LOS NUEVOS ANTIDEPRESIVOS Y LAS DISFUNSIONES SEXUALES


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Los distintos antidepresivos, a lo largo de su desarrollo, han presentado efectos secundarios en el área sexual. En cuanto a los tricíclicos es sabido que producen dificultades erectivas, alteraciones en la fase del orgasmo —en ambos sexos— y en la eyaculación: retardándolas en algunos casos o produciendo una verdadera anorgasmia y aneyaculación; además de sus efectos indirectos o colaterales sobre la vida sexual (aumento de peso, boca seca, irregularidades menstruales). Los IMAO también producen efectos en la vida sexual como disfunciones del deseo y erectivas, inhibición orgásmica y eyaculación retardada.

Las disfunciones sexuales debidas al empleo de los IRSS son relativamente comunes y han sido motivo de amplios debates en el 149th Annual Meeting (1996, Nueva York) y en el 150th Annual Meeting (1997, San Diego) de la Asociación Americana de Psiquiatría, en el X Congreso Mundial de Psiquiatría (1996, Madrid) y en el XIII Congreso Mundial de Sexología (1997, Valencia).

La aparición de disfunciones sexuales puede llevar a la no aceptación (non compliance) del antidepresivo, a la deserción del tratamiento y a recaídas posteriores. Pacientes medicados con distintos fármacos de la serie consultan por retardo orgásmico (en ambos sexos) y disminución de la libido, menor satisfacción orgásmica, disfunciones erectivas y menor lubricación vaginal.Esto puede verse agravado por historias previas de disfunciones sexuales y los entrevistadores deberían tomar una pormenorizada historia sexual de los mismos antes de iniciar el tratamiento.

Si un paciente refiere aneyaculación, eyaculación retardada, anorgasmia o disfunciones erectivas, habría que evaluar si no sería conveniente usar otro fármaco (mianserina, trazodone, fluvoxamina o mirtazapina) que no produjera esos efectos. Es relevante evaluar cuidadosamente la función sexual previa al tratamiento con un interrogatorio dirigido y preciso. Si el vínculo con el profesional lo permite, habría que indagar sobre la libido, lubricación (disminuida marcadamente en las mujeres menopáusicas), la respuesta erectiva y orgásmica/eyaculatoria. También sabemos que disfunciones sexuales debidas a cuadros depresivos o fóbicos mejoran a veces con la medicación correspondiente, de allí que sea necesaria una evaluación del estado sexual previo al uso de los antidepresivos de cualquiera de las series.

Balon propone tres interrogantes:

1) ¿Es la disfunción un síntoma de un desorden mental?

2) ¿Es secundario a la medicación psicotrópica, a otra sustancia o fármaco, a la combinación de agentes, a otro problema (por ejemplo: dispareunia)?

3) ¿Es primario el problema sexual?

En general en nuestra experiencia, coincidente con varios autores, los IRSS producen retardo en el orgasmo, menor calidad del mismo o aneyaculación, que no se recupera luego de tres o más meses de tratamiento, pero las dificultades de la lubricación vaginal y de la erección van mejorando luego de una leve declinación. La paroxetina y la sertralina producirían más disfunciones que la fluoxetina, la fluvoxamina o el nefazodone.

Se detectan disfunciones en un 55% cuando el médico pregunta directamente, contra el 2–7% de referencias espontáneas; un 25% no tolera la irrupción de estos síntomas. Los pacientes no siempre le refieren al profesional la aparición de la disfunción ni la suspensión de la medicación debido a estos inconvenientes sexuales. Es pertinente destacar que muchos pacientes se quejan de que sus psiquiatras minimizan o consideran irrelevante la aparición de disfunciones sexuales con el argumento de que "lo único que importa es resolver el cuadro psiquiátrico", cuando la irrupción de las mismas puede agravar el cuadro o llevarlos al abandono del fármaco.

