La fidelidad se recuesta sobre una de las estrategias
humanas de reproducción. Las
tradiciones culturales inciden en su definición y significado. No existe una univoca concepción de patrilinaje donde se adjudique al varón la responsabilidad
de “traspasar la semilla familiar”.
Discursos y estructuras diferentes en América Latina y en la
Costa de Marfil. Posturas antropológicas
que plantean distintas caras de la libertad sexual y que insisten
en el cuidado de la mirada hacia los “otros” donde el aparato lógico
de percepción se encuentra contaminado desde la perspectiva de genero
y cultural del estudioso/a. Los pactos suponen reglas que cambian según
las épocas, los lugares y sin memoria.
La fidelidad es una transacción más allá de la pareja.
No
hay fidelidad sin intercambio. Es
decir, la fidelidad supone dos términos, dos individuos, o un individuo
y una sociedad, y una relación entre estos dos términos. Es
una isla desierta no puede haber fidelidad.
Antes de ser un valor moral, la fidelidad es una necesidad
social que se organiza en torno a la construcción de un pacto regido
por reglas fijas. Las reglas cambian según las épocas, los lugares
y los ámbitos. Pero existen,
ya se trate de espionaje o de sociedades polígamas. La
fidelidad cambia de esfera, pero la sociedad se preocupa siempre de
codificarla. Interviene en
lo privado, nombra y legisla el matrimonio y el adulterio.
Cuando los ojos están clavados en la propiedad, la mirada no
va muy lejos. Lo importante
no es la ida, se le brinda a todo el mundo, como la marcha hacia la
muerte. Lo importante, lo difícil, es la vuelta. Es decir ir del centro hacia el exterior.
Pero el retorno sólo cobra sentido por la ida, no se puede
volver de ninguna parte, hay que volver de alguna parte.
Es ese doble trayecto, devanado a la ida y
recuperado a la vuelta, lo que constituye la fidelidad. La fidelidad es ante
todo un recorrido, un recorrido con obstáculos, y
a veces monstruoso. Hay que
avanzar, combatir, vencer y volver.
No hay fidelidad
sin objetivo. La
fidelidad tiene un origen desde el cual se parte y al que se llega. La entrada y la salida están en el mismo sitio, pero no
en el mismo lugar. Para
parecer infiel … ¿Quién puede saber en el fondo qué fidelidades alimentaron
esta lucha y para ser fiel … ¿Cuántas traiciones?. La fidelidad
no es una premisa, se basa en un intercambio, en una relación, un interrogante
perpetuo que oscila entre dos polos, uno mismo y el OTRO, ya sea respecto
al amor, a la historia, a lo divino.
Se
puede olvidar sin ser infiel, por otra parte, y ser infiel sin olvidar. Mejor, la infidelidad supone la memoria: sólo se puede ser fiel o infiel a lo que se recuerda…
y por esto fidelidad e infidelidad son dos formas opuestas, una
virtuosa y la otra no, del recuerdo. “Dios
libre al hombre o la mujer de olvidad, olvidar”, dice el
poeta. El devenir es infiel y hasta las estaciones
cambian. El duro deber de la memoria, gratitud y piedad por el
pasado, pero este deber tiene sus grados, los profesores del perdón,
ya que no es lo mismo un campo de concentración nazi, ser fiel a los
primeros amores, o a los hinchas de su club de fútbol. Recortemos por ejercicio de fidelidad en tres campos: el pensamiento, la
moral y la pareja. No pensamos
cualquier cosa. Para pensar
no solamente hay que recordar sino querer recordar, esta voluntad
es la fidelidad. Pero existe la Fidelidad a la verdad, en donde
la fidelidad se distingue de la fe.
Existe el derecho a cambiar de ideas pero solamente cuando
es un deber. La
ciencia vive en el presente
y está olvidando constantemente los primeros pasos.
La filosofía es una extrema fidelidad al pensamiento. La moral: para Kant que
creía en una moral universal y absoluta, la fidelidad no era más que
un caso particular del deber y estaría sometida a la ley. Para
esta época, le ha tocado en suerte ser moral sin creer para nada en la verdad absoluta de la
moral.
