La Declaración Universal de los Derechos
Humanos establece que "la no
observancia de los derechos humanos resulta en tiranía y opresión, lo que
entonces obliga a las víctimas a rebelarse". Esta declaración
presupone que, aparte de la discriminación racial, las sociedades no practican
otras formas de discriminación como las basadas en género, edad, discapacidad,
preferencia sexual o religión. Por lo tanto, para discutir raza y género en Sudáfrica es imperativo que los
ubiquemos primero en el contexto histórico, es decir colonialismo, apartheid y
la construcción política e ideológica de la familia tradicional africana y,
en segundo lugar, en la realidad actual
de las relaciones interpersonales e interraciales. Este contexto histórico
toma en cuenta que pertenecemos a diferentes grupos raciales y étnicos ya que éstos determinan nuestras percepciones
respecto a "una/o misma/o" y la "otredad" de las/os
otras/os, ya sean hombres o mujeres.
La discusión sobre raza, por lo tanto, debe
tomar en cuenta la naturaleza problemática del término, además de otras
dificultades asociadas. Las disputas sobre el punto son interminables. Hace ya
tiempo que se ha aceptado que las razas no existen en ningún sentido que pueda
ser reconocido científicamente, pues la propia idea de "raza" es una
construcción social similar a la de género. Sin embargo, en muchas sociedades
la población con frencuencia ha actuado, y continúa actuando, como si
"raza" fuera una categoría objetiva fija. Estas creencias se reflejan
tanto en el discurso político como a nivel de las ideas populares. En
consecuencia, la percepción común sobre "raza" se ha concentrado en
variables tales como color de la piel, idioma y nacionalidad.
Este artículo se concentra en la historia de Sudáfrica y cómo ella se
manifiesta en prácticas discriminatorias raciales y de género en el presente.
Sabemos que si bien la población africana fue discriminada como una raza, y que
los hombres africanos fueron considerados inferiores a las mujeres blancas, es
importante reconocer que las mujeres
africanas sufrieron un "tipo especial" de discriminación que fue
reservada exclusivamente para ellas en tanto población africana pero también
como "posesiones" de los hombres africanos. Los gobiernos del Apartheid controlaron la sexualidad de las mujeres
aunque de distintas maneras, por ejemplo:
Utilizaron el reglamento de control de la población para mantener baja la
cantidad de población africana. Las
mujeres fueron esterilizadas con frencuencia sin su consentimiento o conocimiento.
Organizaron clínicas que recetaban dos
peligrosos anticonceptivos para las mujeres africanas, Dalkon Shield y Depo
Provera.
Limitaron el aborto, pero las
mujeres blancas que deseaban realizarlo viajaban al exterior mientras que las
mujeres africanas debieron conformarse
con abortos clandestinos que las expusieron a múltiples peligros.
|
LA CONSTRUCCION IDEOLOGICA Y POLITICA DE LA FAMILIA
AFRICANA |
Para distinguir entre modernidad y la
continuidad de viejas formas de vida familiar africana, es necesario hacer una
breve referencia a antecedentes históricos respecto a la transformación
política e ideológica de la familia tradicional africana. A nivel político la discusión de la construcción multifacética de la
familia africana evidencia la subordinación, explotación y opresión de las
mujeres, y es solamente a través de un análisis de este tipo que el
verdadero significado de las múltiples formas de opresión de las mujeres puede
ser entendido. Es también a este nivel que podemos comprender cómo al interior
de las familias africanas, familia significaba mujeres, y cómo con frencuencia
hemos fracasado en problematizar el género y las relaciones de género. La asociación de mujeres con familia
niega a las mujeres su identidad individual. En las sesiones de la Comisión
de Verdad y Reconciliación, por ejemplo, un número significativo de mujeres
relató experiencias de violencia vividas por miembros de la familia y no las
suyas propias. De manera similar a nivel ideológico, el análisis de las varias
formas de familia africana demuestra que la
construcción política e ideológica de este tipo de familia les permitió a los
hombres percibir a las mujeres como su posesión, pues el hogar era el único
espacio donde ellos tenían autoridad. Finalmente, este nivel explica cómo
la transformación política e ideológica de la familia africana les permitió a
los hombres africanos fusionar normas culturales europeas y africanas para
defender su opresión y explotación de las mujeres, y cómo para las mujeres la
familia se convirtió en "la fuente de afirmación así como de su
subordinación".
