestablecidas en pos de mapas de subjetividad. En su cosmovisión los
pueblos originarios nos remiten a una manera particular de establecer el parámetro
de adquisición de conocimiento por lo tanto la manera de establecer un
bien-estar (salud), que siempre –repito- es comunitaria. Se bien-está
cuando la tierra devuelve en frutos benéficos su interacción con
el hombre que la orada.
Para quien experimenta este tipo de relación con la naturaleza, con el
entorno en el que está inserto en el colectivo social, puede comprobar
que la experiencia es personal y que hay una forma especial con la que el individuo
se relaciona, pero su edificación será comunitaria-colectiva.
Sólo si se es capaz de tener una fuerte experiencia comunitaria se es
capaz de aprender a aprenderse, de mutar junto al tiempo y poder ser un co-creador
junto a quien constantemente está estableciendo nuevas formas de vinculación;
la tierra cambia y hasta la tierra reclama por esa unidad
El grupo, la comunidad como forma de expresión de ese bien-estar pasa
a transrelacionar elementos que en su aparente forma no lo están. Cuando
se “sana”, se sana y se cura al cuerpo social en el que se está.
Se restaña la forma de poder proveerse de alimento, de obtención
de caza y pesca, la manera de poder cultivar mejor el campo, la mejor forma
de encarar un trabajo que tenga en cuenta la armonía del medio ambiente
cualquiera sea éste, la manera de poder ser generadores de proyectos
que tenga por actor a quienes busquen verdades a partir de relacionar signos.
O, la mejor manera de encarar el futuro en lo colectivo, recontratando la suma
de subjetividades.
Es aquí donde este estar o bien-estar se emparienta con el derecho a
la salud, el derecho a levantarse y ser levantado del estado de captura en que
se encuentra quien presa del autoritarismo es cargado con falsos dioses que
como en la histórica conquista traen objetos que intentan llenar un vacío
alejando al sujeto de su relación con su medio y su naturaleza, alienando
y fragmentándolo en un salto de tiempo sacado de su devenir histórico,
capturando al deseo (momento reproducido en la revolución industrial).
Cuando esto sucede, deviene máquina de guerra, resistencia micropolítica
que enfrenta en línea de fuga la usurpación de la sobrecodificación
y la captura.
Es en este sentido que los pueblos originarios son máquina de guerra,
fluyendo en el río, el aire la montaña, al construir terrazas
para sembrar. Siempre mutando siendo ser. Otro posible, propiciando encuentros
con lo inconsciente en la producción de deseo. Sentando precedente en
una particular manera de hacer camino al andar.
Corte
de ruta para transitar otros caminos
También podría decir la imaginación al poder. El “estar”
de estas páginas intenta establecer una dimensión de lectura estableciendo
la diferencia, de presentarse ante lo hegemónico y homogéneo que
en su afán de llenar el vacío existencial intenta tapar con objetos
que ponen en funcionamiento la máquina abstracta; la pregunta que se
me presenta es ¿Cómo poder hacer de esto un devenir de nuevas
y múltiples posibilidades?
Sentir con las manos, con los pies con la vida que bulle y se agita en cuerpos que se balancean al compás del kultrun. De danzas que dibujan nuevo mirar en nueva canción
Somos
este estar, la naturaleza salvaje y primitiva que forma parte de este andar,
de esta afanosa búsqueda por cierto interminable, nunca acabada e imposible
de colocar en la vidriera de un talk show para su venta a modo de easy ready
de respuestas rápidas y prefabricadas. Parte del encuentro y confluencia
de la vocación del hombre por ser, descubrirse co-creador y testigo válido
del devenir colectivo.
Somos, decía, el lugar de lo que no existe... el lugar del deseo como
presencia de este estar en lo que no existe; de aquí que ante la arrogancia
de la certeza se corte la ruta trazada (impuesta) donde se enarbolan y sobrecodifican
subjetividades. Para, así, descubrir otros caminos posibles abierto al
otro distinto y al colectivo heterogéneo convocando e invocando la multiplicidad
en el nosotros.
