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ADICCION AL SEXO RADIOGRAFIA DE UNA ENFERMEDAD TABU |
Pueden engañar a su pareja con cuanta persona
se les cruce en el camino. Pueden pasarse horas frente a un televisor o una
computadora consumiendo pornografía. Pueden masturbarse cinco o seis veces al día.
Pueden buscar espiar a otros mientras tienen sexo. Pueden exhibir sus
intimidades en público. Y hasta pueden abusar o violar a seres indefensos. Todo lo hacen sin control y en forma
desesperada. Y en realidad nada de eso les provoca placer, si no vergüenza,
dolor y odio a sí mismos. Es que son
adictos. Adictos al sexo.
A no confundirse. Quien haya sido infiel alguna vez o disfrute con algún video
erótico cada tanto no forma parte de este universo de personas. La adicción
implica una conducta compulsiva, imposible
de manejar. Incluso a pesar de las tremendas consecuencias que provoca en la vida cotidiana: relaciones rotas,
problemas en el trabajo, dificultades económicas, rechazo social, riesgo de
contraer enfermedades venéreas o sida, y hasta arrestos.
"La adicción sexual tiene tres
características: es compulsiva, persistente y recurrente", dice el
sexólogo León Gindín. Y explica: "Compulsiva
porque no se puede parar, hay que cumplir sí o sí con esa exigencia que impone
la cabeza. Persistente porque hay
que hacerlo a cada rato, todo el tiempo. Y recurrente
porque siempre se acude a los mismos recursos".
Imposible saber si en la Argentina esta adicción golpea a muchos. No hay
estadísticas. Lo que sí se sabe, a partir de la experiencia de los principales especialistas
del país, es que nueve de cada diez adictos al sexo son hombres. "Se podría pensar en algo genético: el
embrión es naturalmente femenino y en la octava semana del embarazo puede pasar
a ser masculino. Y es en ese proceso cuando puede haber una alteración. También
en algo hormonal: que haya una exagerada secreción de testosterona",
explica el sexólogo León Gindín.
¿Cómo combatir esta adicción?. En la
Secretaría de Salud de la Ciudad afirman que los hospitales públicos porteños
todavía no tienen programas específicos para los adictos al sexo. Pero en
Buenos Aires ya existen cuatro grupos de autoayuda gratuitos, que
plantean tratamientos similares a los de Alcohólicos Anónimos. Cultores del
bajo perfil, hablan de ellos como "la comunidad", y son muy celosos
de su funcionamiento .
En los Estados Unidos, donde se
calcula que este problema afecta al 6%
de la población, existen clínicas especializadas y muchísimos estudios
médicos publicados. Según el especialista
Allan Bruckheim, uno de cada 16 adultos puede ser adicto al sexo, aunque
los que piden ayuda son pocos. Entre los que buscan "curarse", la
mitad está casada y dos tercios tienen el secundario completo.
De acuerdo al Consejo Nacional sobre
Adicción y Compulsión Sexual, los comportamientos del desorden adictivo son:
"Múltiples relaciones
extramatrimoniales, usar el poder para conseguir pareja, mucho contacto con
prostitutas, llamados telefónicos indecentes, excesivo tiempo y gasto de dinero
en pornografía y sexo por Internet, numerosos encuentros sexuales anónimos y
tocar a otras personas sin su permiso".
Para el sexólogo Juan Carlos Kusnetzof,
el adicto sexual "siente que la
única manera de superar la angustia es teniendo sexo. Y eso
se convierte en un hábito". La psicóloga y sexóloga Diana Resnicoff
coincide: "La compulsión calma una
tremenda angustia que proviene de un vacío interior. Pero nada los llena porque el vínculo
placer-amor está roto. El adicto sexual es un carenciado, un bebé hambriento de
amor".
Para Adrián Sapetti, presidente de
la Sociedad Argentina de Sexualidad Humana, "lo que caracteriza la conducta del adicto son los rituales. Debe
satisfacerse siempre de la misma manera, con la misma secuencia, porque así
cree que neutraliza su angustia. Pero el ritual no ataca la raíz del problema,
el cual, necesariamente, reaparece".
Patrick Carnes, el primer terapeuta en
definir la adicción sexual, hizo una encuesta entre mil pacientes con esta
patología y encontró que el 42% también era adicto a las drogas o al alcohol,
que el 38% tenía algún desorden alimentario y que el 28% sufría de compulsión
al trabajo. Además, dos de cada tres
habían sido víctimas de abuso físico, emocional o sexual durante la infancia.
Gindín, por su parte, encuentra que
los adictos al sexo son, en general,
"personas que en la niñez vivieron un modelo de amor alejado de los
cánones más normales".
En general, el adicto al sexo tarda en
buscar ayuda. "Recién hace una
consulta cuando su comportamiento le genera demasiados problemas con su pareja,
con la sociedad, con el trabajo o, incluso, con la policía", dice Sapetti.
Para Kusnetzof, los tratamientos
para superar la adicción demoran meses: "Y la mejoría siempre es frágil.
Se vuelve a reincidir porque los instintos se renuevan constantemente". Es
que a diferencia de las drogas o el alcohol, la "sustancia" que daña está en el organismo.
"El tratamiento es doble:
medicación (antidepresivos para bajar lo compulsivo) y psicoterapia. Se
busca que el adicto haga un reaprendizaje social. ¿De qué manera? Se le dan
tareas como llevar registros de los momentos de mayor angustia, se le proponen
otras actividades, como un deporte, y se intenta conectarlos con el
placer", explica Resnicoff.
Los especialistas recomiendan las terapias de grupo, porque hablar con
otros disminuye el sentimiento de
soledad y vergüenza. El objetivo de estos grupos es lograr un despertar
espiritual y llevar ese mensaje a otros adictos.
Fuente: DIARIO CLARIN - SECCIÓN SALUD, 2003. Articulo original http://old.clarin.com/diario/2003/10/05/s-03615.htm
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