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| 1. LA EDAD MEDIA DE LA VIDA MASCULINA:
40-60 AÑOS |
"La
más perniciosa de todas las mentiras sexuales, es la creencia, casi
universalmente aceptada, de que la efectividad sexual desaparece inevitablemente
a medida que el ser humano envejece. Tal cosa simplemente, no es verdad"
William H. Masters y Virginia E. Johnson
Como subrayamos en otras partes de la obra, ésta suele
ser la edad de la experiencia en el hombre. Por lo tanto las funciones sexuales deberán, por fuerza, ser diferentes
en cuanto a factores desencadenantes y características personales.
La imaginación popular suele comparar con la química los sentimientos
de atracción sexual y su brusco decrecimiento. La imagen es la de un
fuego que luego de alcanzar su máxima incandescencia, se va aquietando
hasta apagarse, dejando, en el mejor de los casos, brasas humeantes
como recuerdo de lo habido. Y sigue
diciendo la sabiduría popular: cuanto más intensa y fuerte la reacción,
más rápidamente ella acaba.
La analogía popular nos sirve de introducción a uno de los temas de este
capítulo: los problemas del matrimonio, la rutinización
de su vida y sus consecuencias específicas en la vida sexual. Entre los 40/45 años el hombre pasa por
una crisis, llamada "crisis de la edad media de la vida". Cerca de los 55/60 años, otras "tormentas" se avecinan: El temor a envejecer y los diversos tipos de personalidades, que colorean en forma peculiar
todas estas manifestaciones.
Nos extenderemos algo más en un fenómeno común a cualquier edad, pero
más frecuente entre los 40-60 años: la depresión.
| 2. LA LLAMADA “CRISIS DE LA MEDIA DE LA VIDA” |

| 2.1 UN MITO: “LA MENOPAUSIA (*) MASCULINA |
Cuando nos referimos a la edad media de la vida, estamos aludiendo a un término
medio oscilante entre
los 38 y los 50 años de edad de un hombre. Por lo mismo, se la conoce como
la "crisis de los 40".
Algo cambia en un hombre cuando llega a esta edad. El cambio puede variar
en sus manifestaciones, pero en general, hay una madurez en el estado anímico,
dificultades en el área laboral y un cambio en su aspecto exterior. Llegado a esa edad, es probable que el hombre empiece a temer a la vejez (algunos ya se sienten viejos) y a la muerte, vista ahora como un hecho (antes, era
una suposición, una fantasía infrecuente).
Alguien puede decirle a este hombre que en realidad está padeciendo de
"menopausia". El término suena un poco inadecuado; se usa con propiedad para la declinación
de la actividad ovárica femenina y, por lo tanto, de su capacidad reproductiva.
Definitivamente, "no corresponde usar este término
para el hombre". No existe la declinación marcada
de la actividad hormonal como en las mujeres, y si existe es sumamente
gradual y no se hace sentir para nada, en la actividad sexual. El diagnóstico de "menopausia" a los 40-45 años, suele ser usado por las mujeres (por las esposas, claro) a la manera de broma agresiva, en el intento de pensar que la afección está en el marido (y no supuestamente
en ella).
En otras oportunidades, muchos hombres aceptan gustosos estar "menopáusicos",
porque asimilan el término a una enfermedad, sacando ventajoso partido
de esta situación. Sentirse incapacitado proporciona una excusa
válida para eludir la responsabilidad de enfrentarse con los problemas
cotidianos y poder hacer lo que su "status de enfermo", caprichosamente
requiera.
El término crisis
(*),
a los fines del tema que estamos tratando, puede ser tomado como sinónimo de cambio con características intensas y bruscas.
Este cambio -atención- puede ser favorable o desfavorable. Literalmente,
es un momento decisivo. La crisis de la edad media de
la vida es una etapa considerada inexorable. Todo hombre de cualquier
condición social la pasa. En algunos, antes de los 40, otros llegando
a los 50. No tiene que ver con el fracaso laboral, ni con el matrimonial.
En realidad, la crisis de la edad media de la vida, es una modificación en la
vida de un hombre, se comporta como si se hubiese percatado de haber
perdido algo, y lo manifiesta con tristeza, abatimiento o enojo y mal
humor.
Obviamente, nos preguntamos: ¿Qué se ha perdido?. Muchas cosas -la mayoría- no concretas, inasibles, casi inexplicables.
Diremos algunas: los años de la juventud, los sueños y objetivos juveniles, las
energías puestas al servicio de "conquistar el mundo", la
mejor mujer, el mejor premio, el más alto sueldo, el más codiciado puesto. Lo cierto es que la crisis, de una u otra manera, es inevitable. Habitualmente, todo hombre es ambicioso, se pone una o varias metas
a alcanzar en la vida. Estas metas pensadas, soñadas y proyectadas cuando
se tenían entre 20 y 30 años se confrontan con lo que se obtuvo realmente
entre los 40 y 50 años.