En las mujeres podemos decir que algunos investigadores, en un trabajo presentado en Nueva York, hallaron problemas en la etapa de excitación en un 88% de las mujeres deprimidas, índice que disminuía a 54% luego de seis semanas de tratamiento con un IRSS. Un 57% de las mujeres reportaban disfunción orgásmica antes del tratamiento comparado con un 64% después del mismo. De lo cual discernían que las disfunciones en las etapas de excitación y orgásmica eran manifestaciones del cuadro depresivo no tratado. Asimismo el aumento de la disfunción orgásmica por uso de IRSS no era tan marcado como podía verse en los varones. Otros vieron que bajo tratamiento con IRSS un 45% de las mujeres experimentaron disfunciones sexuales, por lo que aconsejaban a los profesionales tratantes prestarle especial atención a este problema en la población femenina.

Las investigaciones hechas con animales nos indican que la serotonina tiene un efecto inhibitorio en la función sexual, mientras que la dopamina es generalmente estimulante; debido a su acción recíproca se supone que los efectos sexuales adversos ocurren por un desbalance serotonina-dopamina más que por el descenso o ascenso de un solo neurotransmisor. Tanto la serotonina como la regulación de la misma pueden tener que ver con la aparición de estos síntomas y de otros como ansiedad, insomnio, náuseas y diarreas; se deberían al aumento de la acción serotonínica en el SNC y estarían mediados por los receptores 5-HT2 y 5-HT3.

 La mirtazapina es una nueva clase de antidepresivo de la familia NaSSA (noradrenergic and serotonergic selective antidepressant) que actúa a través de la estimulación de los receptores 5-HT1A, aumentando la transmisión noradrenérgica por bloqueo de los receptores alfa2 adrenérgicos, a la vez que bloquea selectivamente los receptores 5-HT2, 5-HT3 y al 5-HT2c, lo que lo libra de algunos de estos efectos.

Los típicos síntomas adversos de los IRSS debidos a la activación de los receptores 5HT3 como náuseas, diarrea o flatulencia, y los consecuentes a la activación de los receptores 5HT2 como ansiedad, agitación, insomnio y síntomas de disfunción sexual (aneyaculación, anorgasmia, disminución de la libido) fueron registrados en menor proporción en pacientes tratados con mirtazapina que los tratados con placebo, hecho que se explica por el bloqueo selectivo de estos receptores.

En un estudio con 787 pacientes se observó que no había diferencias estadísticamente significativas entre placebo y mirtazapina en relación con los síntomas habituales que dan los IRSS; sólo dos síntomas típicos de disfunción sexual fueron registrados durante el uso de la mirtazapina: disminución de la libido en varones con menor incidencia que el grupo placebo (4% vs. 7%) y libido disminuida en mujeres con igual incidencia que el grupo placebo (4% vs. 4%).

Los IRSS, incluso la clomipramina y los IMAO, traen aparejado un aumento de la prolactina que, al igual que con los antipsicóticos, suelen producir disminución de la libido y de la capacidad erectiva, en menor grado ginecomastia, galactorrea y dispareunia. Creo que podría existir un doble mecanismo de inhibición por el aumento de la serotonina y de la prolactina. De allí que muchos han propugnado el agregado de bromocriptina para el tratamiento de las amenorreas o de disfunciones erectivas secundarias al uso de psicotrópicos, aunque debido al riesgo de reacciones adversas o reagravamiento de síntomas psiquiátricos habría que ser cauteloso en cuanto a su uso. En mi experiencia es muy alta la aparición de trastornos gastrointestinales severos, irritabilidad, mareos y excitación para que se prescriba bromocriptina como coadyuvante en tratamientos con antidepresivos de forma regular y frecuente.

Habría que consignar que los antidepresivos tricíclicos producen cuadros marcados de disfunciones erectivas (impotencia) y de retardo orgásmico o aneyaculación. Debido a su efecto anticolinérgico pueden producir problemas urinarios y prostáticos (retención urinaria). En este sentido la clomipramina y en menor grado la imipramina, tienen un efecto de franco retardo del reflejo eyaculatorio, por lo cual a veces, al igual que la fluoxetina o la paroxetina.

