PERSPECTIVA ANTROPOLÓGICA Y CULTURAL DEL MATRIMONIO
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Lic. Cristina Tania Fridman
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La fidelidad se recuesta sobre una de las estrategias humanas de reproducción.  Las tradiciones culturales inciden en su definición y significado.  No existe una univoca concepción de patrilinaje donde se adjudique al varón la responsabilidad de “traspasar la semilla familiar”.  Discursos y estructuras diferentes en América Latina y en la Costa de Marfil.  Posturas antropológicas que plantean distintas caras de la libertad sexual y que insisten en el cuidado de la mirada hacia los “otros” donde el aparato lógico de percepción se encuentra contaminado desde la perspectiva de genero y cultural del estudioso/a.  Los pactos suponen reglas que cambian según las épocas, los lugares y sin memoria.  La fidelidad es una transacción más allá de la pareja.

 

INTRODUCCION

 

No hay fidelidad sin intercambio.

 

Es decir, la fidelidad supone dos términos, dos individuos, o un individuo y una sociedad, y una relación entre estos dos términos.

 

Es una isla desierta no puede haber fidelidad.  Antes de ser un valor moral, la fidelidad es una necesidad social que se organiza en torno a la construcción de un pacto regido por reglas fijas.  Las reglas cambian según las épocas, los lugares y los ámbitos.  Pero existen, ya se trate de espionaje o de sociedades polígamas.

 

La fidelidad cambia de esfera, pero la sociedad se preocupa siempre de codificarla.  Interviene en lo privado, nombra y legisla el matrimonio y el adulterio.  Cuando los ojos están clavados en la propiedad, la mirada no va muy lejos.  Lo importante no es la ida, se le brinda a todo el mundo, como la marcha hacia la muerte.  Lo importante, lo difícil, es la vuelta.  Es decir ir del centro hacia el exterior.  Pero el retorno sólo cobra sentido por la ida, no se puede volver de ninguna parte, hay que volver de alguna parte.  Es ese doble trayecto, devanado a la ida y recuperado a la vuelta, lo que constituye la fidelidad.

 

La fidelidad es ante todo un recorrido, un recorrido con obstáculos, y a veces monstruoso.  Hay que avanzar, combatir, vencer y volver.  No hay fidelidad sin objetivo.  La fidelidad tiene un origen desde el cual se parte y al que se llega.  La entrada y la salida están en el mismo sitio, pero no en el mismo lugar.  Para parecer infiel … ¿Quién puede saber en el fondo qué fidelidades alimentaron esta lucha y para ser fiel … ¿Cuántas traiciones?.

 

La fidelidad no es una premisa, se basa en un intercambio, en una relación, un interrogante perpetuo que oscila entre dos polos, uno mismo y el OTRO, ya sea respecto al amor, a la historia, a lo divino.

 

¿LA FIDELIDAD UN TERMOMETRO PARA MEDIR?

 

Se puede olvidar sin ser infiel, por otra parte, y ser infiel sin olvidar.  Mejor, la infidelidad supone la memoria:  sólo se puede ser fiel o infiel a lo que se recuerda… y por esto fidelidad e infidelidad son dos formas opuestas, una virtuosa y la otra no, del recuerdo.  “Dios libre al hombre o la mujer de olvidad, olvidar”, dice el poeta.  El devenir es infiel y hasta las estaciones cambian.

 

El duro deber de la memoria, gratitud y piedad por el pasado, pero este deber tiene sus grados, los profesores del perdón, ya que no es lo mismo un campo de concentración nazi, ser fiel a los primeros amores, o a los hinchas de su club de fútbol.

 

Recortemos por ejercicio de fidelidad en tres campos:  el pensamiento, la moral y la pareja.  No pensamos cualquier cosa.  Para pensar no solamente hay que recordar sino querer recordar, esta voluntad es la fidelidad.  Pero existe la Fidelidad a la verdad, en donde la fidelidad se distingue de la fe.  Existe el derecho a cambiar de ideas pero solamente cuando es un deber.

