EL  ESTRÉS Y LA CALIDAD DE VIDA


Todos los derechos reservados

Ver página completa

 

La sensación de estar estresado se ha convertido en un malestar común en nuestros días.

 Significa muchas cosas:

Ø                   tener mucho que hacer y disponer de poco tiempo para ello;

Ø                   estar preocupado casi todo el tiempo sin saber exactamente por qué;

Ø                   sentirse tenso e irritable frecuentemente; y

Ø                   sentir que las cosas no van bien en general.

Esta forma de estrés o tensión se presenta como un factor común en muchas enfermedades, como, por ejemplo, el enlace entre el estilo de vida de hoy y los problemas cardíacos, el malestar corporal general, las contracturas musculares, dolores de cabeza intensos, etc.; la predisposición al estrés contribuye en gran medida al desencadenamiento de estos malestares. En consecuencia, aprender a manejar el estrés constituye una de las mejores formas de prevenir las enfermedades desencadenadas por las tensiones y en forma más amplia, ayuda a mejorar la calidad de vida.

¿QUE SUCEDE CON NUESTRO CUERPO CUANDO ESTAMOS BAJO TENSION?

El estrés se caracteriza por la manifestación de un conjunto de reacciones físicas que utiliza el organismo para adaptarse a los cambios y a los estímulos, entre las que podemos mencionar tensión muscular, respiración profunda y rápida que lleva a la fatiga, aumento del ritmo cardíaco, aumento de la presión arterial y del nivel de adrenalina en sangre. Todas estas reacciones funcionan para poner a la persona en forma o prepararla para afrontar la situación que causó estrés o tensión.

¿QUE SITUACIONES CAUSAN ESTRÉS?

Podríamos decir que casi todas. En tiempos pasados, cuando el ser humano era cazador y mataba animales para comer, las reacciones de estrés eran esenciales para la supervivencia, de manera que el cazador debía estar alerta, listo para la lucha o para retirarse por su propia seguridad. Esta reacción de lucha o de evitación persiste en nuestra era, pero las situaciones que disparan las tensiones son diferentes, desde afrontar los problemas de tránsito y de la ciudad en general, hasta dar exámenes, mudarse, casarse o sentirse amedrentado por el jefe. Las emociones resultantes y el comportamiento también serán distintos, ya sean de lucha o de evitación como en tiempos pasados, traducidos en sus equivalentes modernos.

Tengamos en cuenta que cada uno reacciona de manera diferente ante la misma situación, pues la misma nos afectará de acuerdo a cómo la veamos. Lo que es estresante para una persona puede ser común para otra, una tercera puede disfrutar de la situación y una cuarta persona puede sufrir. Por ejemplo, la montaña rusa puede ser divertida para algunos, mientras que otros jamás subirían. De modo que no podemos ser categóricos en cuanto a qué situaciones son estresantes y cuáles no. La reacción que cada uno pueda tener es la que nos demuestra si la misma es o no tensionante.

EL BUEN ESTRÉS Y EL MAL ESTRES

Generalmente escuchamos la palabra estrés como signo de malestar, preocupación, ansiedad y tensión, es decir que habitualmente tiene un significado o una connotación desagradable. Pero las mismas reacciones de estrés también ocurren cuando estamos ante situaciones de disfrute, como practicar un deporte, tener sexo, obtener una promoción en el trabajo, o al producir una obra de arte; las reacciones físicas tensionantes son las mismas, pero generalmente las describimos de otro modo, como alegría, satisfacción, estimulación y a veces, éxtasis.

De modo que el estrés tiene su lado bueno. En realidad, si no tuviéramos algún grado de estrés, haríamos pocas actividades y estaríamos muy insatisfechos y aburridos (lo que significaría estar tensionado de mal modo). El estrés puede ayudarnos a alcanzar nuestras metas y es el motor que incentiva nuevas experiencias.

EL ESTRÉS COMO PROBLEMA

El estrés puede transformarse en un problema si no podemos manejarlo, especialmente el mal estrés, que cuando se prolonga en el tiempo o se acumula, puede ocasionar lo siguiente:

Problemas emocionales. Temores irracionales y ansiedad, especialmente con respecto al futuro, que pueden causar tensiones y luego empeorar la capacidad para afrontar los problemas.

Cambios en la conducta. En el trabajo, por ejemplo, suele aumentar la cantidad de errores en la realización de las tareas, o puede alterarse la capacidad general para compatibilizar con la gente.

