Valoración preoperatoria del niño politraumatizado.
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Dr.Lincoln de la Parte Pérez
Médico Especialista de Segundo Grado en Anestesiología del Cardiocentro. Hospital Pediátrico Universitario William Soler. Alta Habana Cuba.
Profesor Auxiliar del departamento de cirugía de la Facultad de Medicina "Enrique Cabrera"
lincoln.delaparte@infomed.sld.cu

Hospital  Pediátrico Universitario William Soler

Servicio de Anestesia Cardiovascular

 

 

 

Valoración preoperatoria  del  niño Politraumatizado.

   

Autor:   Dr.Lincoln de la Parte Pérez 

           

      Médico Especialista de Segundo Grado en Anestesiología del Cardiocentro.

Hospital  Pediátrico Universitario  William Soler. AltaHabana. Cuba.

Profesor  Auxiliar del  Departamento de Cirugía de la Facultad de

Medicina “Enrique Cabrera”.

 

Correos: lincoln.delaparte@infomed.sld.cu

 

Resumen:

                       La anestesia  en el paciente  traumatizado constituye quizás el mayor reto dentro de nuestra especialidad, ya que nos enfrentamos a niños muy graves, sin disponer la mayoría de las veces de los antecedentes patológicos personales y se desconoce la magnitud exacta de las lesiones sufridas. Por otra parte existen diferencias importantes entre los adultos y los niños que han sufrido  accidentes. La valoración meticulosa  y  la  preparación preoperatoria correcta de estos pacientes  influye de forma significativa en la evolución  de los mismos. Es necesario  evaluar de inmediato la permeabilidad de las vías aéreas, la eficacia de la ventilación, el estado hemodinámico,  realizar un examen neurológico y comenzar la administración de volumen. Además de lo anterior debemos conocer los detalles de las lesiones, el tratamiento previo recibido y  los  antecedentes patológicos personales. Presentamos una revisión bibliográfica actualizada  de los aspectos fundamentales  a tener en cuenta durante el preoperatorio en estos pacientes.

 

 

 

Palabras claves:     Anestesia  pediátrica.

                           Politraumatizado.

                           Preoperatorio.

Introducción:

 

  Los accidentes  constituyen  una causa frecuente de ingreso en los hospitales pediátricos y desdichadamente a pesar de todas las medidas tomadas, aún constituyen una de las principales causas de muerte en la población joven. Los accidentes del transito frecuentemente tienen consecuencias  fatales durante la infancia (1).

  La anestesia  en el paciente  politraumatizado constituye quizás el mayor reto dentro de nuestra especialidad, ya que nos enfrentamos a niños muy graves sin disponer la mayoría de las veces de los antecedentes patológicos personales, se desconoce la magnitud exacta de las lesiones sufridas y del estado actual del paciente. Nunca tenemos la certeza si el paciente ingirió alimentos, tiene el estómago lleno o  sí esta  bajo los  efectos algún medicamento. El diagnóstico quirúrgico está incompleto al comienzo de la operación y muchas lesiones aparecen  durante la exploración del paciente (2,3).

  A pesar de todo lo anterior,  la situación no permite demoras innecesarias y debemos monitorizar, anestesiar,  reemplazar volumen,  administrar fármacos vasoactivos y reanimar  pacientes muy graves, mientras los cirujanos  controlan el sangramiento interno y reparan  o extraen  los  tejidos  u órganos lesionados (4). 

  En esta revisión  presentamos el manejo preoperatorio del paciente lesionado, que incluye  la evaluación preoperatoria, el manejo de la vía aérea, las técnicas de monitoraje,  el reemplazo de volumen y el tratamiento de las complicaciones más frecuentes.

 

Respuesta sistémica al trauma:

 

  El daño a los tejidos que se produce como consecuencia de  los accidentes produce  hipoperfusión y lesione de los mismos provocando una respuesta neuroendocrina que se denomina  respuesta de  “Stress”, la cual esta integrada por la activación  del eje hipotálamico-hipofisario-adrenal (HHA) y del Sistema Nervioso Autónomo (SNA).  La estimulación del eje HHA  lleva al aumento de los glucocorticoides  y la del SNA  produce básicamente la liberación de catecolaminas. Esta respuesta es muy importante  como mecanismo compensador a corto plazo, sin embargo si se mantiene durante mucho tiempo produce efectos indeseables. Una consecuencia inmediata de la  respuesta simpática  es la vasoconstricción en la circulación esplácnica, los músculos y la piel,  con mejoría de la perfusión  en el Corazón y el Cerebro. Después del trauma se observa daño tisular, dolor, pérdida de líquidos al tercer espacio e hipoperfusión tisular (1,5,6).