 

La ciencia vive  en el presente y está olvidando constantemente los primeros pasos.  La filosofía es una extrema fidelidad al pensamiento.  La moral:  para Kant que creía en una moral universal y absoluta, la fidelidad no era más que un caso particular del deber y estaría sometida a la ley.

 

Para esta época, le ha tocado en suerte ser moral sin creer para nada en la verdad absoluta de la moral.  La moral no es la verdad, pero vale, no es objeto de conocimiento, sino de voluntad, no atemporal, sino histórica, no ante nosotros, sino detrás de nosotros.

 

No existe un fundamento de la moral, la fidelidad le sirve de fundamento.  Por ella nos sometemos no a la atemporalidad de una ley moral universal, sino al pasado, a la presencia del pasado en nosotros, ya sea en cultura, civilización, del pasado de cada uno de nosotros, o del de nuestros padres (super yo), la educación de cada uno lo que separa nuestra moral de la moral de los demás.

 

En la pareja es otra historia.  ¿Qué se entiende del uso exclusivo y recíprocamente exclusivo del cuerpo del otro?  ¿Por qué se amaría a una sola persona?  ¿Por qué se desearía a una sola persona?  ¿Y por qué pretender el goce excluido del otro?  ¿quizás sea más cómodo y más seguro, más fácil de vivir?.

 

Lo esencial es saber lo que hace que una pareja sea una pareja, y cuan constitutivo de la misma es la fidelidad.  Del amor, del cuerpo, del deseo, de la herencia, de los recuerdos, ya se esté viviendo juntos o separados, fieles o no al amor compartido y recibido, y al recuerdo voluntario de este amor.

 

Los problemas de TRISTAN e ISOLDA, novela emblemática del amor, la leal observancia de los compromisos y promesa desde lo social desde lo psicológico y desde lo ontológico.  De allí, es válido afirmar el carácter histórico de los fundamentos de la fidelidad, que permitiría mostrar el carácter económico y político de las condiciones que determinan la constitución ideológica de esta noción en el valor moral, o en la dimensión erótica.  Porque lo que se exige no es la libre adhesión a un bien deseable a sí mismo, sino la sumisión al contrato de dependencia, cuya duración y asiduidad son necesarias a la continuidad del orden social.  El rey esta obligado a retribuir a sus caballeros y la lealtad de éstos es la condición para su integración en el sistema jerárquico de la sociedad feudal.

 

LA FIDELIDAD EN OTRAS DIMENSIONES

 

Es interesante reflexionar en un sentido más amplio la fidelidad.  Por ejemplo, cuando un texto simple da lugar a interpretaciones.  Cuando se trata de pasar de una cultura a otra mediante la traducción, la cuestión del respeto y de la traición se complica;  cuando se trata de textos sagrados y de su exégenesis, puede traer terribles consecuencias.  El dogma y las herejías, el problema de la fidelidad de los orígenes.  La historia de la antigua literatura cristiana está llena de sangrientos combates entre Padres de la Iglesia y herejes (o supuestos herejes).

 

¿Cómo pasar de un texto de una lengua a otra, respetar el texto de origen y la cultura de destino?  A veces es necesario traicionare para seguir siendo fiel, éste es todo el sentido de la disputa entre traductores de “fuentes” y traductores de “estilos”.  ¿Se altera, se desnaturaliza, hay abolición de sentido?.  Borges en inglés, los dirigentes chinos que conocieron la obra de Marx a través de traducciones estalinistas.