La moral
no es la verdad, pero vale, no es objeto de conocimiento, sino de voluntad, no atemporal, sino
histórica, no ante nosotros, sino detrás de nosotros. No existe un fundamento
de la moral, la fidelidad le sirve de fundamento.
Por ella nos
sometemos no a la atemporalidad
de una ley moral universal, sino al pasado, a la presencia del pasado en nosotros,
ya sea en cultura, civilización, del pasado de cada uno de nosotros,
o del de nuestros padres (super yo), la
educación de cada uno lo que separa nuestra moral de la moral de los
demás. En la pareja es otra
historia. ¿Qué se entiende
del uso exclusivo y recíprocamente exclusivo del cuerpo del otro? ¿Por qué se amaría a una sola persona? ¿Por qué se desearía a una sola persona? ¿Y por qué pretender el goce excluido del otro?
¿quizás sea más cómodo y más seguro,
más fácil de vivir?. Lo esencial es saber lo que hace que una pareja sea una
pareja, y cuan constitutivo de la misma es la fidelidad. Del amor, del cuerpo, del deseo, de la herencia,
de los recuerdos, ya se esté viviendo juntos o separados, fieles o
no al amor compartido y recibido, y al recuerdo voluntario de este
amor. Los
problemas de TRISTAN e ISOLDA, novela emblemática
del amor, la leal observancia de los compromisos y promesa desde lo
social desde lo psicológico y desde lo ontológico. De allí, es válido afirmar
el carácter histórico de los fundamentos de la fidelidad, que permitiría
mostrar el carácter económico y político de las condiciones que determinan
la constitución ideológica de esta noción en el valor moral, o en
la dimensión erótica.
Porque lo que se exige
no es la libre adhesión a un bien deseable a sí mismo, sino la sumisión al
contrato de dependencia, cuya duración y asiduidad son necesarias
a la continuidad del orden social.
El rey esta obligado a retribuir a sus caballeros y la lealtad
de éstos es la condición para su integración en el sistema jerárquico
de la sociedad feudal.
Es
interesante reflexionar en un sentido más amplio la fidelidad. Por ejemplo, cuando un texto simple da lugar
a interpretaciones. Cuando
se trata de pasar de una cultura a otra mediante la traducción, la
cuestión del respeto y de la traición se complica;
cuando se trata de textos sagrados y de su exégenesis,
puede traer terribles consecuencias.
El dogma y las herejías, el problema de la fidelidad de los
orígenes. La historia de la antigua literatura cristiana
está llena de sangrientos combates entre Padres de la Iglesia y herejes
(o supuestos herejes). ¿Cómo
pasar de un texto de una lengua a otra, respetar el texto de origen
y la cultura de destino? A
veces es necesario traicionare para seguir siendo fiel, éste es todo
el sentido de la disputa entre traductores de “fuentes” y traductores
de “estilos”. ¿Se altera, se desnaturaliza, hay abolición
de sentido?.
Borges en inglés, los dirigentes chinos que conocieron la obra
de Marx a través de traducciones estalinistas. La fidelidad es una
meta, un ideal que todo el mundo se esfuerza en alcanzar. En el momento se tiene la impresión de haber
triunfado, luego veinte o treinta años más tarde, todo se desmorona… Otra
dimensión, el
espionaje: espacio
cerrado donde se enfrentan fidelidad e infidelidad. El espía que cambia de bando y es apodado topo,
es como el animal emblemático de la infidelidad. Un mundo donde reina
la sospecha, donde todo es vigilado, uno lee cartas que no son dirigidas
a ese ser. La duda… La sospecha…
La vergüenza de los propios fantasmas… Vivir con angustia, con miedo…
Mirar al mundo con desprecio y arrogancia.
Inventores de pasados, de pasiones, creencias, familias y convicciones. Toda su vida fieles a una infidelidad.
Parias de vidas turbulentas.
Vanesa de 20 años opina en América Latina que: “Una cambia. A los catorce años
uno no es igual a los quince o a los diecisiete años. Salgo con un pibe desde que tengo doce años
y no hay motivo para que la relación se termine, y hubo muchas infidelidades.
Yo engañé, y también fui engañada, y me he sentido traicionada.
Pensé y vociferé que era espantoso.
Pero, en realidad, no era cierto.