Aunque
suene disparatado, la crisis se presenta por
igual en aquel hombre que consiguió total o parcialmente sus objetivos
y en aquel que no los consiguió. ¿Cómo
se explica el primer caso? Porque el estímulo principal del hombre, antes de alcanzar
su anhelado objetivo, es el esfuerzo y la espera del resultado. Cuando
éste llega, se ha perdido el esfuerzo. Ya no hay para qué luchar.
A esta altura de la vida y en cualquier circunstancia, el hombre cae en la cuenta de
que es mortal.
| 2.3 CRISIS, ESTRÉS Y CAMBIO |
Recordemos que el
cambio mismo es una fuente de estrés, de esfuerzo. Este estrés produce modificaciones hormonales importantes, una baja en al inmunidad del individuo y, por supuesto, una mayor predisposición a enfermar.
Un hombre de 40-45 años que cae en la cuenta de sus limitaciones, que
hace un balance parcial de lo conseguido hasta ese momento y tiende a enojarse y a deprimirse,
lucha para ocultarse a sí mismo esta realidad. Lucha, se desgasta y, finalmente, agotado, puede ver -no siempre- esta
verdad de frente. Esta lucha y este desgaste, no son simples enunciaciones.
El hombre puede ocultar los límites a los que ha llegado a través del alcohol, descuidando su vestir, o saliendo con otras mujeres.
Generalmente, con mujeres mucho más jóvenes, intentando una "transfusión"
de juventud. Puede llegar a engordar muchos kilos, o fumar en exceso,
y es la época en que la hipertensión, el colesterol, la Diabetes
y la úlcera gastroduodenal aparecen con mayor
frecuencia.
El miedo
a envejecer, la sensación de no haber alcanzado las metas propuestas,
la necesidad de aferrarse a una realidad que se escapa, hace de la crisis
de estos hombres los prolegómenos de una turbulencia depresiva necesitada, en muchísimas oportunidades, de ayuda psicológica.
| 2.4 LA CRISIS DE LA EDAD MEDIA DE LA VIDA Y EL MATRIMONIO |
Cuando un hombre siente que "el piso se le mueve" en todos los órdenes, es inevitable que la angustia afecte la relación matrimonial. Es difícil decir de cuales factores dependen la estabilidad del matrimonio
en estas circunstancias, pero la
capacidad de tolerancia de una mujer para administrar la crisis del
marido es un factor decisivo. Pero el problema de ninguna manera es fácil. Hemos crecido
con el pensamiento de que el matrimonio es un vínculo indisoluble -y,
a fuerza de ser sinceros- digamos que es deseable que así suceda. Pero
-y es de cotidiana comprobación- no es lo que la realidad contemporánea
muestra.
Hemos
sido educados -aunque el medio que nos rodeara mostrara lo
contrario- con los ideales del crecimiento sin problemas, el encuentro con
un amor eterno y sin altibajos y la satisfacción del deber cumplido. Más o menos como un hermoso cuento de hadas. Es obvio que no hemos sido
advertidos y muchos menos preparados para las insatisfacciones, decepciones
y crisis de toda índole que presionan dentro de la vida matrimonial.
En realidad, hay
dos grandes variantes en este tema. Una, es la crisis del matrimonio en sí, y otra, la crisis de uno cualquiera de los cónyuges que, al negarse a admitirla,
tiende a culpar de ella al matrimonio como institución.
Ocurre que el hombre, a esta altura de su vida, comienza a experimentar
sensaciones y necesidades emocionales que antes, si tenía, le pasaban
totalmente inadvertidas. El hombre suele sentir -la mujer también, dicho sea de paso- que el matrimonio y la compañera
elegida, después de 10-15 años de vida en común, han perdido todo halo
mágico.
El problema no es nada simple. Esta crisis se enmarca en el endiosamiento
de la juventud, proceso fomentado y propagandeado
por nuestra sociedad actual. Por lo tanto, los
sueños, metas de vida, ilusiones forjadas veinte años atrás, suelen
no servir ahora. Descubrir -a veces muy súbitamente- que no alcanzaron
los objetivos soñados, puede causar horror a muchos hombres. El sujeto
tiende a hacerse más gruñón que de costumbre, a reducir el contacto
con su esposa e hijos, a pegarse más al televisor, o a llegar tarde
a casa. Si le pudiéramos preguntar, este hombre respondería que se siente
"insignificante, impotente, envejecido".