 

La fidelidad es una meta, un ideal que todo el mundo se esfuerza en alcanzar.  En el momento se tiene la impresión de haber triunfado, luego veinte o treinta años más tarde, todo se desmorona…

 

Otra dimensión, el espionaje:  espacio cerrado donde se enfrentan fidelidad e infidelidad.  El espía que cambia de bando y es apodado topo, es como el animal emblemático de la infidelidad.  Un mundo donde reina la sospecha, donde todo es vigilado, uno lee cartas que no son dirigidas a ese ser.  La duda… La sospecha… La vergüenza de los propios fantasmas… Vivir con angustia, con miedo… Mirar al mundo con desprecio y arrogancia.  Inventores de pasados, de pasiones, creencias, familias y convicciones.  Toda su vida fieles a una infidelidad.  Parias de vidas turbulentas.

 

CONTEXTOS DIFERENTES

 

Vanesa de 20 años opina en América Latina que:

 

“Una cambia.  A los catorce años uno no es igual a los quince o a los diecisiete años.  Salgo con un pibe desde que tengo doce años y no hay motivo para que la relación se termine, y hubo muchas infidelidades.  Yo engañé, y también fui engañada, y me he sentido traicionada.  Pensé y vociferé que era espantoso.  Pero, en realidad, no era cierto.  La idea de que hay que permanecer juntos toda la vida es reciente.  Todas las parejas que conozco se han separado, se han divorciado.  A partir del momento en que uno es verdaderamente infiel, ¿para qué seguir con el otro?.  Sobre todo a mi edad, cuando una tiene necesidad de hacer su vida… Yo soy fiel desde hace un año  y medio, a mi edad es muchísimo, soy fiel para que mi pareja tenga mas fuerzas, porque me parece que mi historia de amor no es fácil de conseguir… En una pareja es distinto que en una familia, uno puede querer verificar si gusta todavía a otros, no es grave, es tranquilizante, pero si uno quiere todo el tiempo irse con otros, no hay que seguir o al menos no hay que decirlo nunca, porque puede hacer daño al otro”.

 

Rodrigo de 43 años opina en América Latina que:

 

“para mí, la fidelidad no es un valor, pero me veo obligado a reconocer que en mi círculo sí importa, y entonces me lo planteo.  No es más que un contraste.  Este aspecto del comportamiento me interesa sólo porque me lo plantean los demás y lo percibo a partir del dolor del otro, porque para mí, no cuenta en absoluto”.

 

César de 29 años relata desde América Latina:

 

“mi concepto de fidelidad está ligado a mi concepción de pareja.  Cómo ésta ha ido cambiando, también fue cambiando el otro.  Hoy en día me cuesta menos reconocer la muerte de la pareja, y pareciera que si una pareja va mal, uno de los síntomas es la infidelidad.  O sea, el amor se muere.  Queda a veces el deseo irreprimible de la aventura, ¿el amor es exclusivo?.  No creo en la infidelidad neutra”.

 

Rosa de 40 años expresa:

 

“enamorarse a menudo exige mucha energía, y mentir para proteger al otro, es muy cansador.  Es bueno llevar una existencia transparente.  La fidelidad puede ser entonces un elemento de bienestar.  Ahora tengo deseos de serenidad, y en este momento no deseo a otras personas”.

 

Estudiando relaciones diferentes –en un viaje a la Costa de Marfil- en una sociedad en la que hombres y mujeres jamás viven juntos, y sólo se encuentran en las noches, uno podría pensar que allí no hubieran dificultades de este tipo, pero, sin embargo, también aquí la fidelidad plantea problemas.

 

EL CASO DE LOS SENUFO NAFARA

 

Los senufo nafara es uno de los escasos pueblos que no se casan:. Ellos practican desde tiempo inmemorial el ke kurugu (ke de aldea;  kuguro: de detrás de las aldeas), una forma de encuentro nocturno entre el hombre y la mujer que ellos llaman “no matrimonial”.

 

Tyé-porgo es una institución que ellos conocen bien (matrimonio de mujer, cuando algunos hombres ricos pagaban el precio de la novia o matrimonio dotal de sus vecinos de aldea, Diula).  Pero ellos practican “amistad por el hombre” y llaman “extranjero” u “hombre que corre” al que por la noche va al encuentro de la que llama su “amiga”, o la mujer que desea, la que tiene gusto, dulzura, como un plato bien condimentado y cocinado.