Postura de vida, íntimamente vinculado al “estar” al culto
a la Tierra al Sol a todos los elementos, legado de los pueblos originarios
en orden a la cultura del disfrute. Pues las cosas no tienen que ser útiles
sino dar placer, que en su infinita creatividad deviene máquina mutante
cambiando el ya –hoy- que es mañana.
Por supuesto que todo esto es vida ya que la vida no es o no existe solo por
ser práctico el vivir, sino que tiene que ver con la forma de estar y
ser feliz.
Lo
práctico –según San Agustín- tiene que ver con del
des-frute, lo útil como medio para un fin, los objetos carentes de espíritu
y que capturan a la máquina de guerra en el intento de reemplazar a la
naturaleza y de arrancar al hombre de la cosmogonía mítico-mágica
donde todo tiene vida y en este espíritu todo en fulminante y poética
relación. Objetos que responden a necesidades y a la cosa útil.
Disfrutar viene de fruto y éste del verbo latino frui que es gozar de
un bien deseado por el gusto y la promesa del goce prometido. De la herramienta
que, es utensilio y determina la forma en que el hombre se relaciona con su
mundo y expresándolo a éste.
Invitación al fluir en la reterritorialización de nuevos amaneceres,
Con la luna,
Con el sol pintado de estrellas...
Amando, mientras se juega el gran juego.
Anexo
Wiphala, unidad en la diversidad
La
patria ancestral de los Qhishwa-Aymaras cuenta entre sus emblemas más
importantes a la sagrada Wiphala, compuesta por los siete colores del arco iris.
La Wiphala es el símbolo de identificación nacional y cultural
de los andes amazónicos, es el emblema de la nación colectivista
y armónico, la representación de las actividades diarias del hombre
andino en el tiempo y en el espacio. La Wiphala es el emblema nacional de la
civilización andina, antes, durante el periodo inca y hasta nuestros
días.
La Wiphala era utilizada desde muchos siglos en los trabajos agrícolas,
fiestas solemnes, actos ceremoniales y culturales y en todo acontecimiento social
del hombre andino. De acuerdo a las costumbres y tradiciones andinas, siempre
está izada en todos los acontecimientos sociales y culturales, como ser:
encuentros comunales, matrimonios, cuando nace un niño, cuando se realiza
el ceremonial de bautismo de un niño cortándole el cabello, en
los entierros. Luego de la derrota a los comunarios, las autoridades de la corona
española prohibieron el uso de este emblema. Las Wiphalas fueron quemadas
en todas partes y quienes las enarbolaban fueron perseguidos y desterrada la
palabra de diccionarios bilingües.
Así, Wiphala es un símbolo de resistencia y rebelión durante
el periodo colonial.
Expresa hoy en día, la recuperación del patrimonio y soberanía
territorial, autodeterminación de los pueblos y el colectivo social,
superando el actual sistema individualista y egoísta.
La
estructura y composición de los colores de la Wiphala constituye una
forma simétrica y orgánica. La formación de siete colores
del arco iris, es el reflejo cósmico que representa a la organización
del sistema comunitario de los Qhishwua-Aymara.
Es la expresión de las relaciones socioeconómicas dentro del sistema
de existencia de hermandad en reciprocidad y solidaridad humana.
Por tal motivo la Wiphala tiene cuatro lados y siete colores de proporción
igual, significando la igualdad en la diversidad de los pueblos andinos. Representa
los medios de producción y distribución de los mismos a cada uno
según su necesidad y capacidad.
Tiene 49 cuadros y siete colores unidos, que representan a las markas y suyus:
unidad en la diversidad geográfica de los Andes.
La figura ajedrezada de la Wiphala lo leemos de izquierda a derecha, de abajo
hacia arriba en su posición vertical, horizontal, diagonal y oblicuo,
para comprender nuestra relación de la sociedad con la naturaleza.
Significados de los colores de la Wiphala
Rojo:
Representa al planeta tierra (aka-pacha), expresión del hombre andino
en el desarrollo intelectual, es la filosofía cósmica.