BASES PARA EL TRATAMIENTO DE LAS DISFUNCIONES SEXUALES PRODUCIDAS POR LOS ANTIDEPRESIVOS

Debido al incremento de la aparición de distintos grados de disfunciones sexuales con el uso de los IRSS que, según últimas estimaciones, aquejarían de un 30 a 40% de los pacientes tratados con esos fármacos, y dado que las remisiones espontáneas pueden ocurrir, aunque lo más frecuente es que se agraven por el componente emocional y situacional agregado (miedo al fracaso, ansiedad por el rendimiento, evitación de los encuentros), es que se proponen distintos recursos y abordajes:

1) Esperar por la remisión espontánea: si bien se han observado remisiones espontáneas, se corre el riesgo de agravamiento de la disfunción por los factores situacionales agregados (ansiedad, anticipación del fracaso, autoexigencias, conflictos de pareja).

2) Reducción de la dosis: uno de los primeros recursos es conseguir el efecto terapéutico aconsejable con la mínima dosis posible, disminuyéndola hasta la menor dosis con acción antidepresiva eficaz.

3) Dosificación discontinua (drug holidays): algunos autores aconsejan discontinuar después de la dosis del jueves a la mañana y reiniciar el domingo al mediodía. Especialmente con sertralina, venlafaxina (IRSN) y paroxetina, debido a su corta vida media.

Otros autores desaconsejan esta estrategia, dado que podrían exacerbar los síntomas depresivos, como en el caso de la paroxetina, pues puede haber reactivación sintomática luego de dos días de suspensión del medicamento; por otro lado sostienen que incentivaría la no aceptación del fármaco y la recaída.

Con fluvoxamina y fluoxetina —con vida media más larga— en aquellos pacientes con disfunciones inducidas por IRSS, la suspensión temporaria mejoraría la función sexual sin un empeoramiento de los síntomas depresivos.

4) Agregado de un antidepresivo que actúe como "antídoto": algunos han propuesto el agregado de 75 mg de bupropion; otros de un antagonista 5HT2a/2c y alfa2, como la mianserina, en dosis de 15 mg.

5) Medicación coadyuvante:

a) La yohimbina es un alcaloide indólico hallado en la corteza de árboles de la familia Rubaceae (Pausinystalia yohimbe) y en la Rauwolfia Serpentina. Es antagonista de los receptores presinápticos alfa2 adrenérgicos; por el bloqueo de esos receptores a nivel central aumenta la liberación de noradrenalina y el "disparo" (firing rate) de las células en los núcleos noradrenérgicos del cerebro. Otros suponen además una acción en los receptores alfa adrenérgicos en los tejidos de los cuerpos cavernosos. La actividad eréctil del varón se conecta con la actividad colinérgica y con el bloqueo alfa2 adrenérgico, lo que teóricamente resulta en un incremento del ingreso sanguíneo en el pene, en la disminución del retorno venoso o en ambos mecanismos. En dosis de 10 a 15 mg por día (aunque hay quien ha llegado a suministrar de 40 a 60 mg), con una latencia para lograr una mejora en los síntomas entre dos a tres semanas, puede mejorar las erecciones, más que la libido, en algunos pacientes tratados con IRSS. También se aconseja, para revertir los posibles trastornos orgásmicos, una dosis de 5 mg de yohimbina 1 a 2 horas antes del coito en pacientes tratados con fluoxetina. Es más pronunciada la mejora de la libido en varones que en mujeres, y algunos la desaconsejan en éstas; pero ciertos reportes (Jacobsen, 1991, 1992) hablan de efectos beneficiosos con el agregado de yohimbina en mujeres tratadas con fluoxetina. No modificó los ratings de depresión ni dio alteración del sueño, aunque habría que conocer el aumento de la tensión arterial y la aparición de temblores, inquietud o ataques de pánico —en quienes los padecen— como efectos adversos.

b) La amantadina, buspirona, bromocriptina (se dan 2,5 a 5 mg x día cuando los síntomas disfuncionales coexisten con hiperprolactinemia), metilfenidato, dexedrina, pseudoefedrina.Es de aclarar que en nuestro medio algunas de estas drogas no están disponibles o son poco usadas en las disfunciones producidas por los antidepresivos.

c) La pemolina, en dosis de 50 mg, puede aumentar la libido y la respuesta orgásmica.

