Medicina Forense

Periódico de Marzo de 2003
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Amigos ciberlectores del área Médico Forense, una vez más con el ánimo de participar a ustedes algunas reflexiones sobre temáticas que se nexan de manera especial con el área Médico Forense, como es el caso de la conducta altarada por la expresión de una entidad mental denominada “Depresión”.

En los problemas de salud comunitarios, el grado de salud de un sujeto, se expresa en la medida que sus relaciones resultan armoniosas con sus semejantes y su entorno. Cualquier disfunción al respecto esboza rasgos patológicos. A nivel de salud mental, la depresión es la más frecuente de las manifestaciones de disfunción, de allí el interés de compartir una caracterización sintética que presente los criterios básicos para su conocimiento y atención.

 

Depresión... de la ira a la soledad...

 

Una de las principales problemáticas en el mundo actual que condiciona conflictos, lesiones y alteraciones en la dinámica social es la depresión.

 

La depresión es un estado mental trastornado que incide en todo el organismo. Su impacto puede llegar a inmovilizar a un sujeto y ponerlo en situación de detrimento total.

Existen sentimientos de culpa, tristeza, soledad, indefensión, desesperanza e inutilidad extrema.

El sujeto presenta perturbaciones en el sueño y hábitos alimenticios. Se autodeclara incompetente, se autocastiga y abandona. Aún cuando esté rodeado de personas, se siente solo y carece de la capacidad para sentir disfrutar el placer.

El sujeto en estado de depresión, atraviesa varias etapas, mismas que permiten clasificar a esta entidad en tres niveles: depresión leve, moderada y mayor.

Su presencia en el sujeto puede ser temporal, intermitente y en casos muy graves puede llegar a convertirse en crónica.

Todos los sujetos pueden manifestar depresión, aunque existe predisposición a padecerla en ciertas etapas de la vida, principalmente en las fases en las que existen desajustes hormonales importantes tales como en la adolescencia o en la menopausia y la andropausia.

 

La depresión presenta dos variantes: la depresión propiamente dicha en la cual el ánimo siempre está minimizado y la depresión en la que se alternan periodos de exitación con periodos de exaltación. A este último se le denomina: depresión maniaco depresiva.

 

Un sujeto en la fase depresiva, primero que nada puede o no estar consciente de su triztesa, es incapaz de concentrarse, tiene lentitud de ideación su energía la expresa desgastada, manifiesta desesperación, autodesprecio, desinterés sexual e ideas recurrentes de muerte, que puede llevarlo en casos serios al suicidio.

 

En la fase de agitación, el sujeto desarrolla un comportamiento exaltado, irritable, disminuye su sueño, pierde el juicio, realiza en exceso actividades tanto sociales, como laborales. En una ruta incesante, que el mismo aviva, sin darse cuenta de que su exceso de productividad es patológico.

 

La causa de la misma, no está determinada. Se atribuyen factores de tipo genéticos, orgánicos, metabólicos, incluso se ha llegado a pensar que son situaciones derivadas de los roles sociales los que avivan su presentación. Neurotransmisores como la serotonina y la acetilcolina y su desequilibrio se han responsabilizado en manera extrema de esta disfunción, pero no hay hasta el momento un factor único contundentemente descrito al respecto.

 

En lo referente al tratamiento, no debe ser únicamente medicamentoso, si bien es cierto que los inhibidores de la monoaminooxidasa, los inhibidores tricíclicos, la fluoxetina y la venlafaxina son compuestos muy alentadores, la ayuda psicoterapéutica, el ejercicio y la alimentación adecuada al coordinarse, brindan beneficios sobreabundantes al paciente.

 

Un sujeto deprimido, es un sujeto enfermo, que carece de los mecanismos idóneos que le permitan su adaptación al medio. Potencialmente puede ser víctima o victimario y su oportuna caracterización no tan sólo asegura su pronto tratamiento sino que además permite prevenir la expresión de una conducta antisocial y las consecuencias que de la misma derivan.

 

Un sujeto deprimido exaltado puede tornarse iracundo y ejercer violencia física y psicológica en su familia.

Un sujeto deprimido en extremo, puede idear suicidarse y de no ser detectado a tiempo, consumar su propósito.

 

Tanto quién arremete contra otros, como quién lo hace contra sí mismo, expresa violencia.

Y la violencia condiciona lesiones, mismas que pueden llegar o no poner en peligro la vida tanto del sujeto como de quiénes lo rodean, sean o no sus familiares.

 

En muchas ocasiones, los cuadros de depresión, sólo llevan a la consideración de la atención a nivel psicoterapéutico o psiquiátrico, cuando la valoración integral del paciente, es necesaria para evitar los riesgos potenciales que a la sociedad condiciona en este estado.

 

Un individuo deprimido se considera “enfermo” en tanto que su capacidad de adaptación se minimizó y perdió el equilibrio armónico de convivencia  con su entorno y sus semejantes.

 

Si bien es cierto, existe un factor genético que incluso se expresa de manera familiar, el medio, la educación y la socialización imperfecta, favorecen su expresión en la sociedad de nuestro tiempo.

 

El médico forense en su labor pericial, cubre un campo tan inmenso de acción, que permite visualizar al individuo más allá de una simple lesión. A través del estudio detallado de la lesión y la profundización en la caracterización del mecanismo de producción de la misma, deberá orientar no tan sólo hacía el por qué de su producción, el para qué de su realización y el de qué manera se condicionó sino también orientar hacía la prevención de un nuevo episodio con la canalización oportuna del sujeto deprimido a la especialidad médica pertinente al caso en particular.

 

Todo sujeto deprimido expresa un conjunto de signos y síntomas tan particulares que al igual que otras entidades médicas su valoración requiere una investigación integral y plurisdiciplinaria en la que el médico forense participará de manera especial sobre todo, cuando el sujeto deprimido fue sujeto de un episodio de violencia, bien como agresor, bien como receptor del daño.