Medicina Forense

Periódico de Diciembre
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Dra. Patricia Rosa Linda Trujillo Mariel

Instituto de Medicina Forense

de la Universidad Veracruzana

 

Amigos ciberlectores, con un saludo muy cordial y afectuoso iniciamos nuestro periódico de Diciembre... voló el calendario y ya estamos en el último mes del año 2002.

Recuerdos, nostalgia y emoción que se entrelazan y dan un matiz especial a esta temporada.

Ante todo, con profundo respeto y admiración una muy especial felicitación a todos los ¡¡¡MÉDICOS!!!, que en este periodo celebran de manera justa y merecida su día en Argentina, nuestra hermana y bella República.

¡Qué el espíritu de la sabiduría, el don de la humildad, la vocación de servicio, la virtud, la paciencia y el amor, inunden siempre su existencia queridos colegas médicos, para que nuestra comunidad, sea día a día reflejo de nuestra labor que tiene como misión propiciar una vida de calidad para nuestros pacientes!

 

En esta ocasión y considerando que muchos se desplazan por carretera para asistir con la familia a las festividades propias del mes y al observar los altos índices de hechos de tránsito vehicular terrestre, se presentan algunas reflexiones que al analizarlas intentan contribuir a la disminución de los riesgos y evitar situaciones que trastornen la dinámica social:

 

“Conductas antisociales que al conducir arriesgan la vida”

 

En México, la mortalidad por accidentes de tránsito terrestre vehicular ocupa el cuarto lugar nacional.

 

La mayoría de los accidentes se suceden como consecuencia de estados de inestabilidad que pueden atribuirse al conductor, peatón, condiciones del vehículo, señalamientos de tránsito o condiciones ambientales. En algunas ocasiones se suman todos los factores.

 

Si se analiza en detalle cada uno de ellos, se constata lo siguiente:

 

Un sujeto cuando conduce un automóvil, no lo hace sólo, lleva consigo preconceptos, mismos que delimitan la velocidad, la habilidad e incluso la calidad de la conducción que exprese.

Todo inicia con la elección del automóvil, que en la mayoría de las ocasiones imprime un perfil característico al conductor.

Quienes manejan modelos deportivos y actuales, generalmente son los que imprimen mayor velocidad, riesgo y imprudencias.

Los sujetos que conducen unidades de gran costo o tamaño, cometen infracciones asumiendo que el valor o las dimensiones de su transporte les autoriza el desvincularse de la reglamentación de tránsito.

Los individuos que conllevan un estado de ánimo eufórico, piensan que son los únicos que están en la vía y por ende los dueños de la misma.

Las personas que acaban de experimentan una situación de disgusto y cólera, pretenden desahogar su sentimiento con la velocidad o las actitudes antisociales, impropias o agresivas que denotan al manejar.

Es muy común, que después de que un sujeto recibe un atropello al conducir por la imprudencia de otro vehículo, sufra un accidente debido a que descuida su status, se torna iracundo y comete errores que desafortunadamente paga con daños materiales en el mejor de los casos o con estragos físicos cuando su descontrol fue mayor.

La edad impone riesgos muy altos, senectos (adultos plenos)  y adolescentes son los sujetos más temibles. Existe una pérdida de la dimensión del acto de conducir la sobreprecaución y la carencia de la misma, convierte a estos conductores en sujetos de riesgo personal y comunalmente.

Y una cuestión importantísima es el perfil de la personalidad del sujeto que conduce.

Una persona reflexiva, analítica y centrada, difícilmente provocará un hecho de tránsito en condiciones normales; en cambio, un sujeto iracundo, explosivo y desordenado será un candidato idóneo para generar un desastre.

Las personas que no planifican sus actividades, o que sobrecargan su agenda, siempre requieren menor tiempo del ideal para acceder a sus obligaciones y son en la mayoría de los casos poco precavidos.

 

Pero, no sólo los conductores son los responsables. Los peatones tienen gran participación por su falta de sagacidad y respeto a los ordenamientos viales.

En países desarrollados y cultos, la civilidad se expresa con el respeto a los mandatos. Hay cumplimiento de normas mínimas que no tan sólo responden a un llamamiento de cuidado cívico responsable, sino a un aseguramiento de la calidad de vida. En cambio, en países en vías de desarrollo y con poco interés por los lineamientos y su cabal cumplimiento, el desorden impera. Y esto se manifiesta desde la forma en la que se cruza una avenida, sin respetar los lugares designados para tal fin. Los niños, e incluso hasta los adultos, ocupan espacios prohibidos para jugar en la vía pública. Asumiendo que por el sólo hecho de ser peatones, tienen todo el derecho de ser respetados, cuando por sí mismos están condicionando una situación de peligro.