d) Algunos productos de los llamados "venta libre" (OTC: "over-the-counter") como la ginkgo biloba, que mejoraría las disfunciones debido a sus componentes activos (ginkgoloides). La ginkgo biloba, que se extrae de la corteza de un árbol oriundo de China, aumentaría el flujo vascular genital por inhibición del factor de agregación plaquetaria, cambios en las actividad de los receptores centrales de la serotonina y la norepinefrina, y aumento de los niveles de prostaglandina; lo que podría plantear su uso en las disfunciones erectivas en general. Se utilizan dosis entre 40–60 mg dos veces por día.

e) También se han preconizado la cafeína y el ginseng, larga y popularmente usado como tónico y estimulante de la respuesta sexual del varón, aunque pareciera poseer un cierto poder estrogénico, lo que lo haría desaconsejable para ciertos pacientes.

f) Se ha propuesto la ciproheptadina, que es un antihistamínico, sobre todo en los tratamientos con la fluoxetina. Pero debido a que produce un aumento del apetito y del peso corporal, no es muy bien tolerada. Incluso se han reportado recidivas de los síntomas depresivos y obsesivo-compulsivos en algunos sujetos, lo que restringiría su uso.

6) Suministro de información: suministrar material de lectura o discutir con el paciente sobre la posibilidad de irrupción de dificultades sexuales y cómo manejarse en el caso de que ocurran, o señalar específicamente las opciones terapéuticas cuando aparecen las disfunciones.

7) Cambio de medicación (switch): en este caso se contempla la conveniencia del reemplazo por otra medicación antidepresiva sin los marcados efectos negativos en la sexualidad. Una de las posibilidades es comenzar con mianserina 30 mg por día o con mirtazapina 15 mg por día y luego ir aumentando progresivamente. Otras eventualidades de substitución son el trazodone, comenzando con 25 mg, y la fluvoxamina.

8) Breve Terapia Sexual: hasta 10 sesiones. Nos referimos a una psicoterapia sexológica focalizada, de objetivos limitados y planificados, de resolución sintomática.

9) Inyecciones intracavernosas con alprostadil: esta indicación sólo se puede utilizar en las disfunciones erectivas, producidas por psicofármacos o no, refractarias a toda otra terapéutica. En general se obtiene buena respuesta con dosis de 2,5 a 20 microgramos de alprostadil por vía intracavernosa, titulando muy bien la cantidad de droga a emplear debido al riesgo de priapismo, aunque con este fármaco la incidencia de este efecto secundario es sensiblemente menor que con papaverina y/o fentolamina.

10) Nueva medicación oral (sildenafil) para disfunciones erectivas:se está ensayando una droga llamada "sildenafil", que inhibe la fosfodiesterasa específica tipo V cicloguanosina monofosfato (cGMP), isoenzima predominante en el cuerpo cavernoso; relajaría el músculo cavernoso, mediado por el óxido nítrico, permitiendo el aumento de la irrigación sanguínea. Los trabajos preliminares afirman que la tumescencia peneana aparece unos 40 minutos luego de una dosis oral única (de 10 mg, 25 mg y 50 mg) de sildenafil, con resultados satisfactorios que van de un 65% al 88% de los varones estudiados. Otros investigadores han llegado a usar hasta 100 mg y en un estudio con 205 pacientes concluyeron que era un efectivo tratamiento para la disfunción eréctil, reportando que en la mayoría de los pacientes desaparecía el efecto cuando el sildenafil era discontinuado.

USO DE LOS ANTIDEPRESIVOS EN SEXOLOGIA

El uso de los IRSS y de otros antidepresivos, en el marco de las terapias sexuales o de psicoterapias tradicionales, puede ser beneficioso en los siguientes cuadros:

– Fobias sexuales y sociales,

– Vaginismo,

– Matrimonio no consumado,

– Eyaculación precoz,

– Ataques de pánico con repercusión en la esfera sexual,

– Trastorno obsesivo-compulsivo (TOC) y parafilias.