Con dosis moderadas de estrés, el rendimiento puede mejorar, como ocurre con los atletas, que se tensionan cuando se entrenan a fin de aumentar su rendimiento a largo plazo.

Enfermedades inducidas por el estrés. Existe un acuerdo amplio en cuanto a la incidencia del estrés como un factor que contribuye al dolor de cabeza, migrañas, dolor de espalda y cervicalgia, úlcera y trastornos digestivos, alergias incluyendo el asma, llegando hasta los problemas cardíacos, como arritmia cardíaca, taquicardia e infarto. Es común que la concentración disminuya, que la memoria se vea perturbada, o que aparezca bruxismo durante el sueño. Asimismo, el deseo sexual suele verse reducido, como consecuencia del cansancio crónico. También el estrés puede verse reflejado en la caída del cabello y enfermedades de la piel.

EL ESTRÉS EN EL TRABAJO

El estrés en el área laboral y organizacional es hoy uno de los factores más alarmantes. «Amar y trabajar», como lo manifestara Freud, es lo que ayuda a la salud del ser humano, y el trabajo puede ser una de las mejores formas de desempeñar un rol como individuo y preservar el sentido de la identidad, autoestima, y bienestar psicológico. "No vivo para trabajar, trabajo para vivir": Esta frase, aunque suena bien, en el fondo cuesta creerla. El trabajo pone en hora el despertador, condiciona la posibilidad de ver a familiares y amigos, o de dedicarse a alguna forma de recreación.

Desde que en el siglo XIX se universalizó el trabajo, dure lo que dure la jornada laboral, cada vez aumenta más la sensación de falta de tiempo para uno mismo.

La necesidad de cambio, desarrollo e innovación, la adaptación a nuevas circunstancias, la incorporación de nuevas tecnologías, etc., constituyen las principales demandas a las que las organizaciones deben hacer frente en la actualidad, con el fin de que puedan mantener su supervivencia y competitividad, aspectos incrementados por el proceso de globalización. Junto con estos cambios, se ha incrementado el número de adictos al trabajo o trabajólicos. Generalmente se trata de un hombre (afecta menos a las mujeres) en torno a la treintena, que al ingresar al mercado laboral, carece de una vida privada intensa. Tiene pocos amigos, pocos hobbies y mucha ambición que conduce a una dependencia del quehacer laboral. Estas son las personas más vulnerables a padecer las consecuencias del mal estrés. Las nuevas tecnologías, integradas fundamentalmente por la microelectrónica, la informática, la automatización y las telecomunicaciones, ejercen un potente impacto en los grupos de trabajo.

Los cambios de este fin de siglo y de milenio se están produciendo a gran velocidad, y no todos los integrantes de la sociedad tienen la misma capacidad para adaptarse a los cambios. Nos encontramos, la mayoría de las veces, ante personas que más allá de estar adaptadas, están sobreadaptadas, es decir que pagan el costo de un mayor rendimiento con riesgos considerables para su salud psicofísica.

El estrés no es una condena. El diagnóstico es el primer paso para iniciar un tratamiento que permita contrarrestar los efectos del agotamiento y las tensiones.

PERSPECTIVA COGNITIVO - INTEGRATIVA

Platón resaltó lo siguiente: "Así como no deberíamos tratar de curar los ojos sin la cabeza, o la cabeza sin el cuerpo, tampoco deberíamos tratar de curar el cuerpo sin el alma .... ya que las partes nunca estarán bien si la totalidad no está bien".

Desde el punto de vista cognitivo-integrativo, conceptualizamos nuestra organización vital, unitaria y psicofísica como un continuo con acentuaciones diferentes. En un polo del continuo estarán los procesos somatopsíquicos, en el que los elementos somáticos y biológicos tendrán preponderancia, y en el otro polo del continuo predominarán los procesos psicosomáticos, en los cuales la significación y el sentido serán los predominantes. Asumir esta perspectiva de análisis tiene la ventaja de respetar la unidad psicofísica y sus complejidades.

En el Modelo Cognitivo-Integrativo, el sentido de totalidad es fundamental, pero lo es también el análisis de las partes. Con relación a los trastornos derivados del estrés, emergen preguntas significativas para una aproximación etiológica, ya que no sería apropiado llegar a la conclusión de que «todo causa todo» y que no tiene sentido investigar las causas.