Naranja:
Representa la sociedad y la cultura. También representa la preservación
y procreación de la especie humana, considerada la más preciada
riqueza patrimonial de la nación. Es la salud, medicina, educación.
Amarillo:
Es la energía y fuerza (ch’ama-pacha) expresión de los principios
morales del hombre andino, es la doctrina del Pacha-kama y Pacha-mama: la dualidad
(chacha-warmi), las leyes y normas, la práctica colectivista de hermandad
y solidaridad.
Blanco:
Representa al tiempo y a la dialéctica (jaya-pacha), expresión
del desarrollo y la transformación permanente. El desarrollo de la ciencia
y la tecnología, el arte, el trabajo intelectual y manual que genera
la reciprocidad y armonía dentro de la estructura comunitaria.
Verde:
Representa la economía y la producción andina, es el símbolo
de las riquezas naturales, de la superficie y el subsuelo. Tierra y territorio,
asimismo la producción agropecuaria, la flora y fauna, los yacimientos
hidrológicos y mineralógicos.
Azul:
Representa al espacio cósmico, al infinito (araxa-pacha), es la expresión
de los sistemas estelares del universo y los efectos naturales que se sienten
sobre la tierra, es la astronomía y la física, la organización
socio económica, político y cultural. Es la ley de gravedad, de
las dimensiones y los fenómenos naturales.
Violeta:
Representa a la política y la ideología andina, es la expresión
del poder comunitario y armónico de los Andes; el instrumento del estado
como una instancia superior, las organizaciones sociales, económicas
y culturales, la administración del pueblo y el país.
Wiphala propiedad de la nación originaria, es decir de los Qhiswa-Aymaras,
Guaraníes... de todo el pueblo. Símbolo de las clases explotadas,
oprimidas y marginadas, es la representación de las mayorías nacionales.
La Wiphala es la bandera del Pueblo Aymara que por más de 1000 años
ha estado presente en trabajos agrícolas, en fiestas solemnes, en actos
ceremoniales y en forma posterior como símbolo de resistencia al invasor.
Actualmente, continúa siendo izada en todo acontecimiento social, en
los actos cívicos y en los trabajos comunitarios.
Por lo tanto, la Wiphala es la manifestación de la filosofía y cosmovisión andina. Su diagonal blanca representa la conjunción de dos partes distintas u opuestas pero complementarias y armónicas entre sí. De esta dualidad se conforma la unidad, como el chacha-warmi (matrimonio).
Asimismo, esta bandera es la expresión del calendario cósmico y constituye un instrumento de medición astronómico y matemático que los antepasados usaron para controlar y registrar los movimientos de la tierra en relación al Tata Inti (sol) y la phax’i (luna).
En conclusión, por la disposición de sus siete colores unidos en la misma proporción la Wiphala es la expresión genuina de la unidad e igualdad en la diversidad, es la armonía en la diferencia de los pueblos.
La
tierra tiene poder
Cambia
con sereno movimiento navega
destaca su presencia,
interpolando sonidos silenciosos
presencias mudas de otras miradas.
Luz.
Color
La rueda gira.
Torbellino salvaje.
Emociona sentidos.
Extrema prudencia.
Lo femenino escenifica su presencia
Mostrando luz.
Lo masculino se muestra sol
Para ser luna.
La tierra gira y da mas vueltas.
Tiene poder.
Cósmica danza.
Marcando sístoles y diástoles puedes verlo.
Con ella danzamos
En ella soñamos.
wamani
Bibliografía
América
Profunda. Rodolfo Kusch. Editorial Biblos, 1999.
Chaosmosis, an ethico-aesthetic paradigm. Felix Guattari. Indiana University
Press, 1995.
A thousand plateaus –Capitalism and schizophrenia. Felix Guattari, Giles
Deleuze. University of Minnesota Press, eighth printing 2000.
Meseta sin principio ni final, multiplicidad conectable que forma rizoma.