  Los  anestésicos pueden  atenuar la respuesta de stress, pero su administración en  pacientes que  no han  sido correctamente reanimados desde el punto de vista hemodinámico y metabólico, produce inestabilidad hemodinámica significativa, la cual acarrea una mayor hipoperfusión  e hipoxia celular.  La eliminación  de los mecanismos compensadores puede ser fatal en un paciente hemodinámicamente inestable. De lo anterior se deduce,  que los objetivos  fundamentales  de la anestesia  en los pacientes  lesionados,  son  lograr estabilidad hemodinámica, corrección de los desequilibrios metabólicos y alivio del dolor (1,4,5,7).

  Los niños  responden  de forma exagerada a  perdidas de volumen  que no tienen    similar repercusión en adultos. Es conocido que los niños que sufren accidentes del transito, frecuentemente necesitan de transfusiones de sangre equivalentes a un volumen mucho mayor que su volemia (1,4).

 

Diferencias anatómicas del niño y su relación con la anestesia del paciente traumatizado:

 

  La vía aérea en el niño presenta diferencias anatómicas con respecto al adulto y esto  produce una mayor incidencia de obstrucción por acumulo de secreciones y sangre. La laringe se encuentra en posición más alta que en los adultos,  la  epiglotis tiene forma de u

y esta más anterior, lo cual junto a una lengua relativamente grande hace que las maniobras de intubación sean más difíciles. El punto más estrecho de las vías aéreas está a nivel del cartílago cricoides, por lo que uno debe tener precauciones en el momento de seleccionar el tubo endotraqueal. Se recomienda tener disponibles un número por debajo y otro por encima del calculado por las fórmulas del diámetro interno según la edad. Por encima del número cinco puede utilizarse con cautela los tubos con manguito (1). 

  Los niños son muy propensos a padecer de hipotermia que es  un factor predisponente para la  depresión cardiovascular, arritmias, acidosis y aumento significativo del consumo de oxígeno, lo cual sobrecarga aún más los sistemas cardiorrespiratorio (8).

  Los órganos internos en el niño están en posición más anterior que en los adultos y  tienen menos protección por la grasa  subcutánea y los músculos del abdomen  por lo que después de accidentes del transito se observa frecuentemente lesiones del  hígado y del bazo. El abdomen debe ser examinado meticulosamente siempre en los niños accidentados para descartar lesiones de los órganos internos (4).

 

Evaluación preoperatoria  y reanimación:

 

  Cuando recibimos a un niño  que ha sufrido un accidente del transito o de otro tipo tenemos que controlar el sangramiento activo, evitar las  pérdidas de calor y examinar cuidadosamente las funciones  vitales.  Son necesarios una valoración y tratamiento  simultáneos y racionales. Los aspectos  más importantes incluyen (1,3,4):

q                   Vía aérea permeable.

q                   Ventilación.

q                    Circulación.

q                   Reemplazo de volumen.

q                   Examen neurológico.

 

 

Manejo de la vía aérea:

 

 Los pacientes accidentados pueden presentar obstrucción de las vías aéreas por diferentes razones. Puede existir dificultad respiratoria por lesiones de la cara, cuello o el tórax. Las secreciones y la sangre  acumuladas en las vías aéreas, así como los cuerpos extraños, dificultan la ventilación y deben ser eliminados de inmediato. Debe evitarse la aspiración de sangre, secreciones y fragmentos de dientes y tejidos  siempre que sea posible.  La fractura del maxilar inferior, la fractura de los dientes y las lesiones de los tejidos blandos es frecuente en los niños.   En el paciente inconsciente se produce obstrucción de la vía aérea por acumulo de secreciones y por caída de la lengua que ocluye la  faringe.  Inicialmente  se hiperextiende la cabeza y se introduce una  cánula oro faríngea de Guedel para facilitar la ventilación con una bolsa autoinflable con suplemento de oxígeno al reservorio.  La intubación de la tráquea debe realizarse  tan pronto como sea posible. La intubación orotraqueal  es la  vía de elección para evitar el posible sangramiento nasal, aunque el personal especializado frecuentemente utiliza la vía nasotraqueal con excelentes resultados en las intubaciones rápidas.

