Saludos cordiales amigos ciberlectores, se inicia noviembre  y con este mes, en México el periodo de tradiciones autóctonas más importantes  para el culto de los muertos. Y siendo la Medicina Forense un área estrechamente vinculada con los sucesos funerarios, este periódico presenta a ustedes una de las manifestaciones culturales asociada a la veneración de los difuntos y que es conocida como “Altar de Muertos”

 

Desde tiempos remotos el hombre guarda respeto, admiración y veneración por los fenómenos que no logra descifrar. La muerte es uno de ellos, y a lo largo de la historia este suceso, ha sido objeto de múltiples interpretaciones. El dogma, la religión y la tradición han imperado, y en las culturas más antiguas, el cuidado y preservación de los muertos va más allá de una simple tradición. En México se tiene como antecedente que la ofrenda autóctona se origina aproximadamente 1800 años antes de Cristo. Los hombres enterraban a sus muertos acompañando sus tumbas con utensilios de cocina elaborados con arcillas de múltiples colores. Trescientos años más tarde, (1500 a. C.) no tan sólo eran utensilios de cocina (tazas, vasijas, platos, garrafas, etc.) sino alimentos y cerámicas. Ejemplo de esto es la tumba 104 que se ubica en el centro ceremonial Montealban (ubicado en el estado de Oaxaca, al sur de la república mexicana)  en la que se encuentran joyas, vasijas, vestuarios, útiles y urnas funerarias. En la cultura Totanaca (desarrollada en los actuales estados de  Veracruz y Puebla, en México) se inician los ritos del culto a los difuntos. Su principal ciudad y centro ceremonial se ubicaba en El Tajín (Municipio de Papantla, Veracruz) aquí el culto a los muertos se desarrollaba en grado superlativo.  Los totonacas consideraban que existía el reino de los muertos al que denominaban: “Mictlán” (lugar donde viven los muertos) y ahí gobernaban Mictlantecuhtli y Mictlancihuatl, Señor y Señora de los Muertos.

Hoy en día aún se les da culto a los fieles difuntos los días 1º y 2º de noviembre, el primero dedicado a los niños y el segundo a los adultos.

En estos días se hace un altar decorado con múltiples objetos que si bien es cierto en su mayoría conservan los elementos que en la antigüedad se utilizaban, introducen variantes que enriquecen la presentación de está expresión cultural autóctona:

Adornos de origen natural:

Coronas y canastas de Coyol real,

Hojas de tepejilote, 

Flores de tallo de lirio,

Flores de muerto (para hacer un camino desde el altar al patio de la casa)

Ofrendas de frutas:

Naranja de jugo,

Lima de Chichi,

Naranja nave,

Naranja mandarina,

Calabaza melón,

Calabaza Silvestre.

Ofrenda de alimentos preparados:

Tamales (de anís, dulce, picadillo, guisados, calabaza, pescado, etc.)

Mole

Tintines

Pomoles

Garapachos.

Ofrenda de dulces preparados:

Dulce de yuca,

Dulce de calabaza,

Dulce de cahuayote,

Dulce de Papaya verde,

Dulce de ciruela campechana

Dulce de camote

Pan:

Pan de muerto (pan preparado con anís, levadura, y adornos que semejan huesos, y que puede ser redondo o imitar la figura de un difunto)

Alimentos preparados en honor del difunto (sus platillos predilectos)

Vestimenta:

Se les compra vestimenta completa, al difunto si era varón se le compra traje completo, calzón y camisa, morral, guaparra (machete), sombrero, paleacate, botella de aguardiente, tabaco o cigarros. A la difunta, enagua, blusa, queshquen y mandil.

Papel picado:

Es un papel sumamente delgado (papel de china) sobre el que se reproducen a través de cortes delicados figuras que semejan la fauna o motivos funerarios.

Cirio:

Velas, elaboradas con un material llamado tacahuite, que depositado en una cajita se cubre con ceniza y colocándolo como vela o cirio se mantenía encendida.

Copal:

Del árbol de copal, se extraía material utilizado como incienso para purificar lo ofrendado.

 

Hay bailes tradicionales, vestimentas y festividades. Es muy completo el montaje del altar, rodeado de misticismo y tradición. Las personas encargadas de elaborarlo tenían la precaución de revisar todos y cada uno de los detalles, desde flores hasta cantos. Se invitaba un curandero o brujo, que “limpiaba” el lugar ya que si la familia tiene invitados no creyentes, o elementos negativos en el ambiente perjudicaría la visita de los difuntos y con ello no se cumpliría el objetivo del altar, que es venerar, alagar y brindar un momento de alegría y degustación a sus difuntos.

 

En los altares de hoy en día, se añade a lo anterior la foto del difunto e imágenes religiosas, calaveritas de dulce, calaveritas escritas y todos los instrumentos o elementos que le agradaban al difunto. Generalmente se hacen en centros escolares, instituciones públicas o privadas y de manera especial en los centros de reunión popular. En lo particular algunas familias todavía conservan la tradición no tan sólo de elaborar altares con ofrendas para sus difuntos, sino que pasan la noche en vela en los cementerios y “conviven” con los difuntos toda la noche de muertos.

Es necesario destacar que los tradicionales altares, con la llegada del cristianismo al país se modificaron y con ello su significado, que aunque conserva elementos  similares, la simbología es distinta y a continuación se detalla:

Papel picado, refleja los trabajos que debe desarrollar el cristiano en su camino al cielo

El agua: el momento de purificación

Las flores y adornos naturales: cantos y alabanzas al Señor.

Pan de muerto: el pan significa la postura de Cristo, que es la levadura, que lleva a Dios; los huesos que adornan el pan, recuerdan las osamentas de los santos y mártires que dieron su vida por transmitir la buena nueva. Así, Cristo une a vivos y muertos.

El incienso: el aroma que purifica y acerca al hombre con Dios, hace referencia a las oraciones y alabanzas.

Las velas: expresan que Cristo es la luz del mundo.

Las calaveritas de dulce, con los nombres grabados:  recuerdan que un día se estará en el cielo.

Agua: como signo del bautismo cristiano.

 

Lo más sobresaliente de esta tradición, es que une a los miembros de la familia. Se celebra como pequeña ceremonia con especial fervor y  lo más importantes tal vez es que intenta (sin quererlo de manera expresa) rescatar los valiosos orígenes de las culturas mesoamericanas.

No es impuesta, y en muchas ocasiones permite llevar a la reflexión, que el hombre podrá actualmente realizar viajes espaciales y descubrir con sofisticadas tecnologías galaxias lejanas, podrá dar diagnósticos de defunción precisos, pero ... aún no puede descifrar el enigma de la muerte, de ahí que la venere.