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Desdémona: ¡Celos! ¿Le he dado yo algún motivo?
Emilia: Los celos no se satisfacen con
esa respuesta; no necesitan ningún motivo.
Los hombres son celosos porque lo son. Los celos son monstruos que nacen y se
alimentan de sí mismos.
Acto tercero, Escena IV de
Otelo, W. Shakeaspeare.
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Todo trabajo de investigación comienza con una
inquietud que va tomando cuerpo. De cierto modo algo que sucede en nuestro
entorno nos llama la atención o despierta alguna cascada de opciones que van
directamente a orientarse hacia algún tipo de hipótesis de trabajo. En el
área de sexualidad, esas inquietudes nacen, muchas veces, por la propia
naturaleza de la sexualidad en la interrelación cotidiana. Es el caso de este
trabajo, que la motivación surge a partir de una afirmación escuchada en
rueda de amigos: ¡Si vos no tenés celos es porque no amas! Esta afirmación dicha tan taxativamente y
reafirmada por los demás a través de sus palabras y sus silencios fue la
primera chispa que encendió esta inquietud.
¿Por qué tener celos? ¿Por qué no tenerlos? ¿Dónde la normalidad de su causa?
¿Dónde la patología de su alcance? ¿Para qué sirven? ¿Qué es necesario para
su gestación? ¿Qué lógica tienen? ¿Cómo aceptarlos? ¿Cómo manejarlos? ¿Cómo
convivir? ¿Hasta donde permitirlos? Las preguntas se acumularon.
Lo primero que pensamos, cuando esta inquietud
inicial se fue tornando hacia una investigación, es que era difícil de
consensuar una respuesta única sobre el alcance real de los celos; la
simplificación es obvia frente a ello, pues los celos son antes que nada una
emoción [3], relacionada con un
sentimiento.
La asociación de los celos al sentimiento pone de
manifiesto lo difícil de conceptualizarlos. Puesto que, paradójicamente, no
existe algo más claro y al mismo tiempo difícil de definir que un
sentimiento, una emoción o una pasión. Y si se duda probemos de definir al
amor. Existe en ello una carga subjetiva que Jung la expone diciendo que "la
naturaleza de la valoración del sentimiento puede compararse con la
percepción intelectual como una percepción de valor" [4]. La primera premisa que surgió
fue: los celos son subjetivos.
Evidentemente esta primera respuesta no es más que un inicio de discusión. Profundicemos
sobre esta noción y para ello podemos aclarar que los celos nacen en función
de una relación con otra persona. Tenemos entonces la segunda premisa: una relación con otra persona. Es importante remarcar que una relación es una forma de comunicación particular
de alguien con algo o alguien capaz de comunicar (consideremos esto como la
tercera premisa). Esta definición de relación, nos realza el concepto de
comunicación como fundamento de la relación. Pero al mismo tiempo nos deja
abierto el concepto de “con quién comunicamos”, pues los
interlocutores puede ser: reales, imaginarios y/o simbólicos.
Frente a una relación que consideramos privilegiada (por lo afectivo, por lo
erótico, por lo laboral, etc.), queremos acaparar las formas de comunicación.
Algo imposible, puesto que la diversidad de formas de comunicación (verbal,
gestual, posicional, etc.) y de los espacios de comunicación (laboral,
circunstancial, fraternal, maternal, filial, amorosa, etc.) nos impiden la
tarea [5]. Ahora bien, puede surgir frente a esa
incapacidad de acaparar (llamemos "inacaparabilidad del ser humano"),
la sensación de amenaza por creer que una forma de comunicación del otro con
una tercera persona puede privilegiarse en desmedro de la nuestra.
Esta sensación de amenaza es condición fundamental de los celos. Frente a
algo o alguien que es, lo sentimos o lo deseamos como nuestro, los celos son
una reacción frente a esa amenaza que se presenta frente a nuestro deseo. Sin
pretender ser muy exhaustivos, resumamos la idea diciendo que los celos se
basan en una experiencia pasada del individuo y que se manifiesta frente a un
estímulo presente y que se expresa como una amenaza a nuestro deseo. Es
decir:
§
Los celos son
patrimonio de lo imaginario,
§
El estimulo para
ellos puede ser simbólico,
§
La manifestación
es en el campo de lo real.