 

En suma, las realidades tan poco matrimoniales de los nafara hacen añicos nociones habituales como matrimonios, marido, esposa, conyugal, poligamia, etc.

 

Un nafara polígamo no es un marido que tiene tres esposas, sino un hombre que pasa los días en su pueblo materno y sus noches en las respectivas aldeas de sus tres amigas.  Dichas amigas no forman una célula conyugal, ni tampoco una pareja, pero están vinculadas a él durante un tiempo más o menos largo por una amistad a la que pueden poner fin sin tener que divorciarse por lo mismo, ya que no están casadas.

 

Es una sociedad matrilineal y matrifocal (la pareja reside con la madre de la mujer) pero en el caso de los Nafara, la mujer y el hombre, la difícil pareja, no residen juntos sino que cada uno de ellos vive desde su nacimiento hasta su muerte en el pueblo de su propia madre.  El marido visitador no  es responsable legalmente ni de la manutención alimentaria, ni de los cuidados médicos de sus amigas que, durante toda su vida, viven en sus pueblos maternos.  A ellas les corresponde alimentar a su visitante de la noche, y a él fecundar a su “mujeres dulces” en la calidez de sus estancias nocturnas.

Son como nuestras madres solteras, sin los subsidios familiares de los países europeos y otras seguridades sociales en donde se encuentran sí organizadas.

 

En estas sociedades las mujeres dan a luz, nutren y educan a los niños y los hombres ejercen la autoridad o hacen como si la ejercieran.

 

EL LINAJE

 

El problema es el linaje, o gran familia, formada por una multitud de parientes consanguíneos cuyos lazos genealógicos se remontan a un ancestro en común.  Un patrilinaje en el cual se intercambia sus mujeres con las de otro, pues son los padres, hombres los que transmiten a su hijo tanto la pertenencia familiar y su nombre como su pertenencia familiar y su nombre como su patrimonio y su rango investido de autoridad.  En la forma matrilineal, no se puede prescindir de los descendientes femeninos ni de sus miembros masculinos.  No se puede intercambiar sus mujeres con las de otra familia, puesto que son ellas quienes procrean a sus miembros, lo que equivale a decir que la reproducen.  Y los hombres tampoco son prescindibles en la medida de la apariencia o ejercicio de la autoridad, en calidad de hermano o tío materno, o viejo.  Patrimonio, nombre y rango se transmiten por línea femenina, de tío materno a sobrino uterino, o sea del hermano de la madre al hijo de está.

 

¿Cómo evitar que una solidaridad demasiado fuerte entre el padre y el hijo no mermen la autoridad del hermano de la madre, en suma, que el padre no sustituya al hermano materno?.

 

¿Y cómo impedir que se desarrolle un vínculo demasiado fuerte conyugal en detrimento del hermanahermano?.

 

¿O  que los hombres abandonen a su hermana y sobrino en beneficio de sus mujeres e hijos?.  Ninguna sociedad matrilineal puede sobrevivir sin limitar fuertemente el vínculo conyugal y el vínculo paternal.  La devoción conyugal está mal vista.

 

En estas sociedades.  Acaso la limitación nafara no es la mas simple, radical y rara que hay.

 

La amiga nafara que cuida los hijos y el extraño que la visita solo se encontrarán por la noche.  Los viejos no corren, van a pie, y con lámparas en sus manos.  Los jóvenes con bicicletas.  La noche parece poblarse de luciérnagas.

 

El visitador no tiene nada que ver con un marido que vuelve a casa tipo pater familias.  Los hombres son apartados y aislados.  Los hombres deben demostrar incomodidad y pudor sobre todo cuando no le han dado una mujer, no debe encontrarse con la madre de su amiga, ni saludarla.  La vergüenza de cruzarse con su suegra es una obsesión de los navabele.  Comer en lo de su amiga es fundamental, es casi su única comida.  Todo lo que come en el día, es muy rápido y frugal.  Aquí  es la mujer la que mantiene al hombre.  Pero esto no es del todo cierto porque los hombres deben trabajar en los campos de su familia política.