Sudáfrica
siempre estuvo conformada por una variedad de grupos étnicos con diferentes
lenguajes y variedad en las costumbres. La familia africana pre-Apartheid era fuertemente patriarcal, de
descendencia patrilineal. En ese
tiempo los arreglos para los matrimonios diferían entre las tribus, pero el
advenimiento del cristianismo y la
industrialización transformaron la organización tradicional de la familia
africana. En primer lugar, la iglesia
inculcó un modelo familiar basado en la monogamia con un hombre como sostén
económico, y la mujer en el doble rol de pilar de la familia y subordinada del
hombre. En segundo lugar, la industrialización transformó esta comunidad
agraria pues los hombres dejaron sus casas para procurar empleo en las minas.
La familia africana tenía una construcción
social y era compleja; no era ni estática ni monolítica. La familia africana urbana estaba constituída por familiares con
vínculos de sangre, parientes políticos, los muertos y cualquiera que
compartiera los mismos valores culturales, mientras que la familia rural adhería a lo que se
consideraba costumbres tradicionales africanas. La familia consistía en
familiares por vínculos de sangre, antepasados y parientes políticos, y los
miembros de la familia con frecuencia vivían con proximidad entre ellos. Tanto las familias urbanas como las rurales
demandaban lealtad de parte de los jóvenes y todos participaban del culto a los
antepasados. Por ello cualquier cosa que perturbara esa particular relación
era considerada negativa y existía la creencia de que nada perturbaba más a los
muertos que una ofensa contra la unidad y la lealtad familiar.
|
LAS MUJERES Y LA VIDA FAMILIAR |
Al
interior de la comunidad africana no existen asuntos individuales porque todo
tiene una referencia moral y social, lo que significa que el hábito del
esfuerzo corporativo no es más que la otra cara de la propiedad corporativa, y
las mujeres se ubican en la última categoría. La vida familiar
consistía en una red de códigos que
decidían la posición de las mujeres en la familia y en la sociedad. Estos
códigos complejos también eran usados para recomendar y suscribir el
comportamiento de las mujeres, tanto privado como público, a pesar de que la
realidad de la organización de la familia africana cambiaba constantemente y
era sostenida por fuerzas externas a ella, a través de la política, la economía
y la ideología.
En primer lugar, la política y la economía
tuvieron un impacto en la organización de la familia a través del sistema de
trabajo migrante y las leyes de control de flujo poblacional. Los desarrollos económicos y políticos
interfirieron en la estabilidad conyugal entre los hombres y las mujeres
africanos/nas; intensificaron los deberes reproductivos y productivos de las
mujeres. Es sabido que cada vez que los hombres iban a sus hogares de
vacaciones tenían expectativas de que sus mujeres concibieran. Ocasionalmente,
si al finalizar la vacación del esposo la mujer no había concebido, los hombres
alquilaban habitaciones en sus localidades de residencia urbana de modo que las
esposas los pudieran visitar para "uku thata isisu", ser preñadas.
Una tolerancia incomparable se practicaba hacia los hombres que comenzaban
familias en las zonas urbanas. La tolerancia que mi sociedad adoptó hacia la
inclinación de los hombres a tener más de una mujer contribuyó a crear y a
justificar una situación con prejuicios de género que sólo sirvió a los
intereses de los hombres. Sólo se
esperaba fidelidad de parte de las mujeres en tanto propiedad de los hombres,
porque los hombres querían asegurar la "pureza" de su prole.