Los celos no se justifican en lo real, sino en lo
imaginario. Y es allí donde toma su valor más importante. Las sospechas, las
pruebas no implican celos. Implican duda y decisión personal frente a una
situación. O sea, los celos son una actitud frente al otro en una situación
en la que sentimos que está amenazada nuestra posición. A esa amenaza
imaginaria, necesitamos llevarla a un plano real y para hacerlo nos aferramos
a elementos concretos. Sin embargo los elementos concretos no justifican los
celos. Sino que lo transforman en comprobación. El adulterio, por ejemplo, no
puede motivar celos. Puesto que es una situación concreta donde se afectó la
fidelidad [6].
Por lo tanto, ¿podemos afirmar que ellos son una reacción personal y por lo
tanto se debe aprender a manejarla?. ¿Es así de simple? ¿El papel del otro
sería importante y fundamental, en la medida de apoyar con actitudes
concretas la no-aparición de los celos?
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UN
POCO DE LITERATURA: OTELO, EL MORO DE VENECIA ( THE TRAGEDY OF OTHELIO, THE
MOORE OF VENICE, C. 1604 [7]
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Es parte de nuestra cultura asociar ciertas
situaciones a grandes clásicos del arte que han sabido representar o
canalizar un concepto muy importante. El erotismo asociado al "Kama
Sutra", el amor a "Romeo y Julieta", el romanticismo a
"Cyrano de Bergerac", "Justine" a la perversión y los
celos a "Otelo, el Moro de Venecia".
Para refrescar un poco vuestra memoria, recordemos sucintamente que por la
acción de Yago, utilizando un pañuelo como elemento concreto, Otelo ve nacer
en sí mismo los celos sobre la bella Desdémona y por acción de los mismos,
llega a matarla, luego de agredirla, verbalmente, físicamente y socialmente.
Deteniéndonos en esta situación de escalada de violencia, podríamos
disculparnos diciendo que es raro que esto pase, casos aislados pueden darnos
la razón. Ahora bien, pensamos que llegar a la muerte es un caso excepcional,
pero que eso no invalida que antes se pueda pasar por varios tipos de
violencia. En tal sentido nos hemos preguntado si los celos pueden sindicarse
más que como signo de amor, como un síntoma de violencia.
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ALGUNAS
NOCIONES SOBRE LA VIOLENCIA, EL COMIENZO DE LA CUESTION
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El ataque a nuestro orgullo es lo que nos pone en
situaciones donde no somos capaces de frenar nuestra propia actitud frente al
otro [8]. Dentro de esa concepción el concepto de
violencia, abuso y agresión se separan y se mezclan. Uno y el otro van
aferrándose a sus propias realidades y diversos marcos conceptuales. Al mismo
tiempo la representación social de estos términos hace que se encuadren en
diversas situaciones, algunas no muy definidas. En lo físico se llega a un
consenso con más rapidez puesto que la prueba tangible está en la piel misma
en hechos objetivables y en muchos casos mensurables. Pero cuando lo físico
no está presente, la subjetividad toma lugar y al hacerlo queda claro que un
mismo comportamiento será percibido por algunos como violento, abusivo o
agresivo y por otros no. Este concepto fue estudiado, entre otros, por
Stein (1982), Raymond, Gillman y Donner (1978).
Esta situación de "subjetividad"
pone en evidencia un comportamiento muy común en el ser humano y que podemos
reconocer en nuestros propios actos: cuántas cosas perdonamos a algunos y no
a otros [9]. Esta violencia se da entre individuos y es una forma de comunicar [10]. Estos
tres elementos o premisas, que ya habíamos señalado anteriormente, son de un
valor primordial en el caso de la violencia, donde ciertos gestos,
comportamientos, situaciones, son naturalizadas por las personas a través del
influjo de una educación y un impacto sociocultural. Lo que ciertos autores
llaman violencia
estructural [11].
La violencia, como actitud hacia el otro, estuvo limitada a ciertos fenómenos
durante mucho tiempo. Por ejemplo, la guerra; cuando era corriente por ser
fruto de la modalidad de intercambio entre los pueblos, era una noción de
violencia colectiva aceptada o tolerada por estar regida por otros cánones
relacionados con la realidad circundante. Actualmente la violencia física
está en permanente y actualizada discusión y esto ha permitido que los otros
tipos de violencia se manifiesten y se expresen a través de los estudios y
los cuestionamientos sociales.