La idea de que hay que permanecer juntos toda la vida es reciente. Todas las parejas que conozco se han separado,
se han divorciado. A partir
del momento en que uno es verdaderamente infiel, ¿para qué seguir
con el otro?. Sobre todo a mi edad,
cuando una tiene necesidad de hacer su vida… Yo soy fiel desde hace
un año y medio, a mi edad es
muchísimo, soy fiel para que mi pareja tenga mas fuerzas, porque me
parece que mi historia de amor no es fácil de conseguir… En una pareja
es distinto que en una familia, uno puede querer verificar si gusta
todavía a otros, no es grave, es tranquilizante, pero si uno quiere
todo el tiempo irse con otros, no hay que seguir o al menos no hay
que decirlo nunca, porque puede hacer daño al otro”. Rodrigo de 43 años opina en América Latina
que: “para mí, la fidelidad no es un valor, pero me veo obligado a reconocer
que en mi círculo sí importa, y entonces me lo planteo. No es más que un contraste. Este aspecto del comportamiento me interesa
sólo porque me lo plantean los demás y lo percibo a partir del dolor
del otro, porque para mí, no cuenta en absoluto”. César de 29 años relata desde América Latina: “mi concepto de fidelidad está ligado a mi concepción de pareja. Cómo ésta ha ido cambiando, también fue cambiando
el otro. Hoy en día me cuesta
menos reconocer la muerte de la pareja, y pareciera que si una pareja
va mal, uno de los síntomas es la infidelidad.
O sea, el amor se muere. Queda
a veces el deseo irreprimible de la aventura, ¿el amor es exclusivo?. No creo en la infidelidad neutra”. Rosa de 40 años expresa: “enamorarse a menudo exige mucha energía, y mentir para proteger al otro,
es muy cansador. Es bueno llevar una existencia transparente.
La fidelidad puede ser entonces un elemento de bienestar.
Ahora tengo deseos de serenidad, y en este momento no deseo
a otras personas”. Estudiando
relaciones diferentes –en un viaje a la Costa de Marfil- en una sociedad
en la que hombres y mujeres jamás viven juntos, y sólo se encuentran
en las noches, uno podría pensar que allí no hubieran
dificultades de este tipo, pero, sin embargo, también aquí la fidelidad
plantea problemas.
Los
senufo nafara es uno
de los escasos pueblos que no se casan:. Ellos
practican desde tiempo inmemorial el ke kurugu
(ke de aldea; kuguro: de detrás de las aldeas), una forma de encuentro nocturno
entre el hombre y la mujer que ellos llaman “no matrimonial”. Tyé-porgo es
una institución que ellos conocen bien (matrimonio de mujer, cuando algunos hombres ricos
pagaban el precio de la novia o matrimonio dotal de sus vecinos de
aldea, Diula).
Pero ellos practican “amistad
por el hombre” y llaman “extranjero” u
“hombre
que corre” al que por la noche va al encuentro de la que llama
su “amiga”,
o la mujer que desea, la que tiene gusto, dulzura, como un plato bien
condimentado y cocinado. En suma, las realidades tan poco matrimoniales de los
nafara hacen añicos nociones habituales como matrimonios,
marido, esposa, conyugal, poligamia, etc. Un
nafara polígamo no es un marido que tiene
tres esposas, sino un hombre que pasa los días en su pueblo materno y sus noches
en las respectivas aldeas de sus tres amigas. Dichas amigas no forman una célula conyugal,
ni tampoco una pareja, pero están vinculadas a él durante un tiempo más o menos largo
por una amistad a la que pueden poner fin sin tener que
divorciarse por lo mismo, ya que no están casadas. Es
una sociedad
matrilineal y matrifocal
(la pareja reside con la madre de la mujer) pero en el caso de los Nafara, la mujer y el hombre, la difícil pareja, no residen juntos
sino que cada uno de ellos vive desde su nacimiento hasta su muerte
en el pueblo de su propia madre.