El varón enfrenta muy mal este período. Decididamente, la mujer suele tener mayor ductilidad
y capacidad de adaptación. El hombre encuentra ahora que la
vida se le ha rutinizado, en tanto la mujer, libre de las ataduras
lógicas impuestas por la maternidad, crecidos los hijos ya adolescentes,
se siente mucho más libre y emprende una segunda parte de la vida
con alegría y coraje. Hay una mujer diferente en la
vida de este marido y debe enfrentarse,
inevitablemente, con esta realidad. Pude sentirse más abandonado aun
si su mujer, ya no tan dedicada a él, decide trabajar, o continuar sus
estudios, o simplemente divertirse con sus amigas.
Un aspecto
interesante por lo frecuente
y la incidencia que tiene en la estructura del matrimonio en esta edad,
concierne a los hijos ya en franco
crecimiento y desprendimiento acelerado. Se produce un encuentro-desencuentro entre hombres
e hijos, de cualquier sexo, realmente conmovedor. ¡Justamente cuando el padre
está pasando por un período crítico y además altamente sensible, necesitado
de comprensión, calidez y ternura, los hijos, por un proceso natural,
están alejándose...!
El hombre suele estar muchos años "edificando el futuro": trabajando de sol a sol, ahorrando dinero
o invirtiendo en bienes, soñando con la casita propia, o con el coche
nuevo, o con el puesto de máxima jerarquía en el trabajo. Al retornar
-muchas veces con el objetivo logrado- se encuentra con sus hijos en
franca rebeldía adolescente. No le obedecen, siguen sus propios gustos,
y les parece sumamente aburrido estar con papá y mamá muchas horas o
compartiendo las vacaciones.
La crisis
de la edad media de la vida sorprende al hombre en varios frentes simultáneos: desea encontrar en la esposa a la misma mujer
del pasado, sin advertir que
ella también está cambiando; desea encontrarse con sus hijos y éstos
no quieren saber nada de él; desea encontrar una fuente de inspiración
en su trabajo o en su profesión para salir de su
monotonía y el aburrimiento, pero siente no tener ideas, y no se le ocurre nada creativo. Se cree viejo y piensa que esta
crisis es irreversible y que le puede durar
todo el resto de la vida.
| 3. “CRISIS DE LA EDAD MEDIA DE LA VIDA” Y SEXUALIDAD |

Se supone -mal, naturalmente- que la vida sexual de una
pareja con 10-15 ó 20 años de vida en común, desaparece lánguidamente;
apenas perdura con ritmo rutinario, sólo como para conservar el vínculo
y nada más. Esta creencia muy común, asienta sobre
otra fundamental: a medida que el hombre va creciendo en edad, decrece
su vida sexual.
Si bien existen notables cambios en la vida de la pareja -vida corporal,
vida en común con los hijos, vida laboral, vida de fin de semana, vida
de pasatiempos y de vacaciones- y también la declinación lógica del
paso de los años, esto de ninguna manera implica el envejecimiento sexual,
la impotencia o la arterosclerosis incipiente.
La época de la juventud -de los 20 a los 35 años- suponía fogosidad, rapidez,
frecuencia; la edad de los 40-50, supone experiencia, calidad, desaceleración
de todas las emociones y reacciones, mayor capacidad de autocontrol
y, muy especialmente, un diferente nivel de placer.
No
hay dudas de la infinidad de factores influyentes en desavenencias conyugales,
a veces cotidianas. Problemas con los hijos, o directamente el reconocimiento
de un error compartido, pueden llevar a una pareja a la separación transitoria
o al divorcio definitivo. Pero el caso más común no es este.
Existe una enorme cantidad de hombres desilusionados de su elección
matrimonial, lo que repercute directa o indirectamente en su vida sexual.
Y ¿por qué?. Parece ser que la responsabilidad de esta desilusión deber ser buscada
en las expectativas con que cada hombre abordó al matrimonio y a su
compañera cuando era joven.
Por
otra parte, el hombre llegado a la mayoría de edad, ve
precipitarse como un castillo de naipes "el mito del macho", dentro del cual fue criado y
moldeado. ¿En qué consiste? Al hombre, es su juventud, le
fue inculcado que sólo el
pene erecto es sinónimo de potencia, tanto sexual como de cualquier otro tipo.
Además, debe "durar" mucho
tiempo con el pene erguido antes de eyacular. Un hombre debe ser de pene, cabeza y corazón duro, se le ha dicho y repetido hasta
el cansancio. Por lo tanto, se espera de él que sea agresivo y recio, que no falle nunca en nada y menos
en la cama, que compita en todo, aventajando (sobre todo en los relatos de
café) a cualquier otro hombre. Formado en este tipo de pensamiento
durante años, a este hombre le pareció natural probar su potencia sexual
con su compañera (y a veces, con muchas otras mujeres) cada vez que
salía al "campo de la lucha" de la cama. A los 20-25 ó 30
años, se pueden tener relaciones sexuales sin muchas exigencias, en
cualquier lugar, en cualquier posición, con cualquier mujer, en cualquier
estado físico y bajo cualquier tipo de presión.