Decíamos que, cuando la violencia física deja de ser un problema de cada uno,
para transformarse en un cuestionamiento social, cuando la investigación la
aborda y los terapeutas de cada área comienzan a buscar soluciones a
problemas conexos a esta violencia; cuando los que se dedican a la
problemática social desde una perspectiva social, política y/o económica
comprenden el alcance de sus consecuencias, la violencia física comienza su
ciclo de denuncia y de problematización [12]
, es decir se instala en la sociedad en mayor o menor grado, se discute y se
condena. Eso permite que las otras formas de violencia se puedan mencionar
como fenómenos con valor de denuncia, es decir, los individuos reaccionan
frente a estas situaciones que antes estaban ocultas bajo el paño de la aceptación
silenciosa de situaciones vividas [13].
Antes de continuar definamos violencia en general para poder partir de un
concepto que nos permita avanzar. La violencia es "la utilización del poder [14]
, en cualquiera de las formas, sobre el otro en un contexto
determinado, que genera daño al otro; daño físico, psicológico,
social y/o espiritual, consciente o no, o que le priva de opciones en
desmedro de sus propios beneficios, coartando su opción de elegir. El no
consentimiento está presente tanto como resultado de la acción coercitiva
sobre el individuo para decidir por una opción entre las planteadas o
presentar opción única. Es decir, para el "violentado" no se
presentan opciones válidas, sea por el poder del otro, la influencia del
otro, las normas sociales y/o familiares que se ha recibido, o por el sistema
educativo de creencias, valores y conocimientos" [15].
Ahora bien la violencia que está en juego, en
nuestra investigación, es la violencia llamada psicológica, verbal o
emocional según los diversos autores consultados. Este tipo de violencia
tiene un elemento problemático cual es la reacción del individuo que muestra
a los demás, para muchos, como signo de una debilidad, por ello es creencia
fundamental del individuo el manejar la situación. Larouche (1978) dice que "la
agresión psicológica consiste en atacar directamente la estima de sí mismo de
la víctima".
En el siguiente cuadro vemos los indicadores de
las representaciones sociales de la violencia psicológica según los tres
constituyentes de una representación social [16]:
Revisando la literatura señalamos tres
investigaciones que ponen de manifiesto componentes de la violencia
psicológica:
Reafirmando nuestra concepción remarcamos la
importancia del texto de Catherine, Kirkwood: "Cómo separarse de pareja
abusadora", donde se explaya sobre testimonios que remarcan
estas características. Señalemos como fundamental que el hombre violento "suele
ser profunda y patológicamente celoso. Ansía la exclusividad, quiere ser el
primero y el único en la atención de su mujer" [20]. Creemos que esta afirmación es
que la que nos da definitivamente el punto de partida y la necesidad de
investigar los celos como actitud hacia el otro y sobre todo como
manifestación de una forma de intercomunicación hacia el otro.
De acuerdo a lo dicho, nos planteamos como
hipótesis de trabajo que los celos pueden ser una
forma de violencia psicológica. La
violencia psicológica es la puerta de entrada a otros tipos de
violencias u otro nivel de intensidad de esta misma violencia.
Es decir se persigue como objetivo constatar o desmitificar que los celos son
un comportamiento aceptable y deseable en una
relación de pareja, como prueba inequívoca de un sentimiento.
Para realizar este trabajo se confeccionó una
primera encuesta tipo piloto, la cual se realizó
entre un grupo reducido de 18 personas (9 varones y 9 mujeres) en un
colegio secundario de la ciudad de San Miguel de Tucumán, (Tucumán -
Argentina). A partir de las respuestas encontradas se seleccionaron
diferentes variables que sirvieron de base para
operativizar un cuestionario.
Este cuestionario fue utilizado para realizar la búsqueda de los datos en el
establecimiento escolar secundario, Instituto Cervantes (F63). de San Miguel
de Tucumán. En el mismo se realizó un total de 92 encuestas entre alumnos con
una edad entre 17-25 años. De los mismos 52 fueron varones y 40 mujeres. El
total de las preguntas fue 13 (trece) y fueron cerradas en la mayoría.