 

“Detrás de una pelota... siempre va un niño” frase célebre del Dr. Trujillo (1967) que enmarca el riesgo de  la práctica insegura de  los deportes en las calles.

 

Y una cuestión más, es que los propios transeúntes, al realizar la parada de los transportes colectivos, se muestran incautos debido a que la ejecutan sin respetar los sitios legalmente ordenados.

 

En México, es muy común en algunos lugares apreciar que si el peatón, realiza la señal de parada para un autotransporte público justo en el sitio donde se da vuelta para entrar a otra avenida, el conductor simplemente detiene el vehículo, atendiendo a la petición y provocando no tan sólo un caos agudo en la vialidad, sino en ocasiones hechos de tránsito terrestres.

 

No hay cultura sobre la vialidad en algunos sujetos. Y no existirá, mientras no se asuma la responsabilidad y el valor que cada uno de los sujetos tiene para la dinámica social.

El ser partícipe activo o pasivo de un hecho de tránsito, no tan solo trastorna la actividad personal, sino que además altera el desarrollo de una sociedad.

 

Quién sufre un hecho de tránsito se ve trastornado y trastorna su entorno.

 

El conducir un vehículo, debe reflejar ante todo sentido de colectividad, para generar actos que sólo busquen el beneficio de quienes comparten un espacio dentro del espacio vial. Se debe conducir con apertura, humildad y ánimo equilibrado. Es muy recomendable, que cuando se encuentre el sujeto presionado, o bajo los efectos de una droga (incluyendo aquí la intoxicación etílica) se abstenga de conducir.

Deseable es asimismo, que los responsables de las unidades, las mantengan en las mejores condiciones de uso posible y que exista la habituación de revisión periódica que salvaguarda no tan solo la integridad de la unidad, sino la vida misma del sujeto.

 

El clima es un elemento importante, y el conocimiento del mismo es un deber para quiénes conducen. Si bien es cierto, no se puede controlar, si es posible conocer su previsión día a día. Y si se programaron muchas actividades para la jornada y se presenta un cambio climático de importancia, bien valdría la pena derivar las de menor importancia ya que con ello, se disminuye el riesgo potencial de un hecho de tránsito vehicular terrestre.

 

Una cuestión importante es el estado de los señalamientos de tránsito. En algunos casos, el considerar irreflexivamente que por el hecho de conducir con  “preferencia” esta cualidad se tiene, es un error. Existe una frecuencia muy alta de hechos de tránsito terrestres que se consuman y en los cuales los conductores afirman que llevaban “preferencia” o “luz verde”. La preferencia es una “condición” más no un “seguro” de eficaz y cabal control sobre la segura vialidad.

Ya que no todos los conductores respetan las señales,  así prudencia y  responsabilidad se observarán en cuanto no existan repercusiones al manejar.

 

Mención especial la tienen quienes conducen bicicletas o motocicletas. Generalmente no poseen conocimientos amplios de los riesgos de manejar en zonas de alta vialidad. La agilidad que les brinda el transporte, parece ser una característica que los invita a expresar cierta temeridad al momento de desplazarse y ello imprime riesgos de consideración.  Su protección corporal es nula en la mayoría de los casos y esto implica mayor daño físico. Es indiscutible por cuestiones ambientales, sociales y económicas, proliferan en la vialidad, y representan un reto sobre todo en las grandes ciudades en las horas en las que el tránsito se satura.

  

Independientemente del tipo de transporte, muchas personas, transforman sus vidas después de un hecho de tránsito vehicular terrestre: sueños, aspiraciones, metas y objetivos quedan inconclusos. Surgen sentimientos de culpa, y en ocasiones responsabilidades civiles y penales.

Valdría la pena revisar de manera detallada de qué manera se conduce,  para así detectar fallas y aciertos que redundan en el bienestar social.

 

Los hechos de tránsito vehicular terrestre, son previsibles, si el enfoque responsable, la estima, conocimiento y sentido social predominan en el sujeto que asume su vida y quehacer como invaluables para su entorno. Cultivar el cuidado personal, es procurar un mejor ambiente.