En segundo lugar, las políticas del sistema del apartheid sostuvieron la desorganización
de la familia tradicional africana a través de intervenciones económicas,
políticas y sociales. Inevitablemente, durante la fase de lucha por la
liberación nacional, la familia asumió una posición de dicotomía,
convirtiéndose en una institución al mismo tiempo privada y pública. La familia era por un lado un refugio
contra las severas brutalidades del apartheid y un espacio para inculcar y
embeberse en valores culturales; en consecuencia las mujeres se transformaron
en las trasmisoras y en emblemas de las normas culturales africanas, mientras
que los hombres asumieron la posición de custodios de esa cultura. Por otro lado
la familia pasó a tener una significancia política, pues se convirtió en la
base de la movilización política y fue al interior de la familia que la
siguiente generación recibió enseñanzas sobre creencias y costumbres
obligatorias para la continuación de la raza africana. De ese modo la sociedad
no solamente mantuvo la existencia de la familia, sino que también aseguró la
continuidad de las características distintivas del africanismo.
|
GENERO |
Las mujeres han sido víctimas de la discriminación de género desde tiempos
inmemoriales. Sin embargo, es importante señalar que clase, raza, etnia y casta
tienen un efecto sobre cómo las mujeres experimentan la discriminación de
género de maneras diferentes dada la interseccionalidad de la discriminación de
género con otras formas de identidad. Adicionalmente, esto determina nuestra
vulnerabilidad hacia la discriminación racial. De este modo, la discriminación
racial no es más que una hebra de diferentes hilos entrelazados de
discriminación puesto que las mujeres no sólo se diferencian por la manera en
cómo raza, etnia, clase, edad, casta, sexualidad e incapacidad afectan nuestras
experiencias. Otros factores, tales como contexto histórico y localidad
geográfrica, también deben ser parte del marco de análisis sobre racismo y
género.
Al focalizar en asuntos sobre raza y
género, no es mi intención sugerir que me estoy refiriendo a dos sistemas
separados de racismo y patriarcado, que se entrelazan de una manera
comprensible y simple. Tampoco estoy argumentando que puede haber un único
marco para comprender cómo las dinámicas raciales y de género se relacionan, ni
tampoco una formulación teórica para comprender los aspectos raciales de la
discriminación de género. Más bien son las complejidades y variedad de
experiencias y formas de opresión las que están siendo destacadas. Esto se hace
en un esfuerzo por rebatir la descripción unidimensional y con frecuencia
"inocua" que se hace del impacto que la raza tiene en cada una.
El racismo es entendido con frecuencia como
opiniones y comportamientos prejuiciosos respecto a miembros de grupos
raciales, étnicos, culturales o religiosos a los que se considera
intrínsecamente inferiores a los propios. Ello normalmente se manifiesta a
través de proposiciones que apoyan políticas o creencias desventajosas para
algunas razas respecto a otras, incluso cuando se cuenta con evidencias y
argumentos que deberían conducir a abandonar tales proposiciones. De acuerdo con esto, argumentos y prácticas
prejuiciosas desde el punto de vista racial son las que utilizan
características atribuidas racialmente a las personas para justificar la
discriminación y la exclusión. Una gran dificultad para combatir el racismo,
sin embargo, es que no siempre es fácil identificar actitudes y prácticas
racistas. No sólo porque estas últimas muchas veces se disimulan bajo nociones
más benignas, sino también porque el racismo cambia su carácter, formas y
ejecutores de acuerdo con el entorno en el que opera. El racismo de la población
educada, por ejemplo, difiere del de la población no educada en tanto aquél no
es necesariamente consciente y no surge directamente de considerar al
"otro" como intrínsecamente inferior. A veces esa "otredad"
genera entusiasmo y fascinación, siendo el caso aquí los exámenes de VIH
realizados al azar entre mujeres africanas embarazadas.