Discusión
Luego
de realizado este trabajo hemos constatado algunas limitaciones a nuestro
trabajo y de allí surgen unas propuestas potenciales a realizar en un futuro
próximo:
1.
Ciertas preguntas se prestaron a respuestas no claras, pues se hablaba en
cierta medida de los celos de uno de la pareja. Es decir se inclinaban sobre
todo a la visión de la mujer.
2.
Sería importante abordar una segunda población dentro de la franja de edad de
20 y 30 años para poder comparar resultados y sacar conclusiones más
importantes.
3.
Sería aconsejable realizar entrevistas abiertas para poder sacar algunas
conclusiones basadas en el "relato
biográfico".
Ahora
bien, encontramos algunos elementos a remarcar en nuestro análisis de los
resultados:
a. Que los celos son
considerados en un escaso 5 % de los varones y en ningún caso por las mujeres
como ejemplo de afecto.
b. La preocupación que generan los celos
está presente en la mayoría de las personas. Es importante remarcar que en
algunas encuestas se puso de manifiesto que por un lado decían que no era una
preocupación pero en las preguntas específicas todos respondían con elementos
de preocupación.
c. Creemos que la gran presencia de
"a veces" en la pregunta sobre la preocupación de los celos está
directamente relacionada con un sistema "sociocultural
de superación" sobre la esfera emotiva. Consideramos necesario
profundizar este punto en la continuación de esta investigación.
d. En las sensaciones durante la escena de
celos es importante subrayar que los varones sufren angustia y bronca; luego
de la escena, esa angustia se transforma en bronca y malestar. También
señalamos la gran preponderancia de bronca como reacción de la mujer y sobre
todo respuestas que dejan traslucir aun más la presencia de una situación de
violencia, como ser la impotencia, las ganas de llorar y la bronca.
e. En la pregunta nº 4 es notorio el
"a veces" como respuesta. 53.85 % para los varones y 42.50 % para
las mujeres. Creemos que esto está directamente imbricado en la parte
sociocultural, según nuestro análisis.
f. En la justificación posible de los
celos, notamos una presencia predominante de elementos subjetivos, que
obviamente condicionan las posibles discusiones al respecto (cambios de
conducta, comparaciones, coqueteos, falta de atención, etc.).
g. Es sumamente importante remarcar que el
"controlar" es el comportamiento más importante que se realiza para
expresarlos, tanto en varones (46.15 %) como en mujeres (72.50 %),
siguen como comportamientos las agresiones verbales, el gritar y el insultar [21]. Suman
estos tres en varones un 57.69 % y en mujeres un 35 % de la muestra.
h. La posibilidad de diálogo presente en
todos no dice mucho. Sería necesario aclarar la forma del dialogo al cual hacen
referencia. Dejamos la inquietud para profundizar en la segunda parte de esta
investigación.
i. En la pregunta nº 8 remarcamos la
presencia de la vergüenza y de la humillación como sensaciones que la persona
sufre y teme en un gran porcentaje de la muestra.
j. A nivel de causas de los celos surge
inexorablemente la visión subjetiva, (imaginación del otro, coqueteos, etc.).
k. Subrayamos que en nuestra muestra, la
relación con infidelidad está puesta en duda.
l. La pregunta sobre los límites es una
pregunta que no ofrece mucha información aunque algunas pistas. Creemos que
las respuestas son ambiguas en su conjunto. Por ejemplo, asociando en una
misma respuesta, "nada" con "violencia" u otra situación.
Remarcamos que los "celos patológicos" no fueron considerados por
los entrevistados.
m. Sobre los cambios realizados apuntan,
sobre todo, a la no discusión del tema con actitudes como: ocultar las
reacciones, no frecuentar personas, etc.
n. La necesidad está puesta de una manera caprichosa en la respuesta de la
muestra.
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CONCLUSIONES
Y PERCEPTIVAS
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Es importante señalar que la
naturalización de ciertas situaciones es uno de los temas más importantes a
tratar en la problemática de la sexualidad. Esta naturalización está muy arraigada
y asociada a sentimientos que son bien conceptuados en la sociedad:
maternidad, amor, sacrificio por el otro, por mencionar algunos.
