Periódico
de Agosto
Medicina Forense |
DRa. Patricia Rosa Linda Trujillo Mariel
Apreciados amigos ciberlectores,
en este mes de agosto, en el que se concluye para muchos el periodo vacacional
y se inicia un nuevo ciclo escolar, es necesario hacer una reflexión profunda
sobre el concepto de humildad en el ejercicio profesional de un médico independientemente
de su especialidad. De ahí, que con el interés de compartir estos comentarios
se presenta el tema:
Humildad… en el ejercicio profesional es sinónimo de calidad
Una de las cuestiones más importantes
en el ejercicio de una profesión es el principio de humildad.
La humildad se entiende no como
el menoscabo de las capacidades o el detrimento de la autoestima, sino como
el principio del cambio y por ende de evolución en el ser humano.
El médico, independientemente de
su especialidad, o giro de trabajo, debe asumir una postura de humildad, para
así, no tan sólo enriquecer su ejercicio profesional, sino la calidad de servicio
que brinda a su paciente.
La palabra calidad, implica actualmente
el concepto de bienestar y qué mejor que un profesional del área de ciencias
de la salud para brindar con su quehacer este concepto a su comunidad.
La humildad en el ejercicio profesional
implica la capacidad de reconocer que existen:
Si se analiza cada uno de los criterios
anteriores por separado se obtienen las siguientes reflexiones:
El conocimiento humano a nivel
de ciencias representa conceptos inacabados y perfectibles. Lo que hoy se
considera con carácter universal,
ayer era desdeñado, y muy probablemente mañana sea considerado en desuso.
Por ello, todo profesional que
no asume la necesidad de actualizar sus conceptos, y de desarrollar una experiencia
vivencial que le permita no tan sólo adquirirlos sino comprenderlos y entenderlos,
pone en peligro no tan sólo su ejercicio y honorabilidad profesional, sino
la vida y la dinámica social tanto de su paciente como de la sociedad en la
cual ejerce su labor.
Algunos profesionistas, consideran
que asistir a un curso de capacitación es un acto humillante, es exhibir su
ignorancia y perder status, cuando quiénes asisten a estos procesos formativos
fortalecen su estima, capacitación y calidad.
El conjunto de deberes y obligaciones
que determinan los límites y alcances de una acción profesional no solo fueron
creados para dar uniformidad de criterios, sino también para ser aplicados.
La aplicabilidad de una norma,
implica primero su conocimiento y en segundo término la posibilidad de integrar
un criterio y un conjunto de valores que sitúan, dan forma, orientan y evidencian
la capacidad de formar parte de un grupo y respetar por ende los señalamientos
que constituyen a un conjunto de sujetos con personalidad jurídica, académica
y social.
Existen profesionistas, que consideran
que la normatividad y los conceptos y preceptos que de ella emanan, sólo deben
ser conocidos y observados por quiénes inician su ejercicio laboral, que los
años otorgan principios de norma y que por ello a mayor longevidad tanto vital
como formativa, mayor oportunidad de saltar los señalamientos que sobre del
ejercicio profesional existen.
Es común escuchar, que el saltarse
una norma, o faltar a la misma implica reconocimiento entre aquéllos que piensan
que el haber egresado dos décadas antes, otorga el derecho de ejercer sin
norma.
Si bien algunos consideran que
la norma puede ser saltada por criterios que equiparan la edad con el derecho
de evadir preceptos; la ética, los principios, valores y guías de orientación,
bajo esta misma perspectiva, también son elementos que se omiten en el ejercicio
laboral del área médica.
Y aquí es válido considerar que
profesionistas recién egresados, argumentando desconocimiento, incurren en
situaciones que conllevan la inobservancia de criterios con el pretexto de
que no fueron formados hacía esa orientación y con este sustento desarrollan
conductas que propician alteraciones tanto personales como colectivas, que
inciden tanto en los pacientes, como en la comunidad en la que prestan sus
servicios.
Hasta hace algunas décadas, el
médico representaba una figura social de semidios, todo lo sabía, todo lo
podía y no existía criterio más acertado para el paciente que el de su médico
familiar. Los tiempos han cambiado, y la evolución de la ciencia, la especialización
y el surgimiento de superespecialidades ha generado un grupo de sujetos que
preocupados por su formación han superado los niveles medios de desarrollo
alcanzando excelsitud en su ejercicio. Médicos que teniendo el conocimiento
ideal, específico y actualizado, no son consultados por el falso temor de
perder clientela, prestigio y economía. Cuando su aportación no tan solo redundaría
a favor de quién solicite la interconsulta sino de su propio prestigio al
demostrar su capacidad de reconocer que existe un compañero médico que puede
ayudar de mejor forma a su paciente.
Así como existen profesionistas
que se desarrollan académicamente, hay quiénes su práctica profesional los
convierte en expertos. En muchas situaciones quiénes ejercen la clínica en
poblaciones específicas, desarrollan habilidades diagnósticas que superan
en mucho la conceptualización teórica, que si bien es cierto no la sustituye
si la apoya.
Desde el siglo XVIII los médicos
han apoyado grandes avances científico y tecnológico no tan sólo en materia
de salud, sino en áreas tan diversas como la física, la química, las matemáticas
e incluso la pedagogía y la comunicación social.
El criterio de un médico que es
fortalecido con los conceptos de la investigación científica permite fortalecer
con pertinencia, congruencia y calidad su labor.
De ahí la importancia de considerar
su participación, cuando la elaboración y sustentación de un diagnóstico,
pese a la argumentación teórica y la actividad práctica requiere ser cuestionada
con criterios de contrastabilidad y universalidad.
Por todo lo antes descrito, el
profesional médico que asume una postura de humildad, reconoce la importancia
del trabajo en equipo multidisciplinario, acepta la generación de conocimiento
nuevo que redunda en beneficio de sus pacientes y por ende de la población
y goza además de una superación y protección que le permite no tan solo ejercer,
sino ejercer con eficiencia y calidad.
El ser humilde invita al reconocimiento
de que todo ser humano es capaz de brindarnos algo aún cuando parezca que
su participación es mínima en el entorno.