En las fobias, desórdenes de pánico y TOC que presenten alteraciones en la función o en las conductas sexuales (en este caso también se intenta su uso en las parafilias), se pueden indicar los IRSS (o la clomipramina en algunos casos) y ahora los NaSSA (noradrenergic and serotonergic selective antidepressant), dentro de los lineamientos que correspondan para esos cuadros, combinando o no con benzodiazepinas. En los casos puntuales del vaginismo y el matrimonio no consumado pueden existir distintos abordajes según se planteen los plazos del contrato terapéutico: puede ser un tratamiento medicamentoso combinado con Terapia Sexual durante tres meses o medicar —cuando en ambos casos sea indispensable— durante 15 a 30 días y luego realizar todo el plan de tratamiento intensivo en uno o dos días. En disfunciones erectivas se podrá intentar con un antidepresivo de otra serie diferente, como el trazodone, que bloquea los receptores periféricos alfa1 adrenérgicos tanto como los 5HT2 y posee un cierto efecto dopaminérgico; en dosis de 50–100 mg por día, a veces asociado con 15 mg de yohimbina. El trazodone aumentaría el deseo (en ambos sexos) y facilitaría la respuesta erectiva;(1, 16) si bien se describe como efecto secundario severo la aparición de priapismo usualmente en los primeros 28 días, incluso con dosis menores a 150 mg por día,(1, 16) nosotros no hemos detectado la aparición de este síntoma adverso. También se ha preconizado, para lograr la erección en pacientes disfuncionales, el suministro de una dosis que varía entre los 200 a 350 mg de trazodone ingerida de 1 a 4 horas antes del encuentro sexual,(1, 16, 26) hecho del cual carecemos de experiencia y tenemos nuestras reservas, sobre todo conociendo los efectos sedantes de este fármaco.

En la eyaculación precoz se pueden usar los IRSS, especialmente en aquellos donde es casi a porta y eso le impide la penetración, o cuando es difícil o improbable llevar a cabo un tratamiento de Terapia Sexual planificada por motivos diversos: distancia, negativa del paciente a realizarla, bajo nivel de insight. Particularmente quiero dejar sentado que en la eyaculación precoz las dosis que utilizamos en nuestro Centro Médico Sexológico son menores a las indicadas en los ataques de pánico o en las depresiones. En general no pasamos de 10–20 mg de fluoxetina, 50–100 de sertralina o paroxetina, o 25–50 mg de un tricíclico como la clormipramina, preferentemente en el rango menor; sin olvidar, y éste es un hecho que siempre destaco, que se están usando además por sus efectos secundarios. Y siempre tratamos de suspenderlos en forma gradual cuando se dan por terminado los tratamientos sexológicos que, como es conocido, suelen ser breves.

CONCLUSIONES

Los antidepresivos (tricíclicos, IMAO, IRSS) inhiben frecuentemente la función sexual, hecho que no siempre se tenía en cuenta. A partir de nuestra experiencia clínica y de las investigaciones emanadas de la psiquiatría y de la sexología, hemos observado distintos grados de disfunciones sexuales que ocurren, en ambos sexos, en las etapas del deseo, excitación, orgasmo y resolución. Un mejor relevamiento de los datos de la historia sexual del paciente nos permite evitar o disminuir la aparición de estos efectos adversos.

Asimismo contamos con distintos recursos, como los citados en este trabajo, para contrarrestar los efectos secundarios cuando aparecen o usar nuevas medicaciones antidepresivas con mínima o nula acción en la sexualidad. Un hecho positivo es el uso de algunos IRSS en los tratamientos de la eyaculación precoz y de las fobias sexuales, combinados con las Terapias Sexuales.

Los psiquiatras y sexólogos pueden jugar un rol importante tanto en la labor asistencial directa como en el asesoramiento a otros médicos, y educando a los pacientes y público en general sobre los avances recientes relacionados con las disfunciones sexuales debidas al uso de psicofármacos.

Referencias Bibliograficas: Adaptación del articulo: “Los nuevos antidepresivos y las disfunciones sexuales”-Autor: Dr. Adrian Sapetti. Publicado en la Revista de Psiquiatria Forense, Sexología y Praxis. Órgano de difusión de la Asociación Argentina de Psiquiatras (AAP).