  En los  lactantes  y  recién nacidos (RN), la eliminación del espacio muerto del aparato y la resistencia mínima a la ventilación son los factores más importantes que se deben considerar. Cualquier aumento del espacio muerto normal del recién nacido puede interferir de forma significativa sobre el intercambio gaseoso pulmonar. Es importante recordar que el volumen corriente de un recién nacido es de unos 20cc y el espacio muerto fisiológico es de un tercio de esta cantidad, por consiguiente la ventilación alveolar asciende a unos 14 ml.  Cualquier aumento del espacio muerto por pequeño que éste sea representa mucho en el recién nacido y es un aspecto que cobra mayor interés aún en el manejo del  paciente lesionado. La máscara más conveniente es la de  Rendell‑Baker, la cual se adapta muy bien a la cara del recién nacido y posee un espacio muerto insignificante (1).

  En los RN de bajo peso se emplean los tubos endotraqueal número 2,5 a 3, en el recién nacido normal  del 3 al 3,5  y  los números  4 a 4,5 en los lactantes mayores.  En los  niños  mayores  nos guiamos por la siguiente fórmula:

Edad en años + 4,5= Diámetro interno en milímetros

       4

 

  Los Servicios de anestesia deben tener  siempre  listos para usar un equipo completo para la intubación de la tráquea, la aspiración de las secreciones y la ventilación mecánica, en el local donde se reciben  las urgencias.

  Si el niño esta  luchando por respirar, o está en apnea, debemos comenzar inmediatamente a ventilarlo a presión positiva intermitente con una bolsa autoinflable pediátrica  de acuerdo a la edad  (Penlon, Ambu R) conectada a una fuente de oxígeno con una frecuencia entre  30 y 40 / minuto (5). Un error que se repite con demasiada frecuencia en las salas de reanimación es quitarle el tubo corrugado reservorio de oxígeno a las bolsas autoinflables, dispositivo que nos permite aumentar considerablemente la concentración de oxígeno inspirado. Se necesita en ocasiones  presiones inspiratoria pico entre 30 y 40 cm H20 para vencer la resistencia inicialmente. La inserción de una cánula oro faríngea de guedel,  de tamaño adecuado, favorece la ventilación mecánica con bolsa autoinflable. Una cánula de Guedel demasiado grande puede tocar la epiglotis y desencadenar laringoespasmo (9).  Si no es posible realizar la la intubación de la tráquea y existe  dificultad respiratoria marcada, realice  una cricotirotomia o traqueotomía (4).

  El aparato anestésico que se utiliza en los niños debe ofrecer el menor  espacio muerto y la menor resistencia a la ventilación posible. El sistema Mapleson D y la modificación de Jackson‑ Rees a la pieza en T de ayre satisfacen todos los requerimientos para la  anestesia de los RN y lactantes (7). Es necesario emplear un flujo de gas fresco dos veces mayor que el volumen minuto del paciente.  Son equipos sencillos, fáciles de construir y esterilizar  y pueden  emplearse como el equipo de elección en  la reanimación  de los niños lesionados en hospitales  con bajos recursos.

   Los ventiladores mecánicos como el  Servo 900D y las estaciones de trabajo como el Primus, disponibles en nuestro medio, que nos permiten dosificar correctamente el volumen minuto, la frecuencia respiratoria,  la presión inspiratoria, poseen diferentes sistemas de ventilación, realizan el monitoreo de varios parámetros ventilatorios y  tienen sistema de alarma, son la opción ideal para el transoperatorio.

   El volumen corriente lo calculamos inicialmente a razón de 10cc/Kg y la  frecuencia respiratoria de acuerdo a la edad (20-25 en niños mayores y entre 30 y 35 en RN y lactantes).

 

Valoración y  manejo hemodinámico:

 

  El  paciente pediátrico hipovolémico presenta taquicardia, pulso débil, alteración del nivel de conciencia, oliguria y en ocasiones piel moteada. Cuando fallan los mecanismos compensadores  la presión arterial cae rápidamente.  En el niño la frecuencia cardiaca determina  el gasto cardiaco y  es necesario garantizar la frecuencia adecuada según la edad. 

Inicialmente monitorizamos la presión arterial de forma no invasiva (NIBP), la frecuencia cardiaca, el  electrocardiograma  y la saturometría transcutánea. Con estos parámetros decidimos si es necesario o no apoyar farmacológicamente con catecolaminas. Los niños responden bien a la Dopamina (5 a 10 mcg/kg/min) y a la Adrenalina (0,02 a 0,1 mcg/kg/min) constituyendo los fármacos de elección en el paciente  con  inestabilidad  hemodinámica (10).