El marido visitador no es
responsable legalmente ni de la manutención alimentaria,
ni de los cuidados médicos de sus amigas que, durante toda su vida,
viven en sus pueblos maternos. A ellas
les corresponde alimentar a su visitante de la noche, y a él fecundar
a su “mujeres dulces” en la calidez de sus estancias nocturnas. Son como nuestras madres
solteras, sin los subsidios familiares de los países
europeos y otras seguridades sociales en donde se encuentran sí organizadas. En estas sociedades
las mujeres dan a luz, nutren y educan a los niños y los hombres ejercen
la autoridad o hacen como si la ejercieran.
El
problema es el linaje, o gran familia, formada por una multitud de
parientes consanguíneos cuyos lazos genealógicos se remontan a un
ancestro en común. Un patrilinaje en
el cual se intercambia sus mujeres con las de otro, pues son los padres,
hombres los que transmiten a su hijo tanto la pertenencia familiar
y su nombre como su pertenencia familiar y su nombre como su patrimonio
y su rango investido de autoridad.
En la forma matrilineal, no se puede prescindir de los descendientes femeninos
ni de sus miembros masculinos. No
se puede intercambiar sus mujeres con las de otra familia, puesto
que son ellas quienes procrean a sus miembros, lo que equivale a decir
que la reproducen. Y los hombres
tampoco son prescindibles en la medida de la apariencia o ejercicio
de la autoridad, en calidad de hermano o tío materno, o viejo.
Patrimonio, nombre y rango se transmiten por línea femenina,
de tío materno a sobrino uterino, o sea del hermano de la madre al
hijo de está. ¿Cómo
evitar que una solidaridad demasiado fuerte entre el padre y el hijo
no mermen la autoridad del hermano de la madre, en suma, que el padre
no sustituya al hermano materno?. ¿Y
cómo impedir que se desarrolle un vínculo demasiado fuerte conyugal
en detrimento del hermanahermano?. ¿O que los hombres abandonen a su hermana y sobrino
en beneficio de sus mujeres e hijos?. Ninguna sociedad
matrilineal puede sobrevivir sin limitar
fuertemente el vínculo conyugal y el vínculo paternal.
La devoción conyugal está mal vista. En
estas sociedades. Acaso la
limitación nafara no es la mas simple, radical y rara que hay. La amiga nafara que cuida los hijos y el extraño que la visita solo
se encontrarán por la noche.
Los viejos no corren, van a pie, y con lámparas en sus manos. Los jóvenes con bicicletas. La noche parece poblarse de luciérnagas. El visitador
no tiene nada que ver con un marido que vuelve a casa tipo pater
familias. Los hombres son apartados y aislados. Los hombres deben demostrar incomodidad y pudor
sobre todo cuando no le han dado una mujer, no debe encontrarse con
la madre de su amiga, ni saludarla.
La vergüenza de cruzarse con su suegra es una obsesión de los
navabele. Comer en lo de
su amiga es fundamental, es casi su única comida. Todo lo que come en el día, es muy rápido y
frugal. Aquí es la mujer la que mantiene al hombre. Pero esto no es del todo cierto porque los hombres
deben trabajar en los campos de su familia política. Sea como fuere, la dependencia alimentaria
del hombre es quizás la prenda más sólida y prosaica de su fidelidad.
Si encuentra a la mujer acostada, más vale callar y ayunar…
La noche suele llevar paz a los hogares.
En este tiempo de separación física, los padres tienen pocas
ocasiones de dirimir en caliente sus conflictos de autoridad.
Los tíos actúan durante el día, los padres por la noche.
El padre es un fetiche, el mejor fetiche. En esta cultura, la relación padre hijo es el
nudo de la fidelidades masculinas.
Porque no le puede dar ningún bien colectivo, ni autoridad
legal, ni derecho, es el ángel de la guarda, el “fetiche”. No
es así el tío matrilineal. Decir que soy fiel o infiel a mi tío o a mi
madre no tiene mucho sentido puesto que somos del mismo grupo de pertenencia.
Si los abandono me expongo a la sanción
de los muertos. Solo puedo ser fiel
a quien estoy ligado y esta ligado por un compromiso que puedo romper. Como la madre con el visitante al que puede rechazar
o abandonar. El afecto del
hijo hacia su padre se nutre de la fragilidad del vínculo. Los Nafara son extremadamente
discretos en cuanto a sus actividades sexuales, se expresan en general
en términos culinarios. A los hombres
se les aconseja no acariciar y a las mujeres abrir bien las piernas.
