El Grupo Espacio es un proyecto que tuvo su
origen en la necesidad de dar respuesta a un grupo de jóvenes con
retraso mental severo y/o profundo víctimas de abuso sexual. Desde el área psicosocial
y a través de diferentes estrategias de intervención se trabaja desde
hace dos años con los jóvenes y sus familias a fin de brindar contención,
orientación y apoyo. "GRUPO ESPACIO" Un lugar
en donde la palabra y el sentimiento tienen su espacio. Metodología: Talleres semanales (en los primeros 8 meses) Talleres quincenales (en los siguientes 4 meses y hasta la actualidad) Modalidad: Son grupos de reflexión y dramatización en la
cual participan los cuatro jóvenes abusados, la Asistente Educacional
(coordinadora del encuentro) y la Trabajadora Social (observadora
participante). Dinámicas y actividades propuestas:
Los jóvenes que participan del Grupo Espacio y con los que actualmente trabajamos
tienen las siguientes características y particularidades:
Entre las actividades se pueden señalar: ejercitar el vestido y desvestido,
pautas y hábitos de higiene personal (lavado de manos, de dientes,
baño, uso de sanitarios), participar en el desarrollo de tareas domesticas
simples (barrido, poner y sacar la mesa, lavado). Asimismo el joven realiza actividades laborales no productiva (taller de
manualidades, de huerta y jardinería, de cocina, de papel reciclado)
y de socialización (danzaterapia, musicoterapia
y taller de teatro y expresión). Es importante señalar que la adquisición de los hábitos requiere la constante
rutina de la actividad sostenida en el tiempo. Los jóvenes con retraso
mental severo y profundo necesitan desarrollar una rutina diaria sostenida
y repetida para adquirir nuevos aprendizajes.
(Signos
y síntomas detectados previamente a que se conociera el hecho del
abuso, y que en la mayoría de los casos, no era atribuible a problemáticas
individuales, familiares y/o institucionales).
El abuso sexual sufrido por los jóvenes se encuadra dentro de lo que se
denomina abusos sexuales extrafamiliares
(el abusador conocido de la familia). En estos casos se trata
de jóvenes agredidos sexualmente por un adulto que pertenece a su
círculo social y que por lo tanto es conocido de la familia. El abusador
dado el lugar que ocupa en la vida de los jóvenes y su familia es
depositario de la confianza de los padres, este comienza a someter
a sus víctimas de una manera "solapada y engañosa" En todos los casos, incluidos nuestros jóvenes, " el abusador envuelve
a su víctima en una relación falsa que se presenta como afectiva y
protectora. Al manipular al mismo tiempo la confianza familiar, el
niño es doblemente cosificado, primero por
su abusador y luego por sus propios padres que sacrifican su rol protector
a la relación con este individuo...el cual se convierte en un personaje
agradable, simpático, servicial y atento a todos." (J. Bardury.
Paidos). En el caso específico de los jóvenes con retraso mental severo y profundo
lo anteriormente señalado se hace aún mucho más evidente y traumático. Es común que las familias que tienen un integrante con discapacidad mental
severa y profunda depositen su confianza en las personas o instituciones
asistenciales terapéuticas con las cuales su hijo está en contacto
cotidiano. En muchas oportunidades esta confianza depositada se confunde con una actitud
de delegar en otros funciones parentales y obligaciones familiares. ¿Por qué hacer referencia a esto? Porque en el tema específico del abuso
observamos que, en muchos de los casos, la actitud de los padres estaba
más orientada a desacretidar y desconfirmar
a su hijo, por un lado por ser una persona con discapacidad mental
severa y profunda ("el no entiende", "ella no se da
cuenta") y por otro lado por negar el abuso ocurrido ("inventa
lo que dice", "vio algo en la televisión", "ve
a sus hermanos y copia lo que vio"). En un comienzo, el trabajo con estos jóvenes, estuvo centrado en un único
objetivo: darle validez a todo lo que ellos relataban, expresaban,
sentían, dramatizaban, somatizaban. Fue y es un objetivo muy difícil
de lograr dado que hoy por hoy una persona con discapacidad mental
severa y profunda pertenece a una minoría a la cual no se le reconocen
"implícitamente" muchos derechos, entre los que se encuentra
el derecho a opinar, a decir, a testificar. A la par de este objetivo comenzamos a trabajar con los padres, para que
ellos puedan confirmar y reconfirmar a su hijo, aceptando y creyendo
sus relatos, sus manifestaciones, sus vivencias.