  Es necesario optimizar la frecuencia y el gasto cardiaco. El paro cardiaco es secundario generalmente a hipoxia grave mantenida asociada a hipovolemia y a la acidosis metabólica.  El masaje cardiaco se realiza  en los RN y lactantes mediante compresiones manuales  rápidas (100/ min) con los dos dedos gordos de las manos rodeando el tórax o con los  dedos índice y medio  de una mano, combinadas con ventilación mecánica ( 3-5 a 1). Cuando la frecuencia cardiaca esta por debajo de 60 o entre 60 y 80 y no aumenta a pesar de la ventilación mecánica, damos masaje cardiaco.  El masaje se suspende cuando la frecuencia es mayor de 80/min.  Se necesitan fármacos de reanimación si después de treinta segundos de ventilación mecánica eficiente y masaje cardiaco,  la frecuencia cardiaca está por debajo de 80 latidos / minutos (1,9).

  La colocación  de un  oxímetro de pulso en las extremidades refleja  correctamente la oxigenación cerebral  y debe ser una medida de rutina  en todos los pacientes lesionados.  Los signos básicos a observar durante la reanimación, son el Color, la respiración y la  frecuencia Cardiaca.  Cuando la respiración y la frecuencia cardiaca son adecuadas, la piel debe estar rosada.   La presencia de cianosis Indica hipoxemia y puede estar originada por una falla del sistema respiratorio, cardiovascular o de ambos. En estos casos  debemos siempre administrar oxígeno al 100%.La mejoría de la coloración en un niño cianótico que está siendo reanimado indica efectividad de las maniobras utilizadas. La palidez puede ser originada por hemorragia, hipotensión severa  o por falla cardiovascular. Se debe valorar la necesidad de transfusión.

  La primera acción destinada a mejorar la función del sistema cardiovascular es corregir la hipoxia (1,9).

 

Canalización venosa y administración de volumen:

 

  Se deben  canalizar las  venas  periféricas  con cánulas del  mayor diámetro posible. Si no se logra en un breve plazo de tiempo,  debe intentarse rápidamente  las vías femoral o yugular externa. Cuando el estado del paciente lo permita se inserta guía metálica a través de las cánulas intravenosas y se  coloca catéter  venoso central.  La vena femoral no debe utilizarse en presencia de trauma abdominal.  Después de la intubación de la tráquea  se cateteriza la vena yugular interna con catéter de doble o triple luz, lo cual nos permitirá  administrar volumen, fármacos vasoactivos y  medir la presión venosa  central (PVC).

  Durante la fase inicial, si existen antecedentes o sospecha de pérdidas de volumen,  administramos  un   bolo inicial de 5 a 10 cc/kg del coloide disponible (Haemaccel), o de  soluciones electrolíticas balanceadas como el Ringerlactato que repetiremos según necesidades (1,4,11). 

  Cuando se administran soluciones intravenosas debe prestarse atención al pH  y la actividad osmótica de las mismas para evitar complicaciones. La solución de Ringerlactato tiene un pH de 6,7  una  osmolaridad de 273 mOsm/L  y  composición electrolítica similar al plasma (sodio 130, cloro 109, potasio 4, calcio 3),  considerándose isosmótica y de elección en estos pacientes. Las soluciones glucosadas disponibles en nuestro medio son  generalmente hipo o hipertónicas y con pH ácido (1).

  Cuando se reemplazan grandes cantidades de volumen (mayor de 40 cc/kg) deben administrarse  siempre coloide o  sangre.  Para la  transfusión de sangre nos guiamos por el hematocrito ( Hto) seriado y por las siguientes fórmulas de reemplazo:

Cantidad de Sangre total :  2,5 cc / peso en Kg (Hematocrito ideal – Real)

Cantidad de Glóbulos Rojos Concentrados: 1,5 cc / Kg ( Hto ideal- Hto real)

   Después de administrar grandes cantidades de sangre debemos chequear los mecanismos de la coagulación (trombocitopenia dilucional, déficit de factores), mediante el tiempo de Protrombina, el Kaolín y el conteo de plaquetas. Utilizamos plasma fresco congelado  (10-20 cc/kg ) y concentrado de plaquetas  a razón de 0,2 unidades por Kg de peso corporal, para mejorar la coagulación. Puede presentarse hipocalcemia después de las transfusiones masivas de sangre debido al citrato, la cual tratamos con  cloruro de calcio a 10 mg/kg  o  gluconato de calcio 30 mg/kg (1).