EL MODELO DE LA DIATESIS Y EL ESTRES

Para comprender y comprender los trastornos derivados del estrés necesitamos considerar la presencia de variables psicológicas, fisiológicas y genéticas. Para incluir los aspectos psicosociales proponemos el modelo de la diátesis y el estrés (Levi, 1974, en Gatchel y Blanchard, 1994), el cual engloba los modos en los cuales los elementos psicosociales, ambientales-ecológicos, genéticos y fisiológicos deben ser tomados en cuenta en la descripción de los distintos cuadros.

El modelo de la diátesis y el estrés propone los siguientes factores:

Predisposición fisiológica a la enfermedad (debilidad genética o desequilibrio bioquímico);

Estímulos psicosociales (el estrés y cómo la persona responde y lo afronta);

Condiciones ambientales (exposición a situaciones activantes, tanto externas como provenientes de las propias percepciones).

Desde nuestra propuesta, el sistema unitario es desglosable, algunas influencias estarán más acentuadas que otras y la tarea consiste en ayudar al paciente a descubrir y precisar dichas influencias. Se trataría entonces de delimitar en qué medida el desajuste -por ejemplo, la hipertensión arterial- obedece a influencias del ambiente externo, en qué medida deriva de influencias somatopsíquicas y en qué medida psicosomáticas, entendiendo que su acción se produce dentro de un sistema total e integrado.

Un diagnóstico integrativo permitirá esclarecer dónde, cómo y cuándo intervenir, a fin de potenciar la intervención terapéutica. No es lo mismo evaluar el problema en cualquier parte, de cualquier forma o en cualquier momento. La pregunta básica y relevante es ¿Cuáles son las fuentes principales de estrés y de qué depende que el mismo contribuya a generar desajustes en las distintas áreas?

El estrés es un estado de desequilibrio entre las exigencias, sean éstas ambientales, biológicas o psicológicas, y la capacidad de la persona para responder a dichas demandas. Es, pues, una respuesta de la unidad bio-psicosocial, no es algo que ocurre en el ambiente o fuera de la unidad psicofísica.

Tradicionalmente, se pensó que cada persona podría reaccionar desde un sistema fisiológico particular frente a diversas situaciones de tensión. El aumento de la excitación emocional se acompañaría de un aumento de la actividad del sistema nervioso autónomo, y uno o más sistemas fisiológicos u órganos podrían verse afectados por la activación (arousal) autónoma. Si bien no se podría predecir qué sistema se activaría de acuerdo a la emoción predominante (por ejemplo: ansiedad, rabia), se pensaba, de acuerdo a este modelo, que había una reacción característica en cada persona, dependiendo de qué sistema fisiológico fuera el más reactivo. Es decir, que la manifestación somática podría traducirse en una lesión o una molestia del tracto gastrointestinal (úlcera duodenal), o de la piel (neurodermatosis), o de los bronquios (asma) o del sistema cardio-vascular (hipertensión, taquicardia).

A pesar de que esta formulación puede parecer plausible, saltea algunos eslabones de la cadena. Para poder identificar las variables intermediarias es necesario examinar la naturaleza del estrés y la interacción de los sistemas cognitivo, emocional y comportamental en respuesta al mismo.

En situaciones de estrés la sirena de alarma suena excesivamente, ya sea con relación al peligro real existente o amenazante, ya sea en relación con las energías disponibles en la persona. El desequilibrio puede derivar de un exceso de «alarma» o de un déficit energético de quien la escucha. La respuesta de estrés involucra una substancial participación fisiológica y además un fuerte consumo energético. En comparación con una emoción, en el estrés lo substancial es la respuesta fisiológica, en tanto que en la emoción, lo principal es la experiencia subjetiva, es decir, la vivencia.

Además el estrés produce un impacto en el sistema inmunológico que puede golpear ciertos órganos y que no es necesariamente parejo, o sea que no golpea por igual a cada uno de ellos. El impacto tiende a ser específico para cada persona, o sea que cada persona tiene su «perfil de estrés», una cierta predisposición. De modo que la génesis de un desajuste psicofisiológico dependerá de la intensidad del estrés y del perfil fisiológico que el mismo adquiera en cada persona, golpeando preferentemente ciertos órganos, y a ésto le agregamos cierta debilidad preferencial en ciertos órganos (Opazo, 1989).

