Periódico de Octubre Apreciados
amigos ciberlectores, con un especial placer les saludo en este bello
mes en el que inicia el otoño. Para esta ocasión, comparto con ustedes
un conjunto de reflexiones que se presentan acerca del rol de líder
en el posgrado en el área médico forense. Esperando sea de su especial
interés y agrado: Reflexiones
sobre el papel de líder en el Posgrado. Una experiencia
en la Maestría en Medicina Forense. Dra. Patricia Trujillo Mariel En los orígenes de la educación
la figura de lo que actualmente conocemos como profesor, estaba vinculada
al concepto de tutor. Ya que sus funciones consistían en proporcionar
conocimiento, orientar y aconsejar a sus “alumnos”. El mentor, tenía entonces
una triple figura, por una parte, era la fuente directa del conocimiento,
por otra el guía y finalmente era la figura de autoridad que lideraba
la formación de su discípulo. A través de la historia,
el liderazgo educativo ha tenido efectos positivos en el desarrollo
educativo de un sujeto, y bajo esta concepción, la figura del docente
como líder académico tiene su expresión máxima cuando se pretende consolidar
una experiencia educativa a niveles de excelencia. Todos los maestros pueden
llegar a ser líderes, pero no todos los líderes se consolidan como maestros.
Y en la manifestación del fenómeno educativo, primordialmente en el
nivel postgrado, el liderazgo académico es de vital importancia para
acceder a la senda de la calidad, pertinencia y servicio en el curso
de un programa educativo. De ahí la necesidad y el
interés de caracterizar los elementos que constituyen en su esencia
los indicadores para construir un liderazgo educativo en el nivel postgrado,
mismos que para ser explicados requieren una visión retrospectiva al
por qué del surgimiento de un líder y del para qué, cómo, cuándo y dónde
de su acción, situación que a continuación se analiza: El fenómeno del liderazgo,
debe ser considerado desde la óptica de la sociología educativa. La sociología, es la ciencia
que estudia el desarrollo, la estructura y la función de la sociedad. En esta importante área del conocimiento, se analizan
las formas en que las estructuras sociales, las instituciones y los
problemas de índole social influyen en la sociedad. El pensamiento sociológico
enmarca, que gran parte de las decisiones que el sujeto asume, están
influidas por criterios culturales, antecedentes históricos e incluso
por los deseos y expectativas de la comunidad en la que se desarrollan.
Si bien es cierto, esta
influencia privilegia la postura del núcleo primario, la institución
educativa y la comunidad en general, inducen de manera muy especial
el comportamiento de un individuo, tanto para su propia persona, como
para el grupo de sujetos que con él se interrelaciona. De ello se deriva que la
sociología se considere tanto en el ámbito de las relaciones sociales
individuales primarias (microsociología) como la de las interacciones
a niveles más amplios (macrosociología) Destacando en todo momento
el nivel de interacción del hombre con el hombre mismo y del hombre
con su sociedad, para así observar y estudiar muy de cerca la influencia
del medio en esta relación. De ahí que, para entender
un fenómeno social y especialmente el liderazgo educativo, deba recurrirse
al análisis histórico sociológico del cual parte el concepto de sociedad
civil. La idea de sociedad civil,
la visualizan Hobbes y Locke en sus orígenes en el siglo XVII Thomas Hobbes (1588-1679)
estableció las bases de la sociología científica moderna al tratar de aplicar a los seres humanos, como
autores y materia de la sociedad, los principios de la ciencia física
que gobiernan el mundo material. Hobbes elaboró su política y su ética
desde una base naturalista: mantenía que las personas se temen unas
a otras y por esta razón deben someterse a la supremacía absoluta del
Estado tanto en cuestiones seculares como religiosas. Locke, (1632-1704) por su parte consideraba que el ser humano
y la comunidad tienen en sí mismos la soberanía sobre las autoridades.
Además de fundamentar la bondad innata del ser humana y la influencia
del ambiente sobre su conformación conductual. Estos pensadores en conjunto atribuían
a la sociedad un nivel de autoridad sobre la conducta del sujeto. Y
si la sociedad es guiada de manera adecuada, esta conducción repercute
en los ciudadanos. Hecho del que se destaca la figura del líder. En la educación el liderazgo educativo
es actualmente asumido como un compromiso a través del cual, las políticas
nacionales establecidas en el Plan Nacional de Desarrollo Educativo
del actual gobierno, toman forma y apuntalan hacía una educación de
excelencia. Esto documento rector dentro del área
educativa señala la necesidad de trabajar en un esfuerzo decidido, no
tan sólo en el ámbito de educación básica sino que enfatiza en el quehacer
científico formativo de nivel postgrado. Y esta tarea, sólo se desarrolla, cuando
existe una figura de liderazgo. La palabra líder significa, “el que encabeza
o dirige”. El concepto de líder educativo se expresa como el del facilitador
y orientador del conocimiento, que acompaña, apoya y dirige de manera
óptima el camino de formación de un grupo inmerso en el proceso educativo
de desarrollo. Un líder, desempeña un rol particular,
es decir un patrón de conducta que pone en práctica la persona. Es también
la representación del sistema de expectativas sociales que acompañan
a la presentación pública del individuo acorde a su estatus. Un rol cuando es eficiente, se transforma
en un “modelo de rol” y por tanto es digno de ser reproducido acorde
a los valores sociales vigentes. Así un líder, obtiene un estatus, mismo
que representa un rango social personal al que Max Weber consideraba
de dos tipos, estatus primario que correspondía a la clase social heredada
y estatus secundario, que se derivaba del esfuerzo personal individual.