Según
este pensamiento, ser hombre es ser joven y "ganar trofeos". La hombría es la potencia y la potencia, el poder. A veces, la hombría es la potencia y el poder, que se mantienen gracias
a la máscara ocultadora de los sentimientos, las tensiones y aprensiones
existentes. Cuanto más se alardee y se haga ostentación, más hombría
se supone tener. Cuando un hombre llega -supuestamente- a la madurez
de los 40-50 años, no puede pretender tener la reactividad, la velocidad
y la indiscriminación en sus relaciones que tenía 10 ó 15 años atrás.
Como quedó dicho, el "culto del macho" hace suponer
a un hombre que el tiempo no pasa, que la juventud es eterna, que puede quedar sin dormir varias noches
a los 25 años como a los 35 como a los 45; que podrá tener, sin cansancio
2 ó 3 relaciones sexuales por día también a cualquier edad, y que su
pene apenas toque la cama (no la mujer) tendrá la misma capacidad de
volverse eréctil a los 25 como a los 45 ó 50 años.
En esta
edad media de la vida, los hombres "descubren" súbitamente
que ese mito es eso: un mito. El pene no se levanta
tan rápidamente como antes y, -¡oh, horror!-
a veces sencillamente no se levanta. El "atleta" ha entrado -según
cree el supermacho- en declinación; el miedo
a la vejez, a estar "acabado", esto domina el panorama, agravando
los estados anímicos y las relaciones con la esposa o la familia. Si el hombre no tenía hasta el momento ningún problema, es seguro que
lo tendrá ahora. Hay un detalle agravante. Los hombres están cursando en
esta edad media de 40-45 años, una época en que la vida también ha crecido
en derredor. No sólo los hijos sino también la mujer
y los parientes cercanos.
No es extraño que
en estos años, un familiar -madre o padre- enferme o muera; o que se
produzcan cambios importantes en la vida laboral o del hogar, como ascensos
en el trabajo, cesantías y comienzo de trabajos nuevos, o mudanzas de
residencia, etc., etc. Todos estos factores,
a veces, actúan de desencadenantes de situaciones de estrés que desembocan en la crisis de la edad media.
El hombre tenderá a atribuir la pérdida de su reactividad o la falla
ocasional en la erección o eyaculación a cualquiera de estos factores.
Como popularmente se cree que en esta época comienza la "menopausia
masculina" (*) no es extraño que el individuo consulte
a un especialista para que le sean administradas hormonas (testosterona). Repetiremos que el decrecimiento intenso de la actividad
testicular en esta edad es muy raro. Y además, si se detecta una baja importante en la Testosterona, debemos
saber que no se trata de un acontecimiento natural sino de una enfermedad
que tiene manifestaciones hormonales en otras partes del cuerpo y relativamente
accesibles a cualquier especialista.
En conclusión, los problemas sexuales de un hombre de
40-45 años una vez descartadas las grandes causas orgánicas como la
Diabetes, los problemas vasculares y renales o alguna afección general,
son de origen psicológico. La terapia hormonal servirá de muy poco. Y
es más. Es necesario, antes de medicarlo con Testosterona, efectuar
un análisis de sangre completo, que incluya un Antígeno Prostático Específico,
con la finalidad de detectar posibles procesos de neoformación,
que la administración hormonal pueda -peligrosamente- activar. Es conveniente explorar las fuentes
de la angustia, productora directa de fallas sexuales. Es probable que un hombre niegue tener angustia. Recordemos que la angustia es un afecto y, como
tal, está sujeto a la política general sustentada hasta ese momento
por los hombres: reciedumbre, "los hombres no lloran", "el
que confiesa un afecto o un problema, es un marica" etc.
Pero, cuando se los interroga con tiempo y detenimiento,
estos hombres de 40-45 años pueden develar circunstancias o acontecimientos
productores de angustia que han contribuido en forma directa a la sumatoria
de la crisis de la mitad de la vida y pueden provocar fallas sexuales.
Así, estos hombres pueden confesar como causas cercanas de ansiedad:
Ø
Hostilidad de la esposa.
Ø
Poca
demostración de cariño de la compañera (no lo acarician eróticamente,
o lo acarician insuficientemente).
Ø
Clima sexual tenso:
los chicos rondan el cuarto, no hay intimidad.
Pero lo más interesante, son
las causas indirectas o lejanas de ansiedad. Se pueden remontar a 3 ó 4 años
atrás:
Ø
Angustias
laborales: peligro de perder el puesto o el trabajo.
Ø
Angustias económicas: aprietos financieros, peligro
de perder la casa.