En particular los celos son considerados, por algunos, como una manifestación
del amor: sólo
se tiene celos de lo que se ama y si no tienes celos es porque nunca amas. Esta ecuación, se expresa en muchas
conversaciones sobre celos. En nuestro primer análisis surge una paradoja muy
evidente, cual es el conjunto de situaciones no placenteras que generan los
celos (bronca, malestar, violencia, etc.) y al mismo tiempo una serie de
reacciones comportamentales y/o verbales en relación a la situación que
generan los celos (reprimir comentarios, separarse de amigos/as, no
frecuentar ciertos sitios, cambios en la apariencia, etc.); estas dos
situaciones están lejos de ser una expresión y medida de un sentimiento como
es el amor.
Los celos como tal responden a la intención de “propiedad”, entendida como la
noción de sentirse dueño, responsable de algo. Y la convicción de tener una
forma privilegiada de relacionarse con el otro. La amenaza de esa “propiedad”
y o “privilegio” genera en uno una inquietud, que según el carácter y las
posibilidades van a expresarse de diferente forma. Pero que intenta limitar
al otro, por más que no siempre se exteriorice. Lo que pretenden los celos es
tener una relación semejante a la que el otro tiene con otra persona,
independiente de la relación que uno tenga.
Esta expresión que el medio, uno mismo y la relación permiten, es lo que se
entiende como celos. Es decir una expresión de una situación cultural y
social relacionada con la noción de pareja y de exclusividad (relacionadas
directamente con el concepto de propiedad). Los celos surgen como un intento
de confrontar a la inestabilidad posible de una relación que uno considera
“segura”.
El problema surge, según nuestra encuesta, por la asociación directa que
existe entre lo que producen los celos en las personas y lo que se asocia en
otros trabajos como características propias de la violencia psicológica.
Creemos que es necesario insistir sobre esta relación procurando
"desnaturalizar" la concepción de los celos como recurso válido
para luchar contra la violencia.
Esto implica considerar seriamente un sistema educativo que contemple la
educación sexual, no como un simple modelo de información sobre prácticas del
sexo y sus potenciales consecuencias, sino como "un modelo explicativo de la
sexualidad humana crítico, abierto y en continuo proceso de
transformación" [22]. Es por allí donde el desafío se hace
necesidad [23]. La educación sexual es la única
que puede generar los cambios pues permitiría que ellos sean propuestos “de tal manera
que ellos puedan tener sentido para las personas e insertarse en su propio
medio social, cultural y económico” [24]. Tal vez
así, desarrollemos generaciones donde la violencia desde lo subliminal o
cualquiera de ellas sean resabios de una sociedad arcaica y donde seamos
gestores de la tarea sorprendente de buscar en la confianza, en la sinceridad
y en la apertura al "otro" una medida más clara y fundamental para
el amor.
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[1] Licenciada en Psicología. Docente
[2] Investigador de la Universidad
Católica de Lovaina y de la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino.
Dirección Laprida 887. San Miguel de Tucumán (4000) Argentina.
[3] La distinción entre sentimiento, emoción y estado de ánimo
es un tema crucial en el estudio de los afectos. Diversos autores lo
han considerado en sus publicaciones. Por cuestión de alcance de este
trabajo, remitimos a otras lecturas. Por ej. Tratado de las pasiones
(Santo Tomás de Aquino), Compendio de Psiquiatría de Seba Díaz., etc.
[4] citado por BÉLA SZÉKELY, L.C. (1983). Diccionario
de psicología general y aplicada. Tomo II. Editorial Claridad: Argentina.
Pg. 244.
[5] Remontándonos al mito de la esfera puesto
en boca de Aristofanes en el Banquete por Platón, sería el deseo
de una unidad con el otro ser de manera de no necesitar nada de nadie
más y no ser necesario otra cosa
[6] Queda para una próxima futura discusión
el concepto de fidelidad en la interrelación de los individuos.
[7] SHAKESPEARE, W. Teatro Completo. Tomo
I. Otelo, el Moro de Venecia. El ateneo: Buenos Aires. Edición de
1953.
[8] Los psicoanalistas dirán que es la "estructura
narcisística del sujeto". STEICHEN, R. (1990). La envidia y los
celos: Lectura psicoanalítica en referencia al campo de la mirada. Boletín
de la Sociedad Franco-peruana de psiquiatría, nº1 pp 7-13.