 

Sea como fuere, la dependencia alimentaria del hombre es quizás la prenda más sólida y prosaica de su fidelidad.  Si encuentra a la mujer acostada, más vale callar y ayunar… La noche suele llevar paz a los hogares.  En este tiempo de separación física, los padres tienen pocas ocasiones de dirimir en caliente sus conflictos de autoridad.  Los tíos actúan durante el día, los padres por la noche.  El padre es un fetiche, el mejor fetiche.  En esta cultura, la relación padre hijo es el nudo de la fidelidades masculinas.  Porque no le puede dar ningún bien colectivo, ni autoridad legal, ni derecho, es el ángel de la guarda, el “fetiche”.

 

No es así el tío matrilineal.  Decir que soy fiel o infiel a mi tío o a mi madre no tiene mucho sentido puesto que somos del mismo grupo de pertenencia.  Si los abandono me expongo a la sanción de los muertos.

 

Solo puedo ser fiel a quien estoy ligado y esta ligado por un compromiso que puedo romper.  Como la madre con el visitante al que puede rechazar o abandonar.  El afecto del hijo hacia su padre se nutre de la fragilidad del vínculo.

 

Los Nafara son extremadamente discretos en cuanto a sus actividades sexuales, se expresan en general en términos culinarios.  A los hombres se les aconseja no acariciar y a las mujeres abrir bien las piernas.  A la mañana se lavan para sacarse el forno, mancha que deja toda relación sexual y contamina, “calienta”, y enferma a los otros.  La fidelidad conyugal femenina, esta sujeta a que sus compañeros sexuales paguen algunos cauris (monedas) y cuatro pollos.  Es un derecho de acceso a la sexualidad (al comienzo o en el transcurso de cada relación, lícita o no) bastará con que la mujer se bañe.  La presencia de la mancha (forno)  vuelve a la desgraciada a la imposibilidad de cultivar la tierra, y a la obligación ritual de exhibir con la ayuda de efigies genitales su lubricidad.  Por ello, las mujeres están “obligadas a inscribir a sus amantes en un registro de pago” (Sandoogo).  Entonces la prenda alimentaria es para el varón fundamental en su fidelidad, y en la mujer el baño el sandoogo es una potencia invisible que controla y sanciona su actividad sexual.  Hoy día, las mujeres nafara cambian de hombre dos o tres veces durante su vida y pueden haber recibido en su choza hasta siete y ocho visitantes.

 

Para los hombres la situación es distinta por el amamantamiento y la abstinencia sexual que hacen que tengan una legítima poligamia.  Tiene tres o más amigas en aldeas diferentes.  Si tiene dos o tres, hay días que tiene como un domingo personal por el cual no se aleja de su pueblo, y lo dedica su voluntad.  A veces tiene amigas lejanas y entonces duerme en la casa de un gran amigo y deja libre a su mujer.

 

Los hombres nafara no son ni blandos ni afeminados sin embargo dicen que la mujer manda al hombre.  Es casi siempre la mujer que inicia la ruptura.  La mujer deja o rechaza y no a la inversa.

 

Arrancar las amigas de otro es el deporte favorito de los jóvenes adultos, tironeados por los fantasmas de la penuria femenina.  El celibato no esta reconocido, toda aquella mujer joven tiene su visitante aun pudiendo ser niña o siendo el prometido el que trabaje la tierra de su familia política.  Toda relación sexual ilícita es calificada de robo.  Las mujeres que tienen un amante son ladronas de hombres y los hombres ladrones de mujer.

 

CUENTO NAFARA


 


 

En otros tiempos los  hombres no tenían pene.

Una mujer fue a la selva a buscar madera y se encontró un pene.  Lo guardó y lo puso en un rincón de su casa.