Siendo este último el que prevalece en la sociedad actual por los movimientos
de cambio y modernidad. Pero,
¿qué es un líder? Un líder es un sujeto capaz de guiar con
visión global y dirección propia a un grupo de personas, que al seguirlo
de manera adecuada logran alcanzar
en conjunto aspiraciones colectivas. El líder se caracteriza por su grado de
preparación y conocimiento. Por su nivel de empatía y asertividad
y por la capacidad que tiene para conocer de manera cercana a cada uno
de los elementos que integran su grupo de trabajo. El líder es imparcial y por tanto justo. El líder es magnánimo y celebérrimo para
sus seguidores. Pero el líder es estricto en el cumplimiento
del plan trazado y flexible para conducir sin privar de libertad a sus
seguidores. En educación se sobreañaden a estas características,
la capacidad del guía para asegurar que a cada instante de evolución
grupal, el sujeto esté consciente de sus fortalezas y debilidades. Que el educando tenga la posibilidad de
percibir cuáles son las características que habrá de corregir y cuáles
modificar para entrar en materia de competencia en su quehacer profesional. Todo esto bajo un código de ética tácito
en el que impera y se sitúa en plano superior el desarrollo educativo
del cursante, que incidirá no tan sólo en el nivel de formación de los
recursos humanos, sino en el mismo líder y en la meta educativa. Desde el plano estricto del operacionalismo,
el líder educativo es la “Tarea” y en posgrado, la tarea que es a su
vez la meta, es obtener un conocimiento certero, actualizado y habilitante
para que el egresado de nivel posgrado, goce de las competencias pertinentes
para intentar con su esfuerzo generar un cambio en el área educativa
ejerciendo con excelencia su actividad profesional y contando con la
preparación para dar respuesta a través de los procesos de investigación
a las necesidades sociales que requieran nuevas estrategias y alternativas
de intervención. Y así, los actores del proceso de educación
a nivel posgrado, conformados como grupo operativo, adoptan un compromiso
común, que asumido con vocación, permite el alcanzar las metas proyectadas. Existen muchas vías para llegar a un camino,
pero dentro de la experiencia desarrollada en la Maestría en Medicina
Forense, que implicó el 100% de eficiencia terminal para la generación
2001 – 2003, se optó por una actitud asertiva con un sencillo esquema
que a continuación se detalla: La maestría cumplía con la generación
duodécima, contaba con una eficiencia terminal de 36%, los alumnos ingresaban
al programa sin esquemas de tutorías, y sin guías claras para alcanzar
la culminación de su tesis de grado. Las materias vinculadas con el desarrollo
de la investigación, pesen a que tenían congruencia interna y externa,
no habían vinculado esfuerzos para apoyar y orientar la finalización
de los trabajos. Por tanto, se inició con la identificación
de potencialidades de convergencia entre la Materia de Metodología de
la Investigación I, Administración de Recursos Humanos para la Investigación
y la Docencia y Bioestadística. Se identificaron los puntos críticos y
se desarrollo un plan, para que en las tres materias se desarrollará
de manera transversal un programa que promoviera la eficiencia terminal. Decididos a lograr la eficiencia del 100%,
la coordinación de la maestría y el líder académico del Instituto de
Medicina Forense que participan como titulares de las materias antes
citadas, idearon una estrategia de seguimiento que consistió en el conocimiento
de los intereses y habilidades de los cursantes. La identificación de
la viabilidad del proyecto y el seguimiento estricto de un cronograma
establecido por previo acuerdo, a través del cual se asignaba grupalmente
la meta de avanzar en conjunto para acceder a los niveles de eficiencia
de 100%. Se incrementó el número de horas de atención
de los cursantes. Se personalizó la atención, trabajando en equipo los
tutores y los alumnos. Se apoyó de manera extraordinaria cualquier
requerimiento de los cursantes y se fue sumamente estricto con los tiempos. Y así se logró la eficiencia terminal
de 100% teniendo como líder la meta de realizar el proyecto de investigación
para obtener el grado. Y que ese proyecto se apreciará como un compromiso
personal de respuesta ante una necesidad social. Por
ello, la figura de líder, el liderazgo y la formación educativa, conjuntan
un patrón sistematizado de aspiraciones que convergen en un solo sentido...
excelencia en la formación de la educación de nivel postgrado, que bajo
los criterios de la normatividad educativa en el ámbito nacional, proyecte
a los egresados y a los programas hacía la internacionalización y vinculación.
Acciones que a su vez fortalecerán la presencia del postgrado mexicano
nacional e internacionalmente.
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