LOS ESTIMULOS CAUSALES

Veamos ahora los distintos estímulos causales, no únicos, del estrés:

Estímulos ambientales: Pueden generar tensión por vías bastante «mecánicas», como en el caso de la contaminación acústica, de los estímulos sorpresivos, de aquéllos muy reiterativos o intensos, del hacinamiento, etc. El estrés se intensifica cuando no hay escapatoria, es decir mientras que la persona se mantenga en ese ambiente.

Causas biológicas: Según Eysenck (1967), las personas con un alto nivel de neuroticismo tienen una facilitación biológica para la respuesta de estrés, o sea un bajo umbral de tolerancia y fácilmente responden con estrés. Se trata de una magnificación biológica, especialmente ante el impacto de los estímulos negativos. En la relación biología-estrés, no podemos dejar de referirnos al concepto de alexitimia (Sifneos, 1973), que se refiere a personas que no tienen palabras para describir lo que les ocurre a nivel emocional. Ahondando en el tema, la experiencia clínica nos muestra que más que no encuentren las palabras, son personas que no tienen la experiencia subjetiva de la emoción, no tienen la vivencia. Lo relevante es que la alexitimia se relaciona con frecuencia con desajustes psicofisiológicos. La persona vive su tensión por un canal eminentemente fisiológico y frecuentemente sin conciencia de lo que le está sucediendo. Tal conocimiento aparece tardíamente, cuando las señales de daño fisiológico no pueden dejar de ser percibidas.

Área cognitiva: Muchas personas construyen situaciones de estrés a partir, por ejemplo, de situaciones ambientales bastante inocuas para la mayoría de la gente. Surgen expectativas equivocadas, exigencias excesivas (similar a las del superyo del psicoanálisis), atribuciones erróneas en cuanto a la significación de los eventos de la vida diaria, auto-exigencias constantes, etc., las que pueden producir una magnificación o exageración cognitiva. Este círculo vicioso desemboca en un fuerte estrés. Las personas proclives al estrés a menudo realizan juicios globales, absolutos, extremos, orientados en una sola dirección. Un rasgo saliente es la pérdida de control volitivo sobre el proceso de pensamiento, y aún más, de funciones cognitivas tales como la objetividad y la prueba de realidad (falla en el proceso secundario). Podemos observar que nuestros pacientes desarrollan reacciones de estrés aún cuando no existan condicionamientos externos, el origen del mismo es interno y deviene de la alta demanda que estos individuos ponen sobre sí mismos, junto con auto-críticas y reproches. La ansiedad está centrada en una alta expectativa de rendimiento.

Causas afectivas: Las emociones intensas y mal canalizadas o no expresadas contribuyen a la acumulación de estrés, especialmente en el caso de la angustia y la rabia o bronca muy intensas y no expresadas. Lawlis y Achterberg (1980) realizaron un estudio con criminales, los que frecuentemente fumaban mucho y abusaban de sus cuerpos de distintas maneras. A pesar de ello, tenían un bajo índice de cáncer, en comparación con una muestra de no criminales. Pensaron que al expresar hacia afuera sus impulsos agresivos, se deshacían del estrés que los no criminales sí asumían.

Repertorio conductual: Las conductas también pueden influir como causa de estrés, ya que las personas con escasas habilidades sociales suelen sufrir mucha tensión si están expuestas a interacciones sociales frecuentes. También aquellos individuos con tendencia a la evitación padecen altos niveles de ansiedad al percibir que los problemas se acumulan y que no los pueden afrontar. Desde la perspectiva del sistema familiar, la sobreprotección puede contribuir a generar de-sajustes, así como la ausencia de reglas claras o un control estricto sobre la expresión emocional. Son familias en las que se promueve un estilo espartano en el manejo emocional: las emociones son para «tragárselas» y no para exhibirlas.

La terapia se verá beneficiada sustancialmente si evaluamos la influencia causal de cada subsistema, o sea que debemos realizar una evaluación precisa del rol de cada grupo causal.

Lo importante para rescatar es que el rol de la biología, de las cogniciones, del ambiente, etc., es diferente y específico en cada caso.

Referencias Bibliograficas: adaptación del articulo: El estrés y la calidad de vida – Autora: Lic. Silvia Franchi.  Publicado en: Revista de Psiquiatría Dinámica y Psicología Clínica - Órgano de difusión de la Asociación Argentina de Psiquiatras (AAP).

 

por la Dra. Andrea R. Sala
drasala@ciudad.com.ar

Todos los derechos reservados