Luego le pregunto “--¿Qué comes? ¿Arroz?-- ¡No!  --¿Maíz?-- ¿No!-- ¿Entonces, qué? -- Ponte en cuclillas”.

El pene entró en la mujer y comió mucho.  La mujer encontró que esto era bueno.  Y volvieron a hacerlo hasta el día en que ella quedo encinta.  Dio a luz a una niña y la niña creció.

Un día sorprendió a su madre dando de comer al pene.  Esperó a que la madre saliera y se puso de cuclillas.  El pene entró en ella, como lo hacía con su madre para comer.

Su madre volvió y la sorprendió  y se enojó.  Agarró el pene y lo arrogo fuera. Este cayó sobre una piedra, estalló y se desperdigó sobre los niños que jugaban alrededor.

Así fue como los niños tuvieron pene.

Andreas Zempleni; “La amiga y el extranjero”. Etnólogo de la Universidad de Paris.  Investigador de los Senufo Nafara de la Costa de Marfil.

 

La mujer rompe.  Pero al hombre le corresponde la iniciativa de una nueva relación.  Frecuenta a las amigas que roba, mientras el propietario pasa sus noches en la choza de sus otras amigas.  De todas formas hay señales como cestas llenas o vacías que indican el libre paso a la choza.  Hay “un marido” hay “amante” y hay lavados rituales.  En derecho nafara los alegatos y testimonios nada valen.  Es el mismo el que debe sorprender a los interesados en flagrante delito. Si es así, el viejo le hace reproches a la sobrina, pero en realidad no le puede prohibir la entrada del amante, ni obligar a recibir al marido, entonces hay una guerra de desgaste de “mujer acosada”  o puerta cerrada.  Se reemplaza al viejo por el nuevo, porque interesa la fecundidad de la mujer.  La nueva amistad se legitima, el amante es un visitador.

 

Si la mujer extraña al anterior, le prepara un plato de comida, va a la casa del hombre anterior y se la deja en el umbral y sin palabras regresa a la suya.  Cuando llega la noche el hombre puede volver a montar su bicicleta.

 

PALABRAS FINALES

 

La sexualidad es uno de los componentes básicos del ser humano por ello ha sido objeto de múltiples reflexiones tanto en el terreno científico como en el espacio político y social.

 

En 1993 J.Weeks la define como una experiencia histórica y personal a la vez que no puede entenderse si se observan solamente sus componentes “naturales” ya que éstos sólo pueden adquirir significado en interrelación con procesos inconscientes y culturales.

 

Por ello, el intento de identificar aquellos factores que provienen de la herencia biológica y de la cultural es una tarea irresuelta.

 

Lo que parece innato en los seres humanos es una serie de señales y gestos universalmente etológicamente presentes, desde el nacimiento;  pero no es menos cierto que la combinación social, los significados atribuidos, los modos de integrarlos en conductas que se asumen permitidas y obligatorias pertenece al mundo de la política, de la cultura y de la ideología.

 

 

LIC. CRISTINA TANIA FRIDMAN

ctfridman@fibertel.com.ar

Socióloga. Especialista en Educación Sexual. Investigadora en Sexualidad. Profesora Adjunta de la materia Sexualidad y Salud de la Carrera de Psicología de la Universidad Abierta Interamericana  y Profesora Asociada de la Diplomatura en Salud Sexual de la Universidad Abierta Interamericana. Co-Directora de CETIS (Centro de Educación, Terapia e Investigación en Sexualidad). Directora de Cursos de Educación Sexual a distancia y para Personas que Trabajan en Discapacidad.  Miembro de la Comisión Directiva de SASH ( Sociedad Argentina de Sexualidad Humana). Autora de varias obras en sexualidad.

 

 

FUENTE: Artículo original, publicado en la Revista de SASH – Editada por la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana. Año XVI – Nº 1. Paginas 43 a 48, inclusive.

Website SASH: www.sasharg.com.ar

 

 

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