MEDICINA FORENSE
EL PERIÓDICO
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Abril 2002

Dra. Patricia Rosa Linda Trujillo Mariel
Investigadora del Instituto de Medicina Forense
De la Universidad Veracruzana

Amigo ciberlector qué agrado tan especial, conectar nuevamente nuestros sentidos  y compartir un espacio en su tiempo. Es mágico este encuentro, sin definición, sin formalismo, nos separa la geografía y nos une la materia... el  área  que decide nuestro carácter  de profesionales, en una sociedad en la que el avance tecnológico  recrea nuestro espacio y da luz a nuestro poder de comunicación.

 

         En este estupendo mes de abril, en el que la luz del sol brilla con mayor intensidad desde México los saludo afectuosamente y presento para esta ocasión un tema que constituye  la base del análisis  de toda persona: su personalidad.

   

 En el ámbito médico  forense, el área  criminológica  dedica una muy especial atención al tema  de conducta y personalidad, por ello  intentaremos presentar  a ustedes la caracterización de un sujeto  a través de su  personalidad, les parece?....esperando un sí y una sonrisa que lo acompañe  iniciamos:

 

     Desde el origen de nuestro planeta el hombre  se cuestiona el  ¿por qué? de su existencia, el ¿cómo?  de su creación y el ¿para qué? de su vida. Muchas  teorías han intentado dar respuestas a estas cuestiones y acorde al contexto, han ejercido mayor o menor influencia en el  pensamiento humano. Enfoques animistas, que explican la existencia del ser como resultado de la presencia  de gérmenes que evolucionaron, procedentes  del espacio exterior. Enfoques teológicos  que atribuyen  la  presencia humana a un ser superior. Y el tradicional enfoque evolucionista,  que  considera al hombre  como la expresión superior de la  evolución. Así el homo sapiens, traduce  el despliegue  de su potencial adaptándose al medio  y   paulatinamente  adaptando el medio  a sus necesidades.

Y pese a tanta evolución, aún no existe una  ley  o principio  que explique de manera universal  el  ¿por qué? el ¿cómo? o el ¿para qué? del hombre en nuestro planeta. Lo que sí está muy claro, es que el hombre es un ser social y su vida por tanto la realiza en sociedad.

 

Al principio la vida social del hombre condiciona la  organización de  grupos con la guía  matriarcal, pequeñas comunidades recolectoras y nómadas que después  se establecen y se constituyen como grupos patriarcalmente comandados debido al desarrollo de la agricultora, la caza y la pesca, actividades que delimitaron en su momento los roles de la actuación del hombre.

     Estas sociedades primitivamente establecidas  bajo criterios  de observación  natural, inculcan en cada individuo su  forma de expresarse, vestirse, pensar y sentir para promover con ello el afianzamiento del grupo y la convivencia social.

Al individuo se le enseña a través de las costumbres, de los hechos y los mitos como ser “persona” y esto trasciende de generación en generación dando la pauta que define la estructura de un sujeto. Pero... ¿qué es una persona? ... si recurrimos al diccionario encontramos...”...del latín, personam,  máscara de actor... individuo de la especie humana”

Los antiguos griegos, para presentar sus escenificaciones y captar con mayor intensidad la atención de los sujetos, utilizaban las “personams” que eran máscaras que favorecían la percepción auditiva de los diálogos y a los sujetos que las portaban... los actores... les llamaban “personajes”.

Hoy seguimos siendo “personas” vestimos y creamos nuestra “personalidad” y desempeñamos un papel en nuestra sociedad.

         Y esta definición de lo que ahora llamamos persona, se ve influida por tres elementos que le dan  el carácter de individuo a un ser: el aspecto biológico, el psicólogo y el social.
Biológicamente un individuo hereda de sus padres por lo menos dos características que definen en gran parte su “persona”: la inteligencia y el temperamento.

Y estos elementos contribuyen de manera importantísima para la expresión de nuestra personalidad.

Así, un niño con temperamento irritable y bajo nivel intelectual en medio de una familia con pocas posibilidades de promover una formación adecuada que prevea su positiva inserción social, lejos de apoyarlo, lo aislará y segregará de la convivencia social.

Afectiva y mentalmente esta segregación, conducirá al sujeto a la búsqueda de situaciones que satisfagan sus necesidades de afecto, seguridad y aceptación que en muchas casos se encuentran en ambientes con entorno de sujetos similares... de allí se expresan las dependencias nocivas, la subculturas antisociales, los comportamientos anti, a, contra, y parasociales.

Y aunque el ambiente no es definitivo, si predispone en gran parte a la conformación personal, en cuanto a que se considera como: el conjunto de circunstancias físicas y morales en las que se está inmerso un sujeto.

Así, la sociedad te indica, qué pensar y  de qué manera pensar; en qué creer, y en qué forma hacerlo; qué percibir, qué expresar, qué crear, incluso... hasta cómo castigar...

La sociedad delimita el buen comportamiento, lo aceptable y lo que no lo es; impone los límites y crea las penas. Transmite los enfoques y delínea a la “persona ideal”.

Y todo esto, llega a un sujeto y él crea su “máscara”, revestida de enfoques psicológicos, matizada con el ambiente social y estructurada con su conformación biológica producto de la herencia, que si bien es cierto traduce la expresión de la combinación de dos patrones distintos, hace al ser humano un sujeto único e irrepetible cuya estructura filogenética le da el sostén y el potencial de actuar.

Eso somos... “actores” en un gran escenario... la vida.

Y el médico, sobre todo el médico forense debe ser el artífice capaz de  descubrir el por qué de la conducta criminal de un sujeto, el para qué de su expresión conductual y el cómo se expresa esta conducta. Y en este análisis no perder de vista que trata con un individuo, un sujeto, un ser distinto, que no puede descomponerse en otros más simples, pero que con su actuación es capaz de cambiar  e incidir en su entorno y hasta construir o destruir su ambiente. Y que su proceder día a día se actualiza voluntaria o involuntariamente, pero nunca es el mismo. Si bien es cierto hay rasgos que identifican a un sujeto, su huella en el tiempo es distinta día a día, basta con ver el trazo de una  firma ejemplo sencillo pero que permite constatar que somos seres perfectibles y por tanto susceptibles a cambios.

 

Un diagnóstico médico forense, debe por tanto ser influido por el estudio integral de la conducta del sujeto. El dictamen o certificación médico forense que de manera habitual se realiza, no solo emite un juicio, incide en la vida social, jurídica y cultural de su comunidad. Y debido a su trascendencia social, jurídica y médica, habrá de contemplar la importancia de la individualidad y la caracterización de la personalidad del sujeto a quién se atiende.

Y sobre todo, habrá de contemplar el nivel de abstracción, concentración, ecuanimidad e imparcialidad con la que todo médico deberá revisar a su paciente. Como médicos en el área forense, tenemos una gran responsabilidad. Como profesionistas y como ciudadanos somos piezas de un gran rompecabezas. Si marchamos armónicamente, nuestro ejercicio profesional lo refleja y esto a su vez impacta en nuestro entorno. Un juicio de valor, una acción, un pensamiento o una simple disposición pueden transformar todo un panorama. De ahí la importancia de la pertinencia y la congruencia en el pensamiento, acción y proceder del médico.

Te pregunto compañero médico. ¿has pensado en tu persona?

Dedícale un poco de espacio, recréala y anímala, vístela de fiesta y apóyala... recuerda tu persona es tu creación , incide en tu medio y repercute a tu interior..