  El volumen de líquidos a administrar puede evaluarse adecuadamente mediante la observación de los signos vitales y especialmente mediante la PVC y la diuresis. Una diuresis entre 1 a 2 cc por kg / hora indica una adecuada perfusión renal,  a menos que estemos en presencia de una diuresis osmótica (1,4).

  El reemplazo de volumen en el paciente traumatizado debe  llevarse a cabo en un balance entre las  necesidades  indispensables para la  reanimación  y  las medidas  para evitar el edema cerebral (4). En los niños con trauma de cráneo, la administración de soluciones hipotónicas  y  la glucosa  agravan el edema cerebral. La hiperglicemia agrava las consecuencias de la isquemia  debido a la acidosis láctica intracerebral (4,11).

 

Examen neurológico:

 

  La valoración del niño que ha sufrido un accidente  incluye un detallado examen neurológico. Muchos pacientes, especialmente los lactantes no presentan en ocasiones, los signos y síntomas clásicos y es necesario  realizar tomografía axial computarizada para determinar la magnitud de la lesión si existen dudas en el diagnóstico. El uso del esquema de Glasgow da uniformidad en la evaluación  del nivel de conciencia de estos pacientes y debe realizarse sistemáticamente (1).

  Es necesario tomar medidas desde el inicio para  evitar el aumento de la presión intracraneana (PIC). Entre estas tenemos el uso de la hiperventilación y la administración de diuréticos.

 

Valoración general:

 

  En los pacientes que han sufrido grandes caídas o accidentes del transito debe realizarse Rayos X del tórax,  de la pelvis y las extremidades  lesionadas. El ultrasonido es de gran valor en la valoración del trauma abdominal.  Debe extraerse sangre para determinaciones del hematocrito,  ionograma,  grupo sanguíneo,  coagulograma mínimo  y gasometría (1,3,4).

 

Técnicas de monitoraje:

 

   Las técnicas a emplear desde la recepción incluyen  la vigilancia continua de los  siguientes parámetros:  Electrocardiograma, Presión Arterial,  Saturometría,  diuresis, Temperatura  Central  y  Distal  y  la  Presión Venosa Central. Los pacientes más graves se benefician del monitoraje invasivo de la presión arterial. Pueden utilizarse la arteria radial o la femoral de acuerdo a la zona lesionada (1,4,6).

 

Conclusión:

 

   Los niños que sufren lesiones producto de accidentes, necesitan de una valoración y un tratamiento preoperatorio racional de acuerdo a sus características.  Esta Revisión  Bibliográfica muestra el enfoque actual  de esta problemática, por lo que  esperamos sirva de guía  para el establecimiento de conductas apropiadas en el enfrentamiento a esta difícil situación.

 

 

 

Referencias bibliográficas:

 

1.  Striker TW. Anesthesia for Trauma in the Pediatric Patient. En: Gregory AA, eds. Pediatric Anesthesia. Fourth Edition. New York. Edit Churchill-Livingstone, 2002: 797-804.

2.  Cantor RM, Leaming JM. Evaluation and management of pediatric major trauma. Emerg Med Clin North Am 1998;16:229-56.

3.  Lam WH, Mackersie A. Paediatric head injury: Incidence, aetiology and management. Paediatric Anaesthesiology 1999;9: 377-85.

4. Maze A. Anesthesia for Major Pediatric Trauma.  IARS 2002 Review Course Lectures. Supplement to Anesthesia & Analgesia,  March 2002. Pp 77-83.

5. Karlin AD. Anesthesia for  Trauma: What’s important, What’s not. En: 1996 Annual Refresher Course Lectures. American Society of Anesthesiology. Pp 252.

6. Stein J H: Internal Medicine. Fourth Edition. St Louis. Edit Mosby.1994. P131-43 7. Miller RD. Anesthesia. Fourth Edition. New York. Edit. Churchill-Livingstone 1994.

8. Lindahl S. Perioperative Temperature Regulation. IARS 2001  Selected Review Course Lectures CD-ROM.

9. Mason LJ. Pitfalls and problems in pediatric anesthesia. IARS 2002 Review Course Lectures. Supplement to Anesthesia and Analgesia, March 2002. Pp70-6.

10. Kern F. Fourteenth Annual Meeting of the Society for Pediatric Anesthesia, San Francisco, California, October 13, 2000. Meeting Report.  Anesthesia Analg  2001;93(3):793-7.

11. Simma B, Burger R, Falk M. A prospective, randomized and controlled study of fluid management in children with severe head injury: Lactated Ringer’s solution versus  hypertonic saline. Crit Care Med 1998;26:1265-70.