MEDICINA FORENSE
EL PERIÓDICO
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Marzo 2002
Apreciados amigos ciberlectores, Medicina Forense se viste de gala en esta emisión, para presentar a ustedes una de las ponencias más brillantes dentro del grupo de trabajos que se presentaron con motivo de la conmemoración de los cincuenta años de fundación de la Facultad de Medicina de Veracruz: "Lic. Miguel Alemán Valdés" perteneciente a la Universidad Veracruzana.

Este documento ha sido elaborado por el Dr. Rafael Velasco Fernández, Médico Cirujano, Psiquiatra, Ex Rector de la Universidad Veracruzana, y con una trayectoria académica, profesional y personal tan amplía que bien puede ser objeto de un tratado la descripción al detalle de la misma.

Hoy se desempeña de manera muy talentosa como Miembro de la Junta de Gobierno en la Universidad Veracruzana y accedió con su sencillez característica a que su trabajo constituya el contenido central de este espacio dedicado a la Medicina Forense.

Sin más preámbulo, presentó a ustedes esta ponencia que se desarrollo dentro de los eventos científicos del Congreso en el Seminario No. 10 dedicado al análisis de: "Violencia y agresión".

La Violencia Social.

Ponencia presentada en la celebración: De los 50 años de la facultad de
Medicina de la Universidad Veracruzana
Veracruz. México.

Dr Rafael Velasco Fernández

La invitación que la Facultad de Medicina me hizo para participar en este simposio con una breve ponencia sobre la violencia social, significó para mi un gran compromiso, no solo por que la ocasión es muy especial y concurren otros académicos destacados que hablarán del tema con mayor autoridad, sino porque unas cuantas cuartillas no bastan para decir algo realmente significativo sobre un temo del que se han escrito cientos de volúmenes. Los enfoques con los que se puede abordar asunto tan complicado son varios: desde el importantísimo jurídico hasta el filosófico especulativo; pero esta también el punto de vista psicológico, el sociológico el antropológico y otros mas, como el histórico. Ahora bien, yo soy médico con especialidad en psiquiatría, y el auditorio tendrá que soportar una exposición que necesariamente estará contagiada de la visión psicopatológica de la violencia.

Me decidí por seguir el siguiente camino: tocaré apenas el tema de la agresividad del hombre, haré después una simple referencia a ciertas formas conocidas de violencia social y terminaré, para estar a tono con los acontecimientos de la época, dedicando un par de párrafos al fenómeno del terrorismo. Acepto que existen diversas definiciones de agresividad, pero me voy a atener a la más conocida: una persona actúa agresivamente cuando inflige, trata de infligir o amenaza con infligir un daño físico o moral a otro y otros individuos. Es una disposición para el ataque que exhibe una persona en estado de hostilidad activa.

Todo acto de violencia es la expresión conductual de un complejo mecanismo cerebral, que involucra a diversos centros nerviosos sobre el cual nos ha ilustrado el Dr. Carlos Contreras. Y todo esto, de algún modo relacionado con motivaciones psicológicas y estímulos psicosociales. Hay pues, un substratum que es necesario considerar, por que es único para cada individuo, resultado de su propia genética y del intercambio con su medio físico y social ocurrido durante su desarrollo.

El gran debate sobre la agresividad humana ha sido, desde Hipócrates y los filósofos pre-socráticos hasta nuestros días, el de si es una expresión innata propia y sustancial del hombre, o es una conducta adquirida por aprendizaje. El asunto es capital, se dice, porque si aceptamos lo primero fácilmente llegaremos a sostener que las guerras son inevitables y hasta necesarias, o que la educación moral choca con el obstáculo de un impulso natural, haciéndola azarosa y en algunos casos imposible; o bien que la maldad es parte constitutiva del ser humano, como los instintos lo son de los animales inferiores. Pero hay quienes se sitúan en el extremo opuesto: la agresividad, y su expresión natural la violencia, son aprendidas, son productos de la educación, del desarrollo y de las relaciones interpersonales.

En apoyo de la primera posición se han escrito multitud de obras y se han hecho cientos de estudios antropológicos y psicológicos. Freeman nos dice que "los inimaginables estratos de la malignidad del corazón humano" Causaron, solo entre los años de 1820 a 1945, la muerte de 59 millones de seres humanos, "por las guerras y otras reyertas homicidas". Un gran defensor de esta visión fue Freud, quien expresó en 1930: "...adopto el punto de vista de que la inclinación a la agresión es una disposición original del hombre....y que este instinto destructivo es el principal representativo del instinto de muerte , que hemos encontrado junto al de Eros Y repartiéndose con él la denominación del mundo".

La segunda posición, aquella que sostiene que la agresividad es un producto de la vida del hombre interactuando con su medio, es decir, una cualidad adquirida, también tiene sus numerosos seguidores. Los primeros psicólogos conductistas y algunos antropólogos que estudian la conducta de diferentes etnias y sociedades respecto a la guerra, han sostenido que la agresividad es resultado de la frustración que inevitablemente ocurre durante el desarrollo. Existen, es cierto, grupos étnicos que nunca han guerreado, y el hecho podría bastar para asegurar que la guerra no es una necesidad innata del hombre.
Sin embargo, eso no garantiza que la agresividad, no la guerra, sí sea facultad innata de la especie humana, como lo es de otros seres vivos. Vale la pena reflexionar sobre el hecho de que si bien el hombre está generalmente bastante dispuesto a destruir y agredir, nunca o casi nunca lo hace por la destrucción o la agresión misma, SIMO como un medio para alcanzar otros fines tales como la gloria, el prestigio, el espacio vital o el alimento. Por esta y otras razones yo me agrego a quienes piensan que finalmente no es tan importante el que la agresividad sea o no innata.