Pero
esta fascinación con frecuencia es irracional, es decir, estos profesionales no
logran asociarse con el "otro" individuo en iguales términos y su
relación encarna ciertas relaciones de poder que impiden la igualdad.
La desigualdad en relación al poder, cualquiera sea el significado de ese
poder, complica y obstruye la comunicación y las relaciones interraciales. En otras palabras, nuestra
"otredad" les impide vernos como individuos/as, como nosotros
mismos/as. Les impide comprendernos y relacionarse con nosotros/as.
|
CATEGORIAS SOCIALES Y VIH/SIDA |
La investigación y recolección de datos
respecto a la incidencia del VIH afecta nuestra comprensión sobre las mujeres y
el virus de inmunodeficiencia humana y el síndrome de inmunodeficiencia
adquirida. Breves referencias a cifras oficiales y a la respuesta de los medios
de prensa sobre "datos" respecto al VIH refuerzan la percepción que
el público tiene respecto a que el VIH/SIDA se ha transformado en un problema
exclusivo de mujeres negras. Y esto se debe a la creciente publicidad de los
resultados de exámenes anónimos realizados a mujeres embarazadas en clínicas
prenatales, quienes con frecuencia son africanas.
La prensa, tanto electrónica como impresa,
con frecuencia nos bombardea con llamados de atención respecto a la olvidada
tragedia de las mujeres embarazadas con SIDA; no oímos sin embargo sobre
mujeres de otras razas que quizás estén en una situación similar. En consecuencia,
la mayor distinción que normalmente se hace entre "nosotras" y
"ellas" es entre quienes no fueron y/o no podrán ser alcanzadas por
el VIH y las "otras", es decir, quienes están y/o estarán afectadas
por el virus. La dicotomía se repite en muchos contextos a pesar de que hay
evidencia de que el VIH/SIDA actúa independientemente de la raza de la persona
y de que el género y la raza no ofrecen ningún tipo de protección contra la
infección. Sin embargo, las cifras de infectados actualmente, las exageraciones
en la cobertura y la interpretación de las estadísticas, han hecho difícil
romper la "otredad" de otros y esto no difiere de los puntos de vista
del gobierno anterior que nos consideraba promiscuos/as.
|
CONCLUSION |
Actualmente hablamos de Sudáfrica como un
país no racista y no sexista, pero la pregunta es qué mecanismos hemos puesto
en práctica para superar la internalización de inferioridad y superioridad de
la gente. El establecimiento de un proceso para "de-programarnos"
como nación no puede ser sobreenfatizado porque el pasado con frecuencia
influye sobre el futuro. Para concluir, la reconstrucción o el Renacimiento
Africano así como el Plan del Milenio se han convertido en clichés entre la
intelectualidad de Sudáfrica. '¿Pero dónde están las mujeres, y aun más
importante, dónde están las mujeres negras? Porque estas mujeres han sido
siempre la columna vertebral de la nación y de la economía africana, si bien de
una manera no oficial. Finalmente, debemos cuestionar la manera en que la
prensa constantemente y sin motivo expone a las mujeres infectadas con el VIH,
ya que esto cosifica a las mujeres.
Dra. Teboho Maitse
Miembro
de la Comisión de Igualdad de Género de Sudáfrica.
Este
artículo esta basado en su ponencia presentada en el seminario sobre "Racismo,
Xenofobia y Género", organizado por Lolapress Revista Feminista
Internacional el 27-28 de agosto, 2001 en el marco de la Conferencia Mundial
Contra el Racismo.
Traducción del inglés al castellano por Ana
Agostino.
Fuente:
www.lolapress.org
|
¿Conoce algo más?, ¿Le surgen otros interrogantes?. Déjenos su comentario, es sumamente valioso. Haga click
aquí para ir al foro |
|
Arte y Erotismo UNA OBRA DE
AMOR DE FRANCISCO PARDAVE VILLALOBOS |