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En este su periódico dedicado al área Médico Forense, durante los meses
de mayo y junio, presentamos
a ustedes algunos formatos de documentos que deben ser emitidos por
los médicos forenses. De ellos, el más frecuente, corresponde a la clasificación de las lesiones.
Emitir un diagnóstico sobre el análisis de una lesión, es un reto
importante para el médico, ya que debe identificar independientemente
de su grado y posible evolución, el tiempo de transcurrida de la lesión.
Por ello, en el presente número de julio, les presentamos a ustedes
una guía práctica para poder identificar la cronología de las lesiones
traumáticas en el ser humano, esperando con especial aprecio, sea
de utilidad para su labor:
Cronología de las lesiones traumáticas.
Dentro
de la labor del perito médico forense, la clasificación de lesiones,
representa un quehacer cotidiano con alto índice de frecuencia. Este
ejercicio, no sólo pone en prueba su capacidad de indagar y diagnosticar
en pocos minutos la característica, grado, tipo y clasificación acorde
a los artículos de la lesión, sino que también requiere de su conocimiento,
capacidad interpretativa y reflexión. Al clasificar las lesiones, el médico forense, deberá ser competente para
señalar, primero:
a.
Si la lesión puso o no en peligro la vida.
b.
El tiempo en el que sanará la misma y
c.
Si sana de forma definitiva, o requiere una nueva clasificación
para valorar si puede dejar secuelas o afectar alguna función vital. Obviamente, la cronología de la lesión
es imprescindible para su valoración integral. Y ésta, puede investigarse
a través de la observación macroscópica de su evolución cromática
en piel. Es así, que la clara percepción de
la cronología estará a expensas de la capacidad de observación del
perito, de su conocimiento sobre la degradación que sufre la hemoglobina
y de su pericia para indagar mediante la visión cuidadosa, directa
y científica de la lesión.
Si se entiende por lesión, toda alteración que altera la integridad de
un tejido, y es el sanguíneo el sitio, en el que repercute el impacto
de las mismas, es importante, valorar la presencia de sus elementos
celulares y su apreciación a través de la piel, particularizando por
sus características evolutivas a los hematíes. Con el estudio de los glóbulos rojos,
es posible dictaminar los días transcurridos que tiene la lesión y
con ello detectar si es reciente, o no. Esto se logra, por el análisis macroscópico
de las oxidaciones de la hemoglobina en el tejido, que sufre transformaciones en su constitución química
mismas, que originan diferentes tonalidades que impactan en el color
de la piel con el transcurso del tiempo. A la lesión en la que se aprecian estos
cambios como resultado generalmente de una contusión se le denomina
Equimosis.
Cuando se produce una lesión, se puede
observar:
A las pocas horas después de lesionada una zona, se aprecia una coloración
rojíza en el sitio afectado.
De una EQUIMOSIS RECIENTE resulta el color negro de 1 a 3 días, tiempo,
en el que la hemoglobina se desprende de los glóbulos rojos.
De 3 a 6 días el color se aprecia azul
y este, se debe a la primera oxidación de la hemoglobina que
se transforma en HEMOSIDERINA.
Del 7º. Al 9º. día la lesión toma
un tinte verdoso, que se atribuye a la segunda oxidación en la que
la HEMOSIDERINA para a HEMATOIDINA.
Entre el 10º y el 13º se aprecia un tinte amarillento, color que representa
la transformación de HEMOTOIDINA A HEMATINA.
Después de este periodo, de la periferia hacia el centro, se inicia la
desaparición total de la equimosis.
Todos estos cambios son más notorios en piel blanca y menos notorios en
pieles con tintes que reflejen mayor contenido de melanina. En la equimosis conjuntival conserva
su coloración rojiza a lo largo de su evolución por la transparencia
de la conjuntiva.
En algunos casos, es importante diagnosticar,
si las lesiones fueron realizadas cuando el sujeto tenía vida, si
no se observa cuidadosamente, la Equimosis se pueden confundir con
las livideces cadavéricas que son elementos indicativos del proceso
de putrefacción durante las exhumaciones; por ello, este dilema se
disipa, al efectuar cortes en los sitios de duda para visualizar si
hay coágulos, de haberlos las lesiones fueron hechos en vida, ya que
estos nunca se adhieren a los vasos sanguíneos, ni se filtran en el
tejido celular (son pequeños
y fácilmente removibles).
La cronología de estos cambios, depende
de la cantidad de sangre extravasada, riqueza vascular de la
región contundida, de las características individuales del traumatizado,
edad, sexo, estado general, etc.
Para mayor información te sugerimos:
TRUJILLO, GIL MEDICINA FORENSE. EDIT. CIENCIA Y CULTURA LATINOAMERICANA. MÉXICO, 2000, pp. 84-85.
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