[9] Esto se plantea claramente en el acoso
sexual. Para una misma persona, un gesto puede ser de acoso o de galantería,
una actitud puede ser, según la persona, un acto de "caballerosidad"
o de "machismo", sin entrar en la noción misma de cada acto,
sino en la percepción del receptor. Es decir, no se cuestiona la ideología
remanente en el gesto, tema de otro trabajo, sino la percepción del
sujeto.
[10] "La comunicación es un intento de
expresar de un modo u otro nuestra representación de una situación,
motivada por nuestra percepción de una realidad determinada en relación
a un esquema de símbolos que traducimos en función de un imaginario
asumido como personal". VIOLA, F. (1998). "Estudiar el sexo
y/o estudiar la sexualidad. La "sexualogía": la búsqueda de
una identidad". Presentado en el IX Congreso Latinoamericano de
Sexología y Educación Sexual. México.
[11] LARRAIN, S. & RODRIGUEZ, T. en ORGANIZACIÓN
PANAMERICANA DE LA SALUD. 1993). Género, mujer y Salud en las Américas.
OPS: Washington.
[12] La problematización no es un problema
menor, remito a la obra de Julia Kristeva
[13] Existen dos requisitos claves en
consecución de un modelo preventivo, según Mabel Burin e Irene Meler:
que "la conducta violenta sea percibida como tal y, por otra parte,
que esa conducta merezca una sanción grupal, como respuesta de castigo
social o de repudio hacia quienes la ejercen". BURIN, M. &
MELER, I. 81998). Género y familia. Poder, amor y sexualidad en la construcción
de la sexualidad. Paidós: Buenos Aires. Pag. 399
[14] El poder es un término que también tiene
una serie de definiciones, lo tomemos en la definición clásica de Connell
(1987) en su obra Gender and Power, el poder implica el análisis de
cómo se toman las decisiones, quien las toma y qué tipo de decisiones
y si las toma con autoridad o de forma legítima. (citado por BARRAGÁN
MEDERO, F. y de la CRUZ LÓPEZ, J. M. "Violencia, género y sexualidad".
[15] VIOLA, F. (2000). La sexualidad: necesidad, importancia y alcance como visión
integral de ser humano. Conferencia en encuentro organizado por
Defensoría del pueblo de Tucumán.
[16] Extraído de OUELLET, F., LINDSAY, J., CLEMENT,
M. Y BEAUDOIN, G. (1996). La violence psichologique entre conjoints.
Tome I, Ses represéntacions selon le genre. Collection Etudes et
analyses, N° 3. CRI.VIFF. pg. 38.
[17] GANLEY, A. L. (1981). Court-Mandated Counseling
for Men who batter: A three-day Workshop for Mental Health Professionals
- Participants Manuel. Center for Women's Policy Studies: Washington
DC.
[18] WALKER, L.E. (1979). The Battered Women.
Harper and Row publishers: New York.
[19] WALKER, L.E. (1984) The Battered Woman
Syndorme. Springer
Publishing Company: New York.
[20] DEFENSOR DEL PUEBLO. (1998). Informes,
estudios y documentos: La violencia doméstica contra las mujeres.
Closas-Orcoyen, S.L.: Madrid. Pg 113.
[21] Esta separación entre tres situaciones
relacionadas con agresión verbal surgen de la encuesta piloto. Nos pareció
importante mantener esa distinción.
[22] BARRAGÁN MEDERO, F. (1996). Niñas,
niños, maestros, maestras: una propuesta de educación sexual. Diada
Editoras: Sevilla.
[23] La educación sexual, pasa por el mismo
inconveniente que el trabajo interdisciplinario, el pluralismo, la democracia.
Creemos que son valores innatos y por ello no nos desafiamos a aprender
de ello y por lo tanto queda relegado al buen entender de las personas.
Remito al lector al trabajo: La educación sexual: paradoja de una necesidad
postergada. VIOLA, F. (1999).
[24] Alocución del director General de la OMS
delante de la comisión mundial de la OMS para la Salud de la mujer.
12 de abril de 1994. Extracto de una declaración sobre la mutilación
femenina.
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