La familia de un joven con discapacidad mental severa y profunda aprende
a vivir su cotidianeidad y la de su hijo, con todo lo que esto implica,
con otra medida de tiempo. Desde las instituciones, los profesionales intervinientes
y los orientadores docentes que diariamente asisten a su hijo, les
indicamos y orientamos a los padres a que los logros y los aprendizajes
van a requerir un tiempo mayor a lo esperado y que estos logros deben
permanecer y repetirse en el tiempo para que puedan ser considerados
tales. Les explicamos y acompañamos a los padres a que puedan ver
que esto no es bueno ni malo sino que es diferente. Es desde esta mirada que los padres y la familia comienzan a reacomodar,
par así decirlo, sus expectativas, sus deseos, sus proyectos en relación
a su hijo. El comprender y sobre todo aceptar esta realidad, es el
punto de partida para poder iniciar un trabajo con el joven y su familia. El tiempo cronológico, días, horas, meses, como así también la repetición
en el tiempo de determinados hechos, es un aspecto importante a señalar
en el tema de abuso sexual de personas con discapacidad mental severa
y profunda. Como antes manifestamos, la familia que tiene uno de sus miembros con retraso
mental severo y profundo, va aprendiendo a relacionarse, a convivir,
a comunicarse con su hijo de modo diferente. Esta noción tan particular y especial del tiempo que los padres y las familias
van adquiriendo es fundamental para promover un mejor y mayor desarrollo
personal a su hijo. Frente al tema concreto del abuso sexual de un hijo con retraso mental severo
y/o profundo ¿qué lugar ocupa esta noción particular del tiempo?. Los padres y la familia aprenden, con el paso del tiempo, a comunicarse
con su hijo. Empiezan a comprender, a escuchar, a entender, a interpretar
lo que su hijo quiere decir o manifestar. Todos los jóvenes se expresan
de una u otra manera y está en la familia la posibilidad de reconocerlo
como un sujeto que puede y sabe como hacerlo... Es aquí donde, en la mayoría de los casos, juega un papel fundamental la
capacidad de escucha de los padres, y en el caso de los jóvenes con
discapacidad mental severa y/o profunda, de la madre (ya que es ella
quien mantiene un vínculo más profundo y en la mayoría de los casos
simbiótico con su hijo) En el tema específico del abuso sexual de jóvenes con retraso mental severo
y/o profundo, no solo tienen mucha importancia la capacidad de escucha
sino también la mirada que los padres tienen hacia su hijo... Del trabajo con las familias de los jóvenes que asisten a nuestra institución
se puede señalar, que son pocos los casos en los que los padres miran
a sus hijos, jóvenes de más de 21 años, como adultos con necesidades
especiales. Debido a su dependencia y/o dificultad para ser personas
autónomas e independientes es que los padres, en muchos aspectos,
los tratan como si fuesen niños. Esto se ve reflejado no solo en el
aspecto personal de sus hijos, muchas veces vestidos de una manera
más infantil, sino también en la actitud y el modo de expresarse,
de hablar hacia su hijo y de su hijo, etc. En relación a este punto, creemos importante señalar que, es común que en
la dinámica familiar no se tengan en cuenta los deseos, puntos de
vista, opiniones del joven, como así también que su participación
en la toma de decisiones familiares sea poco significativa (decisiones
sobre el tiempo libre, salidas, comidas, elección de la ropa, etc.) La mirada que los adultos tienen frente a este hijo condiciona directamente
la comunicación entre ambos. En el caso concreto de nuestros jóvenes, en su mayoría, manifestaron de
algún modo la situación traumática por la que estaban atravesando.
Cabe aclarar que hasta el día en que se hizo público el tema del abuso,
estas manifestaciones aparecían como hechos aislados y circunscriptos
a la realidad de cada joven. Para citar alguno de los casos podemos
nombrar a un joven que continuamente hacía relatos referidos a hechos
de violencia, a situaciones policiales. Este mismo joven, en el período
de un año, disminuyó considerablemente de peso. En otro caso hubo un aumento en la masturbación como así también en el modo
de hacerlo. Otro joven mantuvo durante varios meses una postura especial (no podía permanecer
parado en forma erecta, sino que se inclinaba para adelante continuamente).
Frente a estos y otros cambios más que se comenzaron a visualizar en algunos
jóvenes, se mantienen entrevistas con las familias. En estas entrevistas iniciales, previas a la revelación del abuso, trabajamos,
junto con los padres y en especial con las madres, todos aquellos
cambios que veíamos en sus hijos. Las madres, en la mayoría de los
casos, desconocían las causas o motivos. Se evaluaban diferentes posibilidades: cambios referidos a la edad y etapa
cronológica de los jóvenes, cambios significativos en la estructura
y dinámica familiar, problemas familiares, falta de controles de salud
(neurólogo, médico psiquiatra), problemas con la medicación diaria,
entre otros.
Cuando se hizo público el hecho del abuso
sexual al cual fueron sometidos varios de los jóvenes con quienes
trabajamos diariamente empezamos a preguntarnos Por dónde empezar,
qué decir, qué hacer?. El vacío en lo que se refiere a la investigación
sobre abuso sexual y discapacidad es enorme como así también la ausencia
de recursos asistenciales que atiendan dicha problemática. Ante esta realidad, confiando en nuestra experiencia
de trabajo y sobre todo buscando estrategias de intervención terapéuticas
es que ideamos el Grupo Espacio. A casi dos años del trabajo que venimos realizando
con estos jóvenes y con sus padres podemos afirmar que el abuso sexual
provoca un impacto desbastador no solo en la víctima sino en su familia.
Creemos que es necesario y urgente comprender
que la persona con discapacidad mental, o con algún otro tipo de discapacidad,
pertence a una minoría que merece ser escuchada,
respetada y valorada. A fin de cuentas
a todos algo nos falta…
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