Ø
Episodios depresivos, aún los que hoy ya están
superados.
Ø
Fatiga física, descanso insuficiente, insomnio.
Ø
Consumo excesivo de bebidas alcohólicas.
Ø
Consumo excesivo de tabaco (más de un atado de
cigarrillos diario).
Ø
Tensiones conyugales durante un lapso prolongado.
Cualquiera de estas causas puede venir acoplada a muchas
otras, potenciando su capacidad de producción de angustias. Además,
la angustia crónicamente sostenida, puede, por sí misma, producir
cambios hormonales, siendo a su vez éstos responsables circunstanciales
indirectos de las posibles fallas eréctiles
o eyaculatorias.
| 3.1 EL HOMBRE DE 40-50 AÑOS: UN SER IGNORANTE EN MATERIA SEXUAL Y ALTAMENTE
SUGESTIONABLE |
Los padres de la sexología contemporánea, W.Masters y V.Johnson afirman textualmente: "La susceptibilidad del macho humano al poder de la
sugestión con respecto a su capacidad sexual, es casi increíble."
Esa
sensación flotante en el aire respirado por cualquier hombre de esta
edad, del temor a perder la erección, a no durar lo suficiente,
a perder la "virilidad", a que le digan "inservible",
es la causa principal -no existe duda alguna- de las fallas sexuales
en esta edad de la crisis.
La más leve alusión a la capacidad de tener una erección y sostenerla,
encuentra al hombre de 40-45 años tan sensible y susceptible, que puede
provocarle una brusca inhibición y desencadenarle una pérdida total
o parcial de la erección. Este mismo hombre ignora
que con el tiempo se le ha prolongado francamente el período refractario;
necesitará minutos y, a veces horas de juego amoroso previo a una erección.
Antes,
con solo mirar a alguien, ya sentía una sensación característica. El
hombre, además de ignorar todo lo referente a su sexualidad, es terco y orgulloso. Eso quiere decir: "a mí, esto no puede sucederme". Entonces, empeñará sus fuerzas
en la lucha sin cuartel contra sí mismo; cree - ingenuamente - que cuanto
más esfuerzo de voluntad, mayor atención focalice
y mayor espacio de su mente le dedique, solucionará mejor el problema.
El resultado es la depresión: el proceso natural e involuntario
reside en la no admisibilidad de los límites, de los afectos, de las
nuevas necesidades de placer y satisfacción.
La mayor parte de los hombres, sin duda, no comentará sus problemas con
otros hombres. El camino del "macho" también pasa por ahí.
Y si comenta, no obtendrá respuestas honestas. La hipocresía, la fanfarronería y la
omnipotencia crean el clima más común entre los "machos". El resultado es previsible: el hombre se siente solo, creyendo que
es un caso único, excepcional y además, incurable. No es nada extraño que para calmar la ansiedad y probarse, el hombre de 40-45 tenga aventuras
amorosas con mujeres a veces mucho más jóvenes que él. O incluso, que salga en repetidas oportunidades con mujeres ocasionales,
pagadas, por supuesto. Como es de suponer, este "método de diagnóstico
y/o terapia" no resulta; a veces agrava más el problema: el "macho"
encuentra el "documento" de que está "terminado",
que ya "no funciona" y supone que algo grave le sucede.
También existen los que se transforman en Don Juanes seductores para darse mayor
tranquilidad y confianza, los que asedian a las amigas o esposas de
amigos. En el extremo, están los que frecuentan "casas de masajes" o "saunas",
o prostitutas, donde la máquina
del dinero ha sustituido al afecto, el tiempo tranquilo, las caricias
con amor y, sobre todo, la presencia del otro global, como una totalidad
comprensiva. Es muy reciente la lucha contra la ignorancia. El material
interesante y valioso escrito por colegas serios responsables, se mezcla
con material muy ostentoso y burdo, con fines claramente comerciales.
La represión que hemos vivido durante
décadas, hace que muchas veces una sala de masajes sea la única "fuente
de consulta" de un hombre angustiado.
Sin embargo, cada día son más los hombres capaces de confesar sus problemas
a un clínico o a un Urólogo, de la misma manera que las mujeres hace
tiempo ya se los confiesan a su Ginecólogo/a.
| 4. UN REPASO EVOLUTIVO: EL CICLO SEXUAL MASCULINO |

Los estudios modernos, incluídas
las experiencias clínicas, demuestran que el
varón alcanza su máximo desarrollo sexual biológico aproximadamente, entre los 17 y 23 años. ¿Qué
significa esto? Significa el poder responder velozmente
y en forma repetida a los estímulos eróticos. Es casi un ser infatigable. En muchísimos casos, el joven varón de 18-23 años, es capaz de alcanzar
la erección en cuestión de segundos, con solo imaginar una escena erótica,
y tener más de una eyaculación sin perder totalmente la erección. El
llamado período refractario es sumamente breve, tal vez a
los 5 o 10 minutos puede ser reestimulado con buena
respuesta eréctil, y por lo tanto, es
capaz,
no sólo de penetrar varias veces
en el transcurso de horas a su compañera, sino de tener más de un orgasmo,
sin retirar el pene de la vagina.