A la mañana se lavan para sacarse el forno,
mancha que deja toda relación sexual y contamina, “calienta”, y enferma a los otros. La fidelidad conyugal
femenina, esta sujeta a que sus compañeros sexuales paguen algunos
cauris (monedas) y cuatro pollos. Es un derecho de acceso a la sexualidad (al
comienzo o en el transcurso de cada relación, lícita o no) bastará
con que la mujer se bañe. La
presencia de la mancha (forno)
vuelve a la desgraciada a la imposibilidad de cultivar la tierra,
y a la obligación ritual de exhibir con la ayuda de efigies genitales
su lubricidad. Por ello, las mujeres están “obligadas a inscribir
a sus amantes en un registro de pago” (Sandoogo). Entonces la prenda
alimentaria es para el varón fundamental
en su fidelidad, y en la mujer el baño el sandoogo
es una potencia invisible que controla y sanciona su actividad sexual. Hoy día, las mujeres nafara
cambian de hombre dos o tres veces durante su vida y pueden haber
recibido en su choza hasta siete y ocho visitantes. Para
los hombres la situación es distinta por el amamantamiento y la abstinencia
sexual que hacen que tengan una legítima poligamia. Tiene tres o más amigas en aldeas diferentes. Si tiene dos o tres, hay días que tiene como
un domingo personal por el cual no se aleja de su pueblo, y lo dedica
su voluntad. A veces tiene
amigas lejanas y entonces duerme en la casa de un gran amigo y deja
libre a su mujer. Los
hombres nafara no son ni blandos ni afeminados
sin embargo dicen que la mujer manda al hombre.
Es casi siempre la mujer que inicia la ruptura. La mujer deja o rechaza y no a la inversa. Arrancar
las amigas de otro es el deporte favorito de los jóvenes adultos,
tironeados por los fantasmas de la penuria femenina.
El celibato no esta reconocido, toda aquella mujer joven tiene
su visitante aun pudiendo ser niña o siendo el prometido el que trabaje
la tierra de su familia política.
Toda relación sexual ilícita es calificada de robo.
Las mujeres que tienen un amante son ladronas de hombres y
los hombres ladrones de mujer.
La mujer rompe. Pero al hombre
le corresponde la iniciativa de una nueva relación. Frecuenta a las amigas que roba, mientras el
propietario pasa sus noches en la choza de sus otras amigas. De todas formas hay señales como cestas llenas
o vacías que indican el libre paso a la choza. Hay “un marido” hay
“amante”
y hay lavados rituales. En derecho
nafara los alegatos y testimonios
nada valen. Es el mismo el
que debe sorprender a los interesados en flagrante delito. Si es así,
el viejo le hace
reproches a la sobrina, pero en realidad no le puede prohibir la entrada del amante,
ni obligar a recibir al marido, entonces hay una guerra de desgaste
de “mujer acosada” o
puerta cerrada. Se reemplaza
al viejo por el nuevo, porque interesa la fecundidad de
la mujer. La nueva
amistad se legitima, el amante es un visitador. Si
la mujer extraña al anterior, le prepara un plato de comida, va a
la casa del hombre anterior y se la deja en el umbral y sin palabras
regresa a la suya. Cuando llega la noche el hombre puede volver
a montar su bicicleta.
La
sexualidad es uno de los componentes básicos del ser humano por ello
ha sido objeto de múltiples reflexiones tanto en el terreno científico
como en el espacio político y social. En
1993 J.Weeks la define como una experiencia histórica y personal a la vez
que no puede entenderse si se observan solamente sus componentes “naturales”
ya que éstos sólo pueden adquirir significado en interrelación con
procesos inconscientes y culturales. Por
ello, el intento de identificar aquellos factores que provienen de
la herencia biológica y de la cultural es una tarea irresuelta. Lo
que parece innato
en los seres humanos es una serie de señales y gestos universalmente etológicamente presentes, desde el nacimiento;
pero no es menos cierto que la combinación social, los significados
atribuidos, los modos de integrarlos en conductas que
se asumen permitidas y obligatorias pertenece
al mundo de la política, de la cultura y de la ideología.
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