Si lo es, ello no descarta que las frustraciones la alimenten y la conviertan en actos violentos. Respecto a si el hombre es o no malo por naturaleza, Fromm dijo ( a mi juicio con razón), que el hombre no hace ni malo ni bueno pero si con la capacidad de convertirse en lo uno o lo otro, según sean sus características genéticas, el medio y las vicisitudes que la vida le imponga. Cualesquiera que sean los fundamentos teóricos de la agresividad del hombre, su expresión es la violencia dirigida a otros seres humanos. La forma como se expresa es muy variable, al punto de que muchos no la reconocen como tal, como ejemplos, la ironía, el sarcasmo, la burla y la humillación. El desprecio es una forma cotidiana de violencia moral. Los poetas han señalado que la indiferencia ante el amor declarado es la más terrible de las agresiones. Pero por supuesto, cuando nos referimos a la violencia social, pensamos en formas concretas y también reconocibles de agresión: l violencia intrafamiliar, sexual, racial; la discriminación de cualquier tipo; ¿y que decir dela violencia económica que puede ser devastadora para poblaciones enteras? ¿O de la violencia política de una dictadura despótica que anula libertades individuales y sociales? No exageramos al declarar que todo acto que se opone a la libre expresión de los derechos humanos, es una forma de violencia que alienta las peores inclinaciones de muchos hombres. La salud mental de una sociedad bien podría medirse por los índices de incidencia de esas formas de violencia social a las que me he referido. Si son bajos, ello se reflejará en la menor criminalidad y en una oportunidad de bienestar colectivo. Se garantiza así el disfrute de los derechos del hombre consagrado en la carta de las naciones unidas y en los códigos de ética, independientemente de la religión que se practique y de las tradiciones locales. Acabo de mencionar a la religión. Debo resaltar el hecho de que ninguna de las grandes religiones monoteístas predica la violencia a la intolerancia. Pero lo hombres, que interpretan los libros sagrados según su conveniencia o sus propias inclinaciones concientes e inconscientes, se han encargado de distorsionar su contenido. Y es que la palabra, como dijo un pensador, es mitad de quien la dice (o la escribe) y mitad de quien la escucha (o la lee). El mismísimo diablo podría encontrar en los textos bíblicos, frases y expresiones que avalan su proceder. Así fue que nacieron diferentes sectas de cada credo religioso, así ha sido como llegamos al fundamentalismo que entendemos que entendemos como creencia absoluta y literal en los dogmas básicos de una religión, tal como están expresados en los escritos originales de sus creadores. O, para decir mejor, tal como los interpreta el propio fundamentalista. Los dogmas son generalmente malos consejeros cuando se busca un diálogo entre posiciones ideológicas divergentes. La declaración de que el enemigo del mundo es una nación determinada que debe ser destruida mediante el terrorismo, es una aseveración ciertamente fundamentalista. Pero también tiene ese carácter de declaración que establece que "quienes no están con nosotros son nuestros enemigos". Esto último se explica como respuesta a un acto terrorista, pero no se justifica como declaración moral. El terrorismo es una de las de violencia social mas injustificable, sea cual sea la motivación e incluso si es respuesta a otro acto terrorista. Por ello es que en cierta parte del mundo se han eternizado los actos de guerra de uno y del otro lado. El terrorismo ha sido definido como la sucesión de actos de violencia que se cometen para infundir terror, sin consideración moral sobre los daños inmediatos producidos. Es la denominación por el terror. Sin embargo, quiero señalar que este fenómeno ancestral ha cambiado0 para mal en los últimos tiempos, debido a dos hechos. Por una parte, el desarrollo de la tecnología permite ahora provocar una destrucción mucho mayor a un elevadísimo número de muertes. Y, por otro lado, la posibilidad de producir daños en gran escala mediante la auto-inmolación, abre un abismo de posibilidades a los terrorista que se apegan a un fundamentalismo brutal e intolerante, inmune a toda objeción científica o moral. Así está el mundo hoy, precisamente cuando los avances científicos en todos los campos podrían asegurar una vida mejor para los humanos de todas las latitudes. No queda tiempo para abordar con mayor profundidad un tema como este, si acaso para señalarlo como la más brutal expresión de la agresividad del hombre, de la violencia social. Antes de terminar, sin embargo, quiero hacer una predicción y un reclamo. Me sumo a quienes auguran que el terrorismo caracterizará a un periodo largo de la historia humana, por supuesto acompañado de la debida respuesta, una guerra que a los ojos de casi todos estará justificada. Mi reclamo es a la psicología clínica y a mi especialidad la psiquiatría, por no tener, en el inicio del siglo XXI, una respuesta ni siquiera parcial o promisoria, a las preguntas que suscita desde hace mucho tiempo el fenómeno del terrorismo y su expresión moderna del suicidio a cambio del homicidio múltiple. ¿Es sólo la expresión de la agresividad de un sujeto enfermo? ¿Es el resultado de una inédita de patología colectiva? ¿qué papel juegan el dogmatismo y el fundamentalismo en la decisión del terrorista?; en fin, ¿cómo se generan el pensamiento dogmático y su expresión más pura el fundamentalismo?. Colaboraré con un grano de arena a crear aún más incertidumbre, proponiendo que el terrorismo moderno puede ser investigado clínicamente como una forma de delirio colectivo. ¿Acaso no es el delirio una falsa creencia que se sostiene a pesar de la evidencia contraria? ¿No es cierto que el delirante actuar conforme al contenido de su dogma? En fin, delirio o no, el terrorismo moderno es la imagen más antihumana de la violencia social.