Nuestra sociedad nos ha educado predominantemente en la hipocresía de
la doble
moralidad y en verdaderos mensajes paradojales: "No debes hacerlo. Pero hazlo,
igual lo harás". Habitualmente los
jóvenes buscan satisfacer su sexualidad a través de prostitutas, o tomando
la iniciativa de cortejar a jovencitas de su misma edad o un poco menores.
Algunos llegan a tener relaciones sexuales que, como están cargados
de ansiedad y culpa, son fuente de eyaculaciones precoces y anorgásmias
(*) femeninas. El rol de la mujer, habitualmente, es el de la jovencita seducida
contra su voluntad, o de la inocente víctima de un "hombre agresivo". Todo este panorama, felizmente, se está modificando
bastante en los últimos años. Probablemente nuestros
hijos no tengan ya estas preocupaciones con los suyos propios. Entre
los 20-30, se producen en los varones cambios manifiestos en las costumbres
sexuales. La responsabilidad por ganar el sustento, por formar un hogar
va moderando y seleccionando progresivamente el ritmo sexual. Las etapas finales de la adolescencia,
van cediendo paso a la calma social y al ejercicio progresivo de la
capacidad de crear y procrear.
Ya después de los 30-35 años, han quedado atrás las cúspides biológicas de los 18. Raramente el hombre puede gozar
de un orgasmo múltiple. Se ha ido espaciando cada vez más el llamado
período refractario y la frecuencia de coito no excede la de 3 por semana
en una vida matrimonial regular. En forma franca,
mejora la vida sexual en cuanto
a calidad, y la seguridad interior ha aumentado notablemente.
Sin embargo, pese a alcanzar la madurez en materia sexual
, el hombre de esta edad comienza a ser muy sensible a los cambios
en el medio exterior. Estos cambios pueden
hacerse sentir directa o indirectamente en su vida sexual, la mayor
parte de las veces en forma transitoria. Comienzan a aparecer variaciones notables,
que dependen del estilo de cada hombre y cada pareja.
La enorme cantidad de problemas cotidianos a que se
ve sometida una pareja, vuelve inevitable que el hombre, la mujer, o
ambos, padezcan algún problema en el área sexual. La ignorancia, la falta de comunicación
entre ambos, la carencia de conocimientos de las personas o profesionales
a quienes se consulta, los mitos, siguen cobrando víctimas, muchos más,
por supuesto, que los posibles problemas orgánicos. Nos estamos refiriendo a las edades entre 30 y 40 años. La exigencia
mitológica de tener el pene rígido y "durar" mucho tiempo,
pese a tener problemas por no poder pagar la luz y el gas a fin de mes,
o haber sido despedido del trabajo, sigue haciendo estragos en los hombres
de esta edad.
Muchos hombres sienten la falta de novedad en la relación sexual, sin nada que descubrir, con todos los pasos
y las escenas marcadas muy de antemano. Una de las manifestaciones más comunes
entre los 40y los 50 años se refiere al hecho de cuál de los esposos
toma la iniciativa de tener un acto sexual. También, o por motivos
de costumbres "machistas" e "inferioridades" mitológicas
femeninas (una mujer debe esperar siempre; nunca debe avanzar primero),
los primeros años de matrimonio transcurren con el hombre proponiendo
o "buscando" a su esposa. Este tipo de interacción tiene sus excepciones, por supuesto, pero de
un modo general, es aplicable a casi todos los matrimonios de nuestra
cultura.
El hombre
acostumbrado a esta modalidad puede llegar a tener problemas cerca de
los 40-45 años. ¿Por qué? Porque la mujer, aún cuando después de 10
años de vida en común esté necesitada de relación sexual, o interesada
en un juego amoroso intenso, no se lo solicitará a su esposo; tenderá
a inhibirse y a dejarle paso a él. Como de costumbre. Un hombre, tomado
por la idea de una declinación sexual por estar pasando problemas laborales
o afectivos, puede llegar a sentir a los 40 años que su mujer se desinteresa
de él, que lo abandona a su suerte, que no lo excita, que no se preocupa
por su salud o su "envejecimiento prematuro". Para colmo de
males, la falta de iniciativa y la fuerte
inhibición de ella, pueden agravar la situación. A esta edad, como quedó dicho anteriormente, los reflejos eréctiles no son los mismos que aquellos de 15 ó 20 años atrás.
Se tornan
necesarias la comunicación afectiva, la estimulación intensa mutua,
la paciencia y la tolerancia. El hombre que encuentre
en su mujer a una compañera con iniciativa proporcionadora
de tranquilidad y confianza, no tendrá ningún problema. La iniciativa
sexual suele ser transitoria y, como cualquier otra crisis, evoluciona
y pasa.
Pero un altísimo número de hombres tienden a malinterpretar estas reacciones y a sobredimensionar las costumbres "pasivas"
o faltas de iniciativa de sus compañeras. Creen que su vida sexual toca a su fin. A la inhibición habitual de
la mujer se suma ahora la angustia del marido. El resultado es fácilmente imaginable:
un espaciamiento progresivo de la relación sexual, un miedo progresivo
a probar "a ver qué pasa esta noche", una necesidad progresiva
de consultar con alguien y una gran vergüenza de hacerlo.
| 4.1 DOS FACTORES CONDICIONANTES EN LA VIDA SEXUAL DE LA MEDIANA EDAD:
LOS NIÑOS Y EL TRABAJO |
Examinaremos dos factores externos, incidentes en forma
diferente en los problemas sexuales habituales de un hombre de 40-45
años. Los niños suelen ser muy bullangueros,
e interrumpir o impedir el acto sexual o los momentos íntimos de los
padres. Cuando son muy pequeños, las exigencias de los llantos
o los pedidos intempestivos son fácilmente controlables, pero el cansancio
lógico que provocan, es un factor negativo para
un placentero relacionamiento en la intimidad.
Cuando son adolescentes,
es frecuente constatar la imposibilidad de encontrar espacios y tiempo
para quedar a solas. Es obvio que cuando los niños o adolescentes están
más conectados con el acontecer en derredor de ellos, más preocupados estarán los padres por el miedo a ser descubiertos
durante una relación sexual. En algunas parejas esta preocupación puede llegar a ser patológica, y llevarlos a olvidar por
completo el derecho de disfrutar de su capacidad amatoria. Esta parejas creen que la imagen que deben dar a sus hijos
es la de padres rígidos, austeros y sin intimidad. Después de tantos miedos y prevenciones,
cuando por fin el encuentro puede darse, en el silencio de la medianoche,
ambos cónyuges están cansados
y muchas veces, sin motivación. No es extraño que la erección,
la calidad de las caricias, el tiempo dedicado a estimularse y darse
placer, sean exiguos; el resultado es un deterioro
progresivo del erotismo, que deja paso al hastío y/o la hostilidad.
En realidad
los niños desean que sus padres sean cariñosos incluso entre ellos.
Los niños necesitan saber que sus padres tienen entre ellos vida íntima, aunque no pueda ser publicitada, exhibida ni comentada. El erotismo
sexual es una experiencia que debe ser concebida y experimentada en la intimidad, lo cual no quiere decir sequedad, cortedad,
inhibición, silencio absoluto. Los niños necesitan saber que los padres
tienen vida sexual entre ellos, aunque no frente a terceros. Explicar esto con palabras y ejemplos
adecuados, suele calmar a los niños. Agregar un cerrojo a la puerta del dormitorio es el otro paso importante.
Todo esto, incluso, forma parte de la educación sexual saludable,
tendiente a guardar recuerdos benéficos cuando estos niños crezcan sin
tabúes (*) y sin hipocresías.
El trabajo
es el segundo gran tema preocupante en la mente de los hombres de mediana
edad. Cuando hablamos de trabajo, incluimos también actividades
extra-hogar: carrera, profesión, oficio, tareas en la comunidad,
pasatiempos, hobbies, relación con amistades,
etc. Es deseable que un hombre a esta altura de la vida crezca, se empeñe
en mejorar, compita y disfrute de sus triunfos, aunque aparentemente
sean muy pequeños. Pero nos referimos a la exageración de estas actividades, en detrimento
de la relación de pareja. El argumento habitual
de estos hombres, es que si no lo hacen ahora, ¿cuándo? Pero el problema
suele ser el proporcionar bienes o vida material a la familia o los
hijos, pero casi nada de ellos mismos. La esposa y los hijos lo ven
cada día más preocupado con el trabajo o la profesión y acaban teniendo
poco contacto con él. Y se supone que a esta edad, es cuando más necesita el hombre del
apoyo emocional de su familia.
| 4.2 ALGUNOS
DEFICITS EN LA EDAD MEDIANA, PROVOCADORES DE DIFICULTADES SEXUALES |
| 4.2.1 UN
DEFICIT IMPORTANTE: LA PERDIDA DE LA COMUNICACION |
Es una de las quejas más comunes. Habitualmente en una pareja es la mujer quien se queja de
este problema; el hombre considera "poco masculino" estar
hablando de sus necesidades o sentimientos. Durante los primeros años, probablemente, la comunicación
en cantidad y calidad era suficiente, cuando el hombre llega a los 40-45
años, se modifica el tipo de necesidad
y aún la calidad de relación íntima. También los temas a comunicarse
se van transformando y, en muchos sentidos, se torna necesaria una profundización
de los mismos. La
necesidad de ambos cónyuges es de un compromiso mayor, con el énfasis
puesto en el tema de la relación de pareja, los gustos de ambos, los
sentimientos envueltos. No se trata de imposiciones tales como: "Yo quiero o querría esto
si no, no hago tal cosa"; más bien sería: "Yo quiero esto.
Tú, ¿qué querrías?"
Es lógico que, pese a los largos años juntos, puedan existir aristas de
hostilidad y desconfianza, pero la experiencia demuestra una fuerte
dosis de fantasía en las actividades defensivas de los cónyuges, por
sobre las razones reales concretas.
En cuanto al relacionamiento sexual, es importante efectuarse pedidos específicos de estimulación. Es muy común la pareja que tras
10-15 o más años de buena relación íntima, tenga un problema sexual
después de algún acontecimiento estresante o alguna pérdida afectiva.
Ahora la erección o la eyaculación falla total
o parcialmente, y es necesario reiniciar el contacto íntimo
como si acabaran de conocerse.
Entonces aparecerán la inhibición, la vergüenza y, también, el descubrimiento: el hombre tiene perturbados los reflejos muy
sensibles de la erección y necesita que su mujer sea paciente y
le proporcione estímulos delicados durante mucho más tiempo que antes. Hace 10 años, la erección se producía "sola". Quiere decir:
sin necesidad de mucha participación de la mujer. Ahora, después de
los 40 años de edad, las caricias activas de ella son casi imprescindibles. El marido no tiene una enfermedad grave ni está "acabado",
ni se ha vuelto un "degenerado". Simplemente, retornar a un entrenamiento a
esta edad, exige un poco más de esfuerzo y paciencia. Aquí, la comunicación íntima de las necesidades, de los miedos, de los
pensamientos que nunca antes pudieron ser mencionados, se vuelve casi
imperiosa.
En muchas ocasiones no se tiene ni siquiera el vocabulario
para referirse al pene o a la vagina, o al
clítoris. Hay parejas que se sienten más cómodas hablando en lenguaje
culto, otras no. Carece de importancia. Lo esencial es que se comuniquen. Para la comunicación íntima, es necesario el lenguaje no verbal. El
hombre debe indicar a su mujer dónde y cómo desea ser acariciado. La
comunicación no verbal es importantísima, pero es de desear que no reemplace
a la comunicación hablada de los sentimientos, de las necesidades y
de los temores mutuos.
| 4.2.2 EL DEFICIT EN LA EXPERIMENTACION: EL FANTASMA DE LA RUTINA |
Cualquier interacción
humana,
pasado algún tiempo de desarrollo, tiende a
ser rutinaria. Mucho más la vida en común de una pareja matrimonial. Los pasos a dar ya se conocen, los estilos de reacción y
los sentimientos relacionados son previsibles, y se acaba perdiendo
el interés y el encanto. Las relaciones eróticas sufren también de este
"mal de rutina", pese a que su objetivo central es proporcionar
goce y placer.
Hay algunos indicadores sobre los cuales
se instala la rutina: el horario, el
lugar, la posición erótica adoptada, quién de los dos toma la iniciativa,
el día de la semana elegido, la ropa íntima a usar, etc. Por otra parte, ninguno de los
dos, marido ni esposa, se
permiten sugerir o directamente innovar, provocar algún cambio. La rutina va apagando poco a
poco la capacidad creativa y va durmiendo lentamente algunos sentimientos.
A veces, tomando uno o dos de los indicadores comentados, los maridos
consiguen "milagros". Las esposas suelen ser sensibles a eso.
Podría ser cambiar el horario de la relación íntima, o el lugar, aun
dentro de la misma habitación. No es necesario un viaje al mejor hotel
de la Bahamas.
En resumen: la declinación sexual de la edad media
de la vida, es un mito (*), como muchos otros. Si se lo toma en cuenta y adquiere características de obsesión, es muy
posible que se produzca realmente la declinación. Pero, sin embargo,
la crisis inevitable producida alrededor de los 40 a los 50 años o a
los 10 o 15 años de matrimonio, tiene muchas posibilidades de ser aprovechada.
Se ha ganado experiencia, se han
cosechado algunos dolores, pero se pueden invertir energías en el relacionamiento cotidiano con la persona que hemos elegido
hace ya tiempo.
En caso de no poder, se producirá un cambio diferente, casi siempre más doloroso. El hombre tendrá que aprender,
aunque sea por un tiempo